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Crítica: La piel que habito

El director Pedro Almodóvar regresa a la pantalla con una extravagante historia de lujuria, amor y locura.

'La piel que habito'

Foto por: Sony Pictures Classics

Elena Anaya (izquierda) y Pedro Almodóvar en el set de La piel que habito.

In English | "Llevo la locura en mis entrañas", dice uno de los personajes en La piel que habito, la más reciente realización del director español Pedro Almodóvar, y esa frase describe a la perfección esta película absolutamente loca, sumamente estilizada y fascinante.

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Una alocada combinación de surrealismo, jolgorio sexual y trama de películas de terror —es como si un autor de cine arte hubiera filmado la continuación de Saw con escenas de sexo explícito— La piel que habito es protagonizada por Antonio Banderas como el Dr. Robert Ledgard, un eminente cirujano plástico cuya esposa e hija mueren en circunstancias distintas, aunque igualmente extrañas. Para compensar su pérdida, el médico empieza a hacer algunos experimentos quirúrgicos innovadores, pero absolutamente carentes de ética que, finalmente, llevan a una serie de tragedias para nada inesperadas.

Basada en la novela Tarántula, del escritor francés Thierry Jonquet, la película de Almodóvar toma aspectos de la leyenda de Frankenstein, de la mentalidad surrealista de Luis Buñuel y del filme francés de 1960 Los ojos sin rostro, en el que un cirujano rapta a jóvenes mujeres para injertar sus caras en el cuerpo de su hija, que resultó desfigurada en un accidente automovilístico. Sin embargo, el resultado final es puro "Pedro": filmada con exuberancia, visualmente estimulante e imbuida de una pervertida sexualidad, es su particular manera de discutir las conductas obsesivas y sus consecuencias no deseadas.

En realidad, si no fuera por el singular talento de Almodóvar, La piel que habito sería totalmente ridícula. Cualquier película que incluya a un ladrón de joyas disfrazado de leopardo, un ama de llaves con secretos muy oscuros y suficientes cambios de estilo como para hacer otra media docena de películas, dista de ser una producción fácil de llevar adelante. Pero el maestro español, reconocido por sus recargados melodramas, muestra confianza en el material, aun cuando cae en la extravagancia absoluta.

También lo ayuda enormemente su elenco, en especial Banderas. Exquisitamente guapo aunque muy escalofriante, su Dr. Ledgard es un psicótico obsesivo de apariencia normal, pero dispuesto a cometer todo tipo de delitos para alcanzar sus objetivos. Es una interpretación espeluznantemente digna de verse, complementada por el trabajo de Elena Anaya como Vera Cruz (sí, así se llama el personaje), una belleza de ojos grandes y aspecto inocente que es el objeto de los deseos patológicos de Ledgard.

Definitivamente, La piel que habito (clasificación R) no es para cualquiera, pero más allá de que le guste o no, es todo un espectáculo.

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