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Sharon Stone, sin reservas

Estuvo al borde de la muerte, sufrió duros reveses, pero finalmente encontró la dicha fuera de Hollywood.

Sharon Stone, la actriz habla a sus 53 años

Foto por Jeff Lipsky

“Si no voy a volver a ser una gran estrella de cine, supongo que ese no era mi destino”, dice Stone.

In English | Todo comenzó con intensos dolores de cabeza. Setenta y dos horas más tarde, Sharon Stone ya no podía soportar el dolor y fue llevada de inmediato a la sala de emergencias de un hospital de San Francisco. Durante los nueve días siguientes, estuvo en estado de coma intermitente hasta que los médicos descubrieron que la arteria vertebral, arteria que asciende por el cuello hasta la base del cráneo, se había roto. “Para entonces, la hemorragia se había extendido dentro de la columna vertebral, el cerebro y la cavidad facial a un ritmo constante”, cuenta al recordar aquellos aterradores días del otoño del 2001. “El cerebro había sido empujado hacia la cara. Había perdido el 18 % de mi masa corporal”. Stone fue sometida a una intervención quirúrgica que duró siete horas, en la que los cirujanos lograron estabilizar la arteria rota con veintidós espirales de platino y detuvieron, así, la hemorragia. “Me salvaron la vida”, afirma.

Vea también: Premios Movies for Grownups.

Para una mujer bendecida con tan extraordinaria belleza y talento —fue nominada para el premio Óscar y galardonada con el Globo de Oro a la mejor actriz por su actuación en la película Casino, en 1995—, Sharon Stone sufrió terribles pérdidas, de las que habló sin reservas por primera vez con AARP The Magazine. En los últimos doce años, perdió dos embarazos; enfrentó un amargo divorcio de su segundo marido Phil Bronstein, director de un periódico de San Francisco; perdió la batalla por la tenencia de su hijo adoptado Roan, que ahora tiene 11 años; fue testigo de cómo su amado padre, Joseph Stone, sucumbía a causa de un cáncer de esófago; y sobrellevó fracasos de taquilla y críticas desfavorables que desaceleraron su entonces vertiginosa carrera cinematográfica.

Ahora, madre soltera de dos hijos más que adoptó de muy pequeños —Laird, de 6 años, y Quinn, de 5 años—, Stone sostiene que las dificultades la fortalecieron. “Una amiga reza esta oración: ‘Te doy gracias, Señor, por todo lo que me has dado, y te doy más gracias por todo lo que me has quitado’. Creo en ello”. En la actualidad, a la edad de 53, es una mujer transformada. “La gente me llama y quiere que interprete papeles que solía hacer. Y les digo: ‘¡No tienes idea de todo lo que he vivido!’”.

Aun así, esta mujer independiente y de una inteligencia excepcional sigue siendo una fuerte muchacha de campo oriunda de Pensilvania a la que sus padres, pertenecientes a la clase trabajadora, le enseñaron a creer en sí misma y a dar a los demás. Estas raíces son la fuente de su resistencia. “Pensé que nunca volvería a estar bien”, dice Stone, que en febrero recibirá un Premio a la Trayectoria durante la gala de Movies for Grownups® Awards de AARP The Magazine. “Pero uno sí puede recuperarse, aunque se requiere fortaleza”.

En la pequeña ciudad de Meadville, Pensilvania, los niños manejaban tractores para ir a la escuela, y las familias colgaban los ciervos recién cazados de columpios para que se desangraran. Stone era la segunda de cuatro hijos, y su padre, que trabajaba doble o triple turno en una fábrica de herramientas de esa localidad, resultó ser un inesperado feminista. “Su discurso se anticipó al de Gloria Steinem”, cuenta Stone. “Era capaz de sacarme del campo de juego para decirme: ‘Estás dejando que esos chicos te derroten. Tú podrías estar ganando el juego. ¿Por qué no lo estás haciendo?’”. Cuando su madre Dorothy, que trabajaba como secretaria, y él lograron ahorrar suficiente dinero para instalar su propio negocio de herramientas, Joseph contrató a una grabadora de troqueles como su única empleada.

