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‘Trabajo-campismo’: empleos estacionales en la carretera

Estos campistas adultos mayores le dan un nuevo significado al trabajo nómada.

Casa móvil por una carretera que cruza un parque natural

Sean McCabe

¿Te encanta estar al aire libre y tienes espíritu viajero? El ‘trabajo-campismo’ podría ser el empleo ideal para ti luego de jubilarte.

In English | Debbie Ford, de 61 años, ha guiado grupos de turistas por marismas a lo largo de la costa del Pacífico, sembrado plantas de tomate en Alabama y atendido centros de visitantes en bosques nacionales, desde Colorado a las White Mountains de Nuevo Hampshire, todo ello mientras vivía con su marido, Mark, de 66 años, en casas rodantes que la pareja ha llamado hogar durante 14 años.

Conocidos como trabajadores campistas, los Ford se cuentan entre las decenas de miles de adultos mayores errantes que se desplazan en vehículos de recreación y están estirando sus pensiones y ahorros al tomar empleos estacionales con empleadores públicos y privados, ganándose no solo el valor de la estadía en el campamento, sino, a menudo, un sueldo. Los empleos más populares son los de recepcionista, limpieza y mantenimiento en campamentos y parques del gobierno. Muchos también trabajan en pistas de NASCAR, santuarios de flora y fauna silvestre, y centros de distribución de Amazon. Los lotes dedicados al cultivo de árboles de Navidad y los huertos de calabaza también son populares, y los campistas que atienden un faro de California han hecho su reservación en el lugar hasta el 2015. “Hasta me han llegado rumores de campistas que se ofrecen como voluntarios para cazar pitones en los Everglades de Florida, pero yo tracé mi límite”, dice Ford, entre carcajadas.

Si bien nadie sabe con precisión cuántos trabajadores campistas están dando vueltas por Estados Unidos, Stacey Iverson Huck, gerente de capacitación y gestora de eventos de Kampgrounds of America Inc. (KOA), con sede en Billings, Montana, y uno de los mayores empleadores de trabajadores campistas, dice que los complejos corporativos y franquiciados de la compañía emplean a alrededor de 1,500 parejas al año. Y Steve Anderson, presidente de Workamper News, que incluye una revista distribuida por suscripción, un sitio web y un servicio de publicación de empleos para trabajadores campistas, dice que tiene alrededor de 14,000 socios y publica miles de anuncios de empleo en todo momento, y que esas cifras están en aumento.

Entre ellos están Bill Gross, quien, con su esposa, Jan, han sido trabajadores campistas desde el 2012. La pareja, ambos de 59 años de edad, utilizaron lo que obtuvieron de la venta de su casa para comprar un tráiler tipo “toy hauler” de 42 pies, con garaje para la motocicleta de Bill; usan la moto para recorrer y conocer en sus días libres. Otros campistas dependen de sus ahorros, pensiones o de los ingresos del Seguro Social para mejorar sus modestos salarios.

La paga varía según el empleador, pero la mayoría de ellos ofrece espacio para acampar gratis y conexiones de agua, electricidad y eliminación de desperdicios; algunos incluyen servicio de Wi-Fi y TV por cable sin costo. Por lo general, los campistas trabajan una cantidad de horas fija cada uno a cambio del espacio para estacionar su casa rodante, más horas extras —usualmente partiendo de un mínimo de $7.25 la hora—, para totalizar de 20 a 25 horas semanales.

Amazon, por ejemplo, ofrece espacio para acampar sin cargo y una paga por hora (alrededor de $10 la hora, más las horas extras) a los participantes de su programa CamperForce, que ofrece empleos estacionales en sus almacenes de todo el país. Algunos empleadores ofrecen algunas ventajas adicionales como entradas gratis para las atracciones de la zona; KOA les permite a los empleados que hayan completado una asignación estacional espacio para acampar gratis durante varias noches en otros campamentos KOA, cuando se encuentren en tránsito hacia el siguiente empleo. Angie Dickerson, gerente del campamento que KOA tiene en Branson, Misuri, dice que el trabajo suele incluir la limpieza de baños, vaciar los botes de basura y otras tareas nada agradables.

“Es una gran manera de ver el país”, señala. “Pero tratamos de enfatizar que ‘trabajador’ está antes que ‘campista’ ”.

Trabajadores campistas: Mark y Debbie Ford

Millas viajadas: 300,000 a lo largo de 14 años
Tráiler: Newmar Kountry Star, modelo 2003, a diésel
Lugares en los que acamparon: 49 de los 50 estados
Momento extraño: Cuando tuvieron que explicarles a turistas extranjeros que no se podía ver Utah en un día

No todo el mundo está buscando dinero: los Ford, por ejemplo, también realizan trabajos no remunerados con organizaciones de servicio como NOMADS, una misión de la United Methodist Church que reconstruye casas en áreas dañadas por tormentas o brinda otro tipo de asistencia filantrópica. Por lo general, la única recompensa es un campamento rudimentario, pero eso le permite a la pareja viajar por Estados Unidos a bajo costo y realizar trabajo voluntario que les ofrece un sentido de comunidad, sostiene Debbie Ford.

Los trabajadores campistas tienden a viajar en parejas: matrimonios con el nido vacío que buscan alguna manera de saciar su espíritu viajero junto con un modo práctico de financiarlo. Los empleadores prefieren las parejas porque obtienen dos trabajadores por un espacio para acampar gratis, pero, según Anderson, hay cada vez más trabajadores campistas solos. Los trabajadores campistas experimentados dicen que si eres confiable y agregas valor, muchos empleadores dejarán de lado la preferencia por dos personas y contratarán a campistas que viajen solos.

“No me resultó difícil encontrar trabajo estando sola”, cuenta Michele LaForest Gray, quien en el 2011 enfrentó un cumpleaños significativo al invertir casi la totalidad de sus ahorros en una camioneta y un tráiler de 19 pies.

Luego de un viaje relámpago de tres meses para ver docenas de atracciones de su lista de deseos, no pudo soportar la idea de volver a su vida estacionaria como trabajadora social en Luisiana: “Llamé a un campamento en Pensilvania y logré que me contrataran por teléfono”, confiesa.

LaForest Gray, de 58 años —y que hace poco publicó un libro, Little Big Life (Pequeña gran vida), sobre su transición hacia el trabajo campista—, ha obtenido empleos en el norte del estado de Nueva York y en Pensilvania; ahora está en Utah.

La casa rodante es su residencia u hogar permanente y, asegura, “retomo el trabajo social en forma intermitente para recargar mi cuenta bancaria” entre un empleo y otro como campista.

“Siento como si yo misma me abrí las puertas del país —en la casa rodante puedo darme el lujo de vivir en lugares en los que jamás habría imaginado vivir— y no necesité contar con muchísimo dinero para lograrlo”, culmina.

Trabajadora campista: Michele LaForest Gray

Millas viajadas: 6,000 desde el 2011

Tráiler: Casa rodante de 19 pies; pick-up Toyota
Lugares en los que acampó: Nueva York, Pensilvania, Tennessee, Utah
Empleos: Encargada de reservaciones, recepcionista, cajera de la tienda del campamento, recadista general

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