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Crítica: 'The Hunger Games'

Adaptación cinematográfica de ciencia ficción aborda el interés del público por los “reality shows”.

Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) es la protagonista en Los juegos del hambre.

Foto por: Cortesía de Paramount Pictures

En la película Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) se ofrece a ocupar el lugar de su hermana menor en un programa de televisión que se centra en una lucha hasta la muerte.

   
Director: Gary Ross
Clasificación: PG-13 Duración: 142 minutes
Protagonistas: Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Liam Hemsworth

In English | Aunque no haya leído The Hunger Games (Los juegos del hambre) el primer volumen de la trilogía de Suzanne Collins, usted disfrutará esta película. Y si bien la película y el libro están dirigidos a un público adolescente que sigue la serie Twilight (Crepúsculo), en esta película hay abundante material para los adultos, como por ejemplo las observaciones —intencionales o no— de Collins y del director Gary Ross (Seabiscuit) respecto a la violencia, la guerra, las maneras de entretenimiento moderno y la creciente división de clases dentro de la sociedad.

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The Hunger Games está ambientada en una Norteamérica futurista que ha sobrevivido guerras y un cuasi apocalipsis. Lo que quedó es una nación —llamada Panem— gobernada por un Capitolio dictatorial y enclavada en las Montañas Rocallosas de Colorado donde abunda la riqueza o, mejor dicho, la gula. El resto de la tierra está dividida en 12 distritos que satisfacen las necesidades del Capitolio. Los residentes de los distritos viven bajo la represión y la intimidación del Capitolio, en gran parte mediante los “Juegos de hambre”,un castigo por la rebelión popular que ocurrió 74 años atrás. Todos los años, en Reaping Day (Día de la Cosecha), seleccionan a un jovencito y una jovencita de cada distrito, por lotería o porque se ofrecen voluntariamente, y los obligan a protagonizar una lucha televisada de la que sólo uno saldrá con vida. Es un "reality show" macabro, que les encanta a los residentes del Capitolio.

La heroína es Katniss Everdeen, una joven de 16 años del Distrito 12 (una zona minera), quien se ofrece a reemplazar a su hermana menor a quien adora. La muy talentosa Jennifer Lawrence (de Winter's Bone) cae bien en el papel, y es ella la que saca adelante la película. Su compañero de lucha (e interés romántico) del Distrito 12 es Peeta Mellark, interpretado por Josh Hutcherson (de The Kids Are All Right o Los chicos están bien, en español). No hay mucha química entre Lawrence y Hutcherson, probablemente porque la intención es agudizarla en los capítulos que faltan. Por otra parte, Woody Harrelson ofrece un retrato fascinante en el papel de Haymitch Abernathy, el borracho, ganador —hace años— de los Hunger Games y ahora mentor de Katniss. Igualmente están Stanley Tucci en el papel de Caesar Flickerman, quien entrevista a los concursantes al estilo de Geraldo Rivera, y Donald Sutherland como el presidente Coriolanus Snow, el gobernante insensible y déspota de Panem.

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Se aprecia mejor la cinematografía de The Hunger Games cuando se la ve en Imax: el paisaje de los distritos se ve lúgubre y descarnado como era la intensión, en cambio el Capitolio es mágicamente surrealista. Me pareció que las tomas, del Distrito 12 y del área de los juegos, realizadas con cámara manual, son temblorosas y marean; además son totalmente innecesarias, ya que los otros elementos de la película se combinan para crear suficiente tensión y drama. El director comunica excepcionalmente bien el horror de los juegos y al mismo tiempo limita, hasta cierto punto, la violencia explícita en la pantalla. Sin darnos en la cabeza con ellos, al estilo Avatar, Ross también emplea ingeniosos trucos tecnológicos del siglo XXI, como cuando los directores del juego —con sólo tocar una pantalla— lanzan a los jugadores (a los que llaman tributos) bolas de fuego y bestias holográficas que se parecen a tigres. Igualmente admirable es el guión de Ross, elaborado con la ayuda de Suzanne Collins y el guionista Billy Ray (State of Play o La sombra del poder, en español), y también la adaptación del diálogo que hacen los actores para reproducir acertadamente la fascinación que tiene nuestra cultura con la televisión centrada en el entretenimiento y los “reality shows”.

Por medio de esos elementos, Collins y Ross comunican con claridad sus mensajes con respecto a la cultura de nuestros tiempos, que vive obsesionada con el entretenimiento y las celebridades. Pero lo que más me gustó de la película fue el mensaje de fondo que habla de la guerra autorizada por el estado y el efecto que tiene en los jóvenes que se alistan, voluntaria o involuntariamente. En medio de una guerra totalmente ilógica e inhumana, los tributos hablan repetidamente de su deseo de “enorgullecer” a su distrito. Pero el que mire atentamente The Hunger Games se dará cuenta que finalmente ese objetivo resulta ser vacío, para ellos y para el público.

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