Como Stone era, según nos cuenta, “una niña peculiar”, sus padres solicitaron que le midieran su coeficiente intelectual (CI) a los 5 años y se enteraron de que era dotada. Inmediatamente pasó a segundo grado, pero las autoridades de la escuela determinaron que no se estaba adaptando y la volvieron a pasar a primer grado. “Me sentaron a mi escritorio con todas mis pertenencias y lo empujaron por el pasillo”, dice. “Aún recuerdo el ruido que el escritorio hacía contra el piso cuando lo arrastraban”. A los 15 años, mientras todavía concurría a la escuela secundaria, fue becada para estudiar redacción creativa en Edinboro University, situada en las proximidades. (Abandonó los estudios cuando estaba a punto de graduarse para convertirse en modelo de la Agencia Ford en la ciudad de Nueva York; sin embargo, en el 2007 se le otorgó el título de Doctora Honoris Causa en Servicio Público). “Tiene un CI como de 190 millones”, afirma —figuradamente, ya que su verdadero CI es de 154— su gran amigo James Woods, quien trabajó con ella en Casino. “Pasas la tarde con ella y crees que estás en Yale. Le interesa el mundo. No existe conversación que no se pueda tener con ella”.

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Al principio, a Stone no le gustaba ser inteligente. “Era como ser un bicho raro”, dice. Pero sus padres metodistas y librepensadores la alentaron a explorar sus diversos intereses, entre ellos, la religión. Stone, que hoy se autodefine como budista, no obstante afirma tener una arraigada creencia en el Dios tradicional. Y mucho antes de revelar su interés en la actuación —“Lo mantuve en secreto en Meadville, porque hubiese sido como decir: ‘Quiero ser astronauta’”—, Stone soñaba con ser mamá y tener un hogar lleno de niños. “Siempre pensé que adoptaría”, dice. “Incluso cuando era joven, solía leer acerca de cómo era el proceso de adopción”.

Por ello, en la cima de su carrera artística, tras el papel sexualmente provocativo que desempeñó en la película Basic Instinct (Instinto básico) en 1992 y los elogios obtenidos por Casino, se mudó a San Francisco en 1998 para establecerse con Bronstein, su segundo marido (su primer matrimonio con el productor Michael Greenburg había terminado en 1987) y formar una familia. Mientras el matrimonio buscaba un embarazo en la forma tradicional, también se reunía con abogados para iniciar el trámite de adopción. Stone, a quien le había dado positiva la prueba del factor reumatoide relacionado con el lupus que puede causar problemas en los embarazos, había sufrido un aborto espontáneo unos años antes y, con Bronstein, perdió dos embarazos más, ambos a los cinco meses de gestación.

Los tristes recuerdos llenan sus ojos de lágrimas. “La última vez que perdí un bebé”, recuerda, “estuve treinta y seis horas con trabajo de parto. Mientras estábamos en el hospital, nos llamó el abogado que se ocupaba de las adopciones”.

“Había tenido una hemorragia cerebral y era una actriz que había protagonizado películas con escenas eróticas”. - Sharon Stone dando una explicación de cómo perdió la custodia de su hijo.

En el camino de regreso a su casa, Bronstein y Stone le devolvieron la llamada y se enteraron de que los habían aprobado para adoptar a un bebé. “Pensé: ‘Esto es un regalo del Cielo’” —dice Stone—. ‘Enhorabuena’”. Cuando Roan Joseph Bronstein nació el 1.° de junio del 2000, Sharon Stone finalmente se convirtió en madre.

Su hemorragia cerebral —los médicos no pudieron determinar la causa— ocurrió quince meses después. Pasó los ochos meses siguientes en cama. “Salí del hospital con pérdida de la memoria de corto y de largo plazo”, cuenta Stone. “La parte inferior de mi pierna izquierda había perdido sensibilidad. Estaba sorda de mi oído derecho. Uno de los lados de la cara se caía. Pensé: ‘No volveré a ser bonita. ¿Quién va a querer estar conmigo?’”.

Su ardua recuperación se complicó con problemas en su matrimonio. Stone dice que no puede precisar cuándo comenzaron ni qué los provocó. “Simplemente no me veía, no me hablaba, no me miraba”, dice acerca de Bronstein. Ahora cree que “su intención inicial conmigo probablemente fue maliciosa. Me engañó. Me avergüenza decirlo”.

Stone fue invitada a participar en el jurado del Festival de Cine de Cannes en mayo del 2002. “Estar en un ambiente cinematográfico, que conocía y donde me sentía apoyada, me ayudó mucho”, dice.

Pero aún le faltaba enfrentar su batalla más difícil. En el 2003, Bronstein presentó la demanda de divorcio (tras la sentencia, se volvió a casar y tiene dos hijos con su nueva esposa), y Stone se volvió a mudar a Los Ángeles, donde adoptó a Laird en mayo del 2005, y luego a Quinn en junio del 2006, como madre soltera. En un principio, Bronstein y Stone compartían la tenencia de Roan, quien estaría dos años con cada padre. Pero un juez de San Francisco le otorgó a Bronstein la tenencia definitiva en el 2008, cuando dictaminó que sería perjudicial sacar al niño de su comunidad del área de la bahía para que se mudase a Los Ángeles para vivir con Stone. Al intentar explicar cómo perdió la batalla por su hijo, Stone dice: “Había tenido una hemorragia cerebral y era una actriz que había protagonizado películas con escenas eróticas”. Se ríe forzadamente. Pero las duras pruebas la pusieron, en sentido literal, de rodillas. “Iba a estos eventos [filantrópicos] en los que debía entrar en escena. Mientras estaba tras bambalinas, con la gente mirándome y mi cabeza tocando el suelo, rezaba: ‘Dios, por favor, ayúdame. Sé que debo salir a escena y recaudar dinero. Pero he perdido a mi hijo, he perdido mi salud, lo he perdido todo’. Estaba destrozada”.

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Sharon Stone participa de una misión humanitaria en Uganda.

Foto cortesía de Justin Arana

Sharon Stone participa de una misión humanitaria en Uganda.

La curación sobrevino tras ayudar a los demás. Stone señala a su padre como el responsable de inspirar sus instintos filantrópicos. “Mi padre siempre quería asegurarse de que las personas recibiesen el cuidado adecuado”, dice Stone. Antes de viajar a Los Ángeles para tratarse por el cáncer hace 10 años, paleaba la nieve que se acumulaba frente a la entrada del garaje de varios de sus vecinos. (Más tarde, Dorothy y él se mudaron a la casa de huéspedes de Stone en Hollywood Hills, donde Joseph murió dos años atrás, con su hija al lado de su lecho). “Tuve suerte de tener a mi papá en mi vida”, dice Stone con gran calma. “Cuando las cosas se complicaban, siempre lo tenía para que pusiera su mano sobre mi hombro”.

La experiencia personal también alimentó la pasión de Stone por las causas. A mediados de los años ochenta, cuando era una joven actriz, viajó a Zimbabue para actuar en un par de películas y fue testigo, por primera vez, de la extrema pobreza. “Estoy segura de que es por eso que comprendo lo que deben enfrentar los trabajadores que brindan socorro”, dice. “Comprendo lo que significa ir a los hospitales y que no haya medicamentos, y lo mejor que tienes para dar a los pacientes es compasión”.

En 1993, luego de que el profesor de actuación de Stone, Roy London, falleciera a causa de complicaciones relacionadas con el SIDA, su ímpetu por marcar una diferencia se tornó más intenso, y aceptó ser la presidenta de amfAR, la The Foundation for AIDS Research (Fundación para la Investigación del SIDA), en 1995. Ha utilizado su fama y su talento natural para subastar ingeniosos artículos, entre los que se incluyen besos suyos y de George Clooney, a fin de recaudar $300 millones para la organización. “Probablemente sea una de las mejores personalidades en  recaudar fondos hasta la fecha”, dice su coprotagonista en Basic Instinct, Michael Douglas. “Esta mujer sabe recaudar dinero. Es muy dedicada, sabe presentar muy bien su causa, y ¡vaya! Dios sabe lo seductora que puede llegar a ser. Estoy seguro de que algunos multimillonarios han donado para caridad más de lo que pensaban para quedar bien con ella”.

Stone critica a los líderes de organizaciones sin fines de lucro que “se reemplazan con frecuencia y desparraman su ego por todas partes, mientras que uno está intentando que se consiga el dinero. Me he quedado mucho tiempo, porque la misión era más importante que los dolores de cabeza”.

A veces, su activismo le ha causado dolores de cabeza, como cuando en China prohibieron sus películas después de que sugirió que el terremoto ocurrido en Sichuan en el 2008 podría haber sido un “karma” por las políticas del Gobierno contra el Tíbet. No obstante, ella sigue al pie del cañón, trabajando para que en los países del tercer mundo haya agua potable limpia. Para esa obra de caridad, denominada Drop in the Bucket (Gota en el balde), viajó a Uganda. “Fui a campos de refugiados donde no hay víveres ni agua, nada”, dice. “Vi a niños de 4 años con bebés a cuestas, sin padres. Te llevas a esos niños contigo en tu corazón”.

En los últimos tiempos, Stone ha centrado su trabajo caritativo en las Fuerzas Armadas, a través de una página de Facebook, para prestar apoyo a los veteranos que regresan del frente. “Siempre tuvo el corazón abierto”, dice el Dr. Charles J. Sophy, director médico del Los Angeles County Department of Children and Family Services (Departamento de Servicios para Niños y Familias del Condado de Los Ángeles) y un viejo amigo. “Ha estado por todo el mundo y ha visto de cerca lo que significa no tener vivienda, estar muriendo de SIDA o necesitar agua. Y es incansable. Un día me llama y me dice: ‘Conozco a este chico; ¿puedes intentar que ingrese en un centro de rehabilitación (por drogadicción) que yo le pagaré el tratamiento?’ Ella es una persona increíble”.

“Las causas humanitarias y mis hijos hoy tienen prioridad respecto del escenario de Hollywood, de ser apreciada y de obtener papeles en películas”, dice Stone, que ha participado en más de cuarenta papeles cinematográficos. “Además, no siempre he sido buena en mis papeles. Y no creo haber tenido una carrera bien dirigida”.

A causa de su extraordinaria belleza (y de que, en ocasiones, se la ha considerado una diva), Stone corrió el riesgo de ser encasillada temprano en su carrera. “Sharon no tolera a los necios de buena gana”, dice Michael Douglas. “Eso es intimidatorio para algunas personas. Y no es su culpa ser tan bonita”.

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Agrega James Woods: “En este negocio, algunas mujeres alcanzan la categoría de íconos, pero aun así, existe mucha improvisación. Sharon llega al estudio a las 5.30 a. m., hermosa, con lagañas aún en los ojos. Es maravilloso que siendo tan bella, la industria cinematográfica haya finalmente reconocido que es una muy buena actriz”.

Eso sucedió con Casino. Dice Martin Scorsese, su director en la película: “Trabajar con Sharon fue una gran experiencia creativa, porque quería salir del lugar en donde se sentía cómoda. Ella sabía que allí era donde encontraría a su personaje, ¡y vaya que lo encontró! Fue el tipo de experiencia que uno busca con un actor: un viaje a un territorio no explorado para iluminar un misterio”.

Aún queda por verse si Stone volverá a realizar ese viaje actoral o no, pero ella se siente bien al respecto. “Si no voy a volver a ser una gran estrella de cine, supongo que no era mi destino”.

En estos días, Stone le da crédito a su filosofía budista por aliviar su sufrimiento. “No culpo a nadie por lo que me sucedió”, dice. “Pero una vez que la vida se te derrumba, lleva tiempo convertirse en fénix. Uno debe permanecer quieto el tiempo necesario para permitir que la pelota se detenga, y debe amarse y perdonarse a sí mismo. En un momento determinado, uno puede decir: ‘También tomé muchas grandes decisiones en mi vida. Y ahora, si quiero volver a poner la pelota en movimiento, ¿cómo lo haría?’”. Suspira demostrando satisfacción. “Lo que era una súplica interminable y desesperada se ha convertido en un caminar interminable y apacible. Me siento tan libre, tan bendecida. Tengo los hijos más hermosos”.

Ya no se castiga más por haber perdido la tenencia de su hijo mayor. “Uno debe sobreponerse a esas emociones y ser una buena madre”, dice. Roan viaja a Los Ángeles a visitarla un fin de semana por mes. “Mi principal preocupación es apoyarlo, amarlo y estar”, cuenta. Cuando cumplió 11 años, le regaló las viejas herramientas de su padre y le hizo construir un banco de trabajo en el garaje. Hace poco, durante una visita, él construyó una coraza de madera para el triciclo de Quinn.

“Probablemente sea una de las mejores personalidades para recaudar fondos”. - Michael Douglas

“Amo criar a mis hijos”, dice Stone y muestra las fotos en su teléfono. “Quinn va al jardín de infantes y es ¡muy expresivo! Como un agente de la FBI, te cuenta todo lo que sucede, por eso lo llamo Agente Quinn. ‘¡Mami! ¡Toots hizo popó en el jardín!’. ‘Gracias, Agente Quinn’. Y Laird es como un cohete. Ayer regresó de la escuela con su violín y tocó toda la noche. Es un gran romántico; cuando hablo con él por teléfono, me dice: ‘Estoy enamorado de ti, mami’”.

Stone cree que ya es demasiado grande para criar a otro niño pequeño, pero no descartaría adoptar a uno más grande o conocer a un hombre con hijos e “incorporar su familia a la mía”. Sin embargo, niega estar en busca de una relación romántica. “No voy a estar con un hombre por el solo hecho de tener a un hombre en mi vida”, dice. Además de cuidar de sus hijos, tiene algunos papeles cinematográficos en vista, está escribiendo letras de canciones con músicos, y ‘su plato está lo suficientemente lleno para quedar satisfecha’. Pero si algún día apareciera un hombre en su puerta y le dijera: “Quiero que seas todo lo que siempre quisiste ser”, lo dejaría entrar. De lo contrario —dice sonriendo— "estoy bien conmigo misma”.

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