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Preguntas y respuestas, Dra. Leana Wen

Los defectos que la pandemia expuso en nuestro sistema de atención médica.

Dra. Leana Wen, analista médica de CNN

BILL CLARK/CQ ROLL CALL/GETTY IMAGES

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La analista médica de CNN y autora del nuevo libro "Lifelines" reflexiona sobre los defectos que la pandemia expuso en nuestro sistema de atención médica y nos dice cómo concentrarnos en lo que más importa.

¿Qué te inspiró a convertirte en doctora de medicina?

Tenía asma cuando era niña e iba mucho al médico. Conocía la sensación de tener miedo por no poder respirar, y entendí cuánto alivio brindaban los médicos y enfermeros. Cuando tenía alrededor de 10 años, un niño que vivía al lado de nosotros murió frente a mí a causa de un ataque de asma. La abuela del niño tenía demasiado miedo de pedir ayuda porque era una inmigrante indocumentada. Yo supe desde una edad temprana que quería ser médica en la sala de emergencias, [y que nunca] tendría que rechazar a alguien porque no podía pagar, por su estado de inmigración o por cualquier otra cosa.

Te convertiste en la defensora médica de tu madre mientras estabas en la facultad de medicina. ¿Qué aprendiste de eso?

El médico de mi madre le dijo que sus síntomas se atribuían a la depresión. Ella sabía que eso no tenía sentido, porque tenía tanta dificultad para respirar que no podía subir escaleras. Pero ella no quería decir nada. Finalmente, buscó una segunda opinión y le diagnosticaron cáncer de mama metastásico. Después de eso, pasé mucho tiempo tratando de entender esa desconexión, cómo mejorar los hospitales y cómo hacer que los pacientes fueran mejores defensores de sí mismos.


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Te convertiste en la comisionada de salud de Baltimore. ¿Qué hizo que te interesara la salud pública?

Mis experiencias en la sala de emergencias. Vi a tantos pacientes allí que sabía que no podía ayudar debido a problemas subyacentes. Recuerdo a una mujer que venía una y otra vez solicitando tratamiento para la adicción a las drogas. Todos sabíamos que lo mejor que podíamos hacer era buscarle un programa de tratamiento en unas pocas semanas. Le encontramos un programa que comenzaba unas semanas después. Pero más tarde ese día, tuvo una sobredosis y no pudimos resucitarla. Tuve tantas experiencias como esa en la sala de emergencias. Hacíamos todo lo posible para brindar tratamiento. Pero, en última instancia, lo que iba a salvar la vida de nuestros pacientes no eran herramientas médicas, sino apoyos sociales que no estaban ahí.

¿Por qué crees que la salud pública está tan infravalorada en este país?

La salud pública funciona porque es invisible. Es muy difícil explicar el valor de algo que no puedes ver. Si previenes que los niños se envenenen con plomo, no puedes darle cara al envenenamiento por plomo porque has evitado que suceda. Como resultado, la salud pública encabeza la lista de lo que se puede recortar. La COVID-19 es un claro ejemplo de lo que sucede cuando hay negligencia crónica —y falta de inversión— en la salud pública.

En tu opinión, ¿cuáles son las grandes lecciones que hemos aprendido de la COVID?

La primera es la importancia de un plan nacional. Cuando no tienes un plan coherente, terminas con muchos enfoques fragmentados que simplemente no funcionan. La segunda lección es cuánto la salud pública depende de la confianza pública. Cuando hay científicos y funcionarios médicos que se ven activamente socavados por políticos, terminas convirtiendo algo tan básico como el uso de mascarillas o las vacunas en un asunto político en lugar de ser entendido como un imperativo de salud pública. Y lo tercero son las disparidades subyacentes en nuestro sistema de cuidado de salud, reveladas por la COVID. El virus no creó esas disparidades. Siempre han estado ahí, pero la pandemia las expuso.

¿A qué tipo de disparidades te refieres?

Hemos visto que las personas que se ven afectadas desproporcionadamente por la COVID son afroamericanas, latinas, indoamericanas y personas de bajos ingresos. ¿Por qué? Tomemos a Baltimore como ejemplo. Uno de cada tres residentes afroamericanos vive en un desierto de alimentos, en comparación con solo uno de cada doce residentes blancos. ¿Es sorprendente que los afroamericanos tengan tasas más altas de diabetes, presión arterial alta y enfermedades cardíacas —enfermedades que los hacen más susceptibles a la COVID—?


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¿Qué consejos tienes para las personas de 50 años o más sobre la pandemia?

Tenemos que dejar de concentrarnos en una pregunta: “¿Es segura cierta actividad?”. Creo que las personas deberían hacerse otra pregunta: “¿Qué es lo más importante para mí?”. Eso depende del riesgo de la actividad individual, pero también —algo que es muy importante— de tus propios valores.

¿Cuál es tu mayor preocupación sobre la COVID?

No llegar a vacunar a suficientes personas para alcanzar la inmunidad colectiva. Estábamos esperando que la ciencia nos rescatara y no estuvimos dispuestos a hacer las cosas difíciles, como usar mascarillas y evitar las reuniones en el interior. Ahora las personas vuelven a complicar las cosas al no vacunarse. Me preocupa mucho que tengamos la oportunidad de poner fin a la pandemia, pero no lo hacemos.

¿Qué te da esperanza?

Ver a los muchos millones de personas que han hecho grandes sacrificios por las demás. Eso me da mucha esperanza. Durante este último año ha habido la sensación de que todos estamos juntos en esto, y eso debe reconfortarnos mucho.