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Informe de AARP: Casi el 40% de los hispanos que cuidan de un ser querido son milénicos

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Dustin Hoffman se ubica detrás de cámara

Con 'El cuarteto', el actor enfrenta a sus demonios y celebra el envejecimiento.

In English | Una de las lecciones claves de la vida, afirma Dustin Hoffman, es que el pasado no nos abandona. “Allí están nuestros traumas, y nos afectan”.

Y así es como los traumas de este actor dos veces ganador del Premio de la Academia –traumas que incluyen cantidad de rechazos antes de llegar a su trascendental interpretación de Benjamin Braddock en The Graduate (El graduado), allá por 1967– perduran cerca de la superficie.

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Dustin Hoffman

Foto: Management+Artists

Dustin Hoffman ha agregado "director" a su larga lista de logros.

Ellos son la causa de que, después de casi 50 años frente a la cámara, a Hoffman igual le fuera complicado colocarse detrás de cámara en su debut como director de cine para la película El cuarteto, sobre un grupo de cantantes de ópera que terminan en un hogar para músicos jubilados. Escoger el reparto para la película le resultó especialmente difícil; al darse cuenta de que no podía rechazar a un actor que había conocido en persona, Hoffman dispuso que los actores potenciales pasaran primero por su director de reparto.

Sin embargo, los esfuerzos de Hoffman ayudan a hacer de El cuarteto una película poderosa: un retrato conmovedor de amistad y flaquezas. Y ello se debe a que sus propias dificultades dieron lugar a la persona que hoy es. Y es por ellas que este padre de seis hijos y abuelo de dos nietos sigue pareciendo un chico de sonrisa contagiosa.

El actor habló de cómo los temas de El cuarteto en torno a la mortalidad lo llevaron a ponderar su vida, a ver cuán lejos ha llegado y cuán poco ha cambiado.

AARP: ¿Siente orgullo de hacer a los 75 algo que nunca antes había hecho?

Dustin Hoffman: Le soy honesto: dirigí una obra en Broadway. Echaba la culpa a mis propios demonios por haber esperado 35 años para volver a hacerlo. ¿Por qué los combatí? Porque es una oportunidad apasionante de ser quien sostiene el pincel.

AARP: Cuéntenos algo sobre El cuarteto.

DH: Se basa en la verdadera historia de cómo [el compositor de ópera italiano] Verdi legó su mansión a músicos jubilados porque, en sus mejores años, algunos habían actuado en La Scala, pero ahora no podían pagar un alquiler.

AARP: Usted es pianista de jazz, ¿verdad? ¿Fue la música la que lo atrajo al proyecto?

DH: ¡Soy un aspirante! Hace poco falleció el extraordinario pianista de jazz Dave Brubeck, que tocaba ya entrados los 90 años. No quiero que estas personas se vayan. Pero los cantantes de ópera, como los atletas y los bailarines, dedican años a alcanzar la excelencia; luego su vida útil es corta. Los personajes de El cuarteto ya no podían interpretar como en sus buenos tiempos.

AARP: Pero eso suena deprimente; El cuarteto ofrece una visión edificante de la vejez.

DH: Es una película positiva, pero sigue siendo la realidad. Una nube de mortalidad se cierne sobre los personajes y los une. Cuando estábamos trabajando en la película, le pregunté a Billy Connolly [una de las estrellas]: “¿De qué se trata la película?”. Y me contestó: “No te mueras hasta que estés muerto”. Me pareció que dio en el clavo.

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AARP: Además de sus estrellas, la película presenta músicos reales de más de 70 años.

DH: Artistas brillantes, y nadie los había convocado en 30 años o más. Llegaban todas las mañanas a las 6 y había días en que trabajaban 14 horas en un día sin quejarse, con tanta dedicación y gozo. Nos contagiaron a todos.

AARP: ¿Qué edad le gustaría tener?

DH: No cambiaría este momento por nada. Sí, probablemente me gustaría que mi cuerpo estuviera menos limitado. Intento retrasar eso con pilates y dieta, pero no alcancé una A todavía. ¿Alguna vez ha visto su reflejo en el teléfono celular? Las primeras veces, pensaba: “¿Quién es este vejestorio? No puede ser, ¿soy yo?”

AARP: ¿Y qué puede contarnos de cómo se siente en su interior?

DH: Internamente, me fascina el lugar en que me encuentro. Si hago la analogía con el queso suizo, diría que ahora tengo menos agujeros. Creo que los hombres son el género más débil y viven una vida más limitada que las mujeres. Por la razón que sea, los hombres huyen de la intimidad. Si huyes de la intimidad, huyes de lo que puede ofrecerte la vida. Así que ya no me identifico tanto con el queso suizo. Los agujeros serían los días en que no vivimos con la plenitud con que podríamos hacerlo.

AARP: ¿Alguna vez piensa en jubilarse?

DH: Creo que "jubilarse” viene de la mano de personas que ganan su sustento con su “trabajo”. No creo que nosotros —el ,00001% de la población que tenemos la suerte de amar apasionadamente lo que hacemos— lo consideremos un “trabajo”.

AARP: Creo que el deseo de jubilarse es un deseo de apartarse de las complicaciones para, en cambio, disfrutar de los placeres simples de la vida.

DH: Lo que todos queremos es crecer y expandirnos continuamente. He descubierto que a medida que el cuerpo se va limitando, el alma se expande. Y es un ciclo completo. Un niño de dos años levantará una hoja y la observará fascinado. Llegamos hasta el otro extremo y de nuevo observamos una hoja. A mí me pasa.

AARP: ¿Teme a la muerte?

DH: Mi esposa dice que vengo preocupándome por eso desde que empezamos a salir. Pero en un determinado punto, nuestros íconos cambian. Pienso en [el director de cine] Manoel de Oliveira, que sigue dirigiendo a los 104 años. Y hace poco leí sobre un hombre de 94 años que acababa de correr un triatlón. Le preguntaron: “¿Seguirá corriendo?”. Contestó: “Sí, claro. Tengo que seguir hasta que me ponga viejo”.

AARP: ¿No le encanta eso?

DH: Durante la filmación, decía a todo el reparto: “Estamos todos juntos en el mismo acto”. Siempre imagino que se trata de una obra de tres actos y que estamos en el segundo acto, y que el tercer acto es algo que nos altera, alguna dolencia o lo que sea. Y alguien me respondió: “Podría ser una obra shakesperiana de cinco actos”. Me gustó. Tal vez me quedan tres actos más.

 

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