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Por qué me ofrecí como voluntario para los ensayos de la vacuna contra la COVID-19

Los adultos mayores de todas las clases sociales comparten sus motivaciones para inscribirse.

Participantes de los ensayos clínicos de la vacuna contra la COVID

Cortesía de BONNIE BLUE, DEEPAK SARMA, BARRY COLVIN, FREEMAN HABROWSKI, EDUARDO ROLLOX, JUDY STOKES

In English |  Mientras los investigadores se apresuran a desarrollar vacunas para combatir la propagación del coronavirus, miles de personas en todo el país han estado ofreciendo sus cuerpos a la ciencia. Estos héroes de la salud se han ofrecido como voluntarios para participar en los ensayos clínicos de las vacunas contra la COVID-19 que se están llevando a cabo actualmente. Debido a que estos son estudios ciegos, los participantes no saben si están recibiendo la verdadera vacuna o un placebo. Estos voluntarios provienen de diferentes orígenes y expresan una variedad de razones para involucrarse. Sin embargo, lo que todos tienen en común es el deseo de poner fin a esta pandemia.

Lo que sigue es una serie de comentarios de personas mayores de 50 años que han participado en estos ensayos y cuál fue su motivación personal para hacerlo. Sus historias inspiradoras, contadas en sus propias palabras, han sido ligeramente editadas para mayor claridad y extensión.


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Bonnie Blue, de 68 años, es autora, madre de cuatro hijos y bisabuela en Chicago

Debido al asma severa, he estado luchando por sobrevivir toda mi vida. He entrado y salido de hospitales, unidades de cuidados intensivos, y en soporte vital 13 veces. No me gustaría que nadie más pasara por lo que yo he pasado; si puedo ayudar a las personas a evitarlo, quiero hacer mi parte.

Como la mayoría de los afroamericanos, no tenía mucha confianza en la comunidad médica. Mis amigos y yo hablamos de esperar unos años para ver si la vacuna era segura o no. Pero vi que el número de infecciones y muertes seguía aumentando y por cada muerte, sé que hay una familia que ama a esa persona. Me rompe el corazón cuando escucho que las personas no pueden estar con sus seres queridos afectados por la COVID mientras están muriendo, y ver cómo los niños quedan huérfanos a causa de esto.

"Quería hacer mi parte por la humanidad porque este microorganismo que no podemos ver está destruyendo a la humanidad".

Entonces, comencé a investigar y escuché sobre el ensayo clínico en University of Illinois en Chicago. No me había ofrecido como voluntaria para un ensayo clínico antes y mis seres queridos trataron de convencerme de que no lo hiciera. Soy una mujer creyente y pedí una señal de si debería o no ser voluntaria para esto. No recibí una señal de que no debería hacerlo, así que me inscribí. Recibí la primera inyección a fines de agosto y la segunda a fines de septiembre. 

Quería hacer mi parte por la humanidad porque este microorganismo que no podemos ver está destruyendo a la humanidad. Este es un momento en la historia en el que podemos unirnos para ayudarnos a sobrevivir; estamos juntos en esto. Esta es solo mi pequeña contribución para que todos podamos vivir y estar bien.


El Dr. Deepak Sarma, de 51 años, es profesor de Estudios Religiosos y Bioética en Case Western University en Cleveland, y padre de dos hijos

Mi esposa es médica de atención primaria y la había visto preocupada por el virus. Cuando me enteré de la oportunidad de inscribirme en un ensayo clínico de fase 3, pensé, ¡guau! Puedo hacer algo. Soy un sudasiático-estadounidense sano, mis padres son de la India y no tengo ninguna enfermedad preexistente. Inscribirme en el estudio no solo satisfizo mis objetivos altruistas, sino que también coincide con mis creencias hindúes.

Hay una tradición en el hinduismo de dar regalos; en este caso, el regalo es ofrecer mi cuerpo para un experimento. Se sintió como lo correcto porque las personas están sufriendo durante esta crisis de salud mundial. También sabía que con los ensayos clínicos, las estadísticas y los datos de las minorías son bajos, así que esto era parte de mi cálculo en el sentido de que las vidas de los morenos y los negros sí importan y los datos que mi participación generaría proporcionarían un conocimiento que salvaría la vida de las personas que no están lo suficientemente representadas

"Hay una tradición en el hinduismo de dar regalos; en este caso, el regalo es ofrecer mi cuerpo para un experimento".

Recibí la primera inyección el 10 de agosto y la segunda el 9 de septiembre. Después de la primera, me sentí cansado y agotado esa noche. Al día siguiente de la segunda inyección, tuve fiebre y me sentí extremadamente fatigado y desorientado durante varias horas. Esa mañana di una clase en línea y durante los primeros 45 minutos ni siquiera sé lo que dije. Pero volví a la normalidad al final de la tarde. Debido a mi síntomas, estoy bastante seguro de que recibí la vacuna experimental y no el placebo. Mi esposa también se ofreció como voluntaria para la vacuna.

Con este virus, el desafío para toda la humanidad es enorme. Soy solo una persona en esto, pero al participar en el ensayo, espero estar contribuyendo a la continuación de la humanidad.


Judy Stokes, de 69 años, es una escritora médica jubilada en Sacramento y madre de cuatro hijos adultos

Mi interés en el voluntariado comenzó cuando mi hijo menor, Ian, decidió unirse a un ensayo de fase 1, que analiza la seguridad de la vacuna. Vive y trabaja en Seattle y tiene un título en Biología Molecular, por lo que entiende este enfoque de ARNm para crear una vacuna [que introduce un código genético que el cuerpo puede utilizar para hacer su propia proteína viral para inducir una respuesta inmunitaria]. Científicamente, es un paso importante por muchas razones. Cuando me enteré de que había un sitio de fase 3 en Sacramento, me pareció una coincidencia que esta oportunidad estuviera justo delante de mí.

Pero mientras consideraba la posibilidad de unirme, la mitad de mí decía, ¡no, no quieres involucrarte en esto! Y la otra mitad me decía que lo hiciera. Estaba cansada de tener miedo y ser ineficaz durante la pandemia. El voluntariado era un paso positivo que podía dar, algo que podía hacer para avanzar en la experiencia del desarrollo de la vacuna.

"No he visto a mi única nieta, Lola, en persona durante todo este año. Me he perdido un año de su vida".

Al principio, pensé que no sería una buena candidata por mi edad y porque tengo una enfermedad cardíaca y presión arterial elevada. Pero sabía que querían incluir un grupo diverso de personas para la fase 3. Recibí ambas inyecciones a principios y finales de agosto. Tuve una reacción menor a la segunda inyección, estaba agotada y tuve dolores musculares por todo el cuerpo durante dos días. Pero hasta el final del ensayo no sabré si recibí la vacuna o el placebo.

Esta experiencia me ha dado una apreciación real de la ciencia y de cómo la medicina se mueve con cuidado para asegurarse de que funciona con seguridad y eficacia. Me alegro de haber participado en el ensayo. No he visto a mi única nieta, Lola, en persona durante todo este año. Me he perdido un año de su vida. Crear una vacuna efectiva puede ayudarnos a todos a volver a las cosas que valoramos.


Eduardo Rollox, de 55 años, nació en Panamá y trabaja para el departamento de Estado. Vive en Evanston, Illinois

Durante el verano, vi una entrevista en la televisión con uno de los voluntarios de la vacuna contra la polio en la que contó su experiencia al recibir la vacuna. Estaba animando a las personas a participar en los ensayos de la vacuna contra la COVID que se aproximaban. Unas semanas más tarde, vi un reportaje sobre un ensayo local, y llamé y me ofrecí como voluntario.

Estoy en un grupo de alto riesgo de complicaciones graves si contraigo la COVID, porque tengo tres enfermedades preexistentes; quiero poder vivir para ver otro día. También, me puse la vacuna para proteger a mi madre que tiene 70 años y sufre de insuficiencia cardíaca y problemas pulmonares —no puede contraer la enfermedad—.

Algunos familiares y amigos trataron de disuadirme de ser voluntario, por lo que tuve una conversación con mi médico personal, al que he estado viendo durante más de 30 años. Es un especialista en enfermedades infecciosas y al final, su opinión era la única que realmente importaba. Si me hubiera dicho, no, no lo hagas —no lo habría hecho—. Pero él estaba a favor de ello. 

“Estoy en un grupo de alto riesgo de complicaciones graves si contraigo la COVID…. Quiero poder vivir para ver otro día".

Recibí la primera vacuna a finales de agosto y la de refuerzo a finales de septiembre. La segunda inyección me asustó mucho —terminé con fiebre, escalofríos y dolor de cabeza—. Pero prefiero soportar unos días de incomodidad antes que estar en el hospital con la COVID.

Otra cosa que me inspiró es que la vacuna de ARNm es una nueva tecnología del siglo XXI que nunca antes se había utilizado. Además, el ARNm tiene usos potenciales más allá de la COVID —para tratamientos de cáncer y problemas cardíacos—. Quería ser parte del proceso de hacer historia en esto.


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El Dr. Freeman A. Hrabowski, III, de 70 años, es matemático y presidente de University of Maryland en el condado de Baltimore (UMBC). Su esposa Jackie, de 73 años, es exvicepresidenta de T. Rowe Price y filántropa. Tienen un hijo adulto y un nieto ,y recientemente celebraron su 50 aniversario de bodas

Freeman: Kizzmekia Corbett, una exalumna de UMBC, la principal científica de los NIH involucrada en el desarrollo de una vacuna contra la COVID, me había dicho que tenían problemas para conseguir que la población negra participara en los ensayos por falta de confianza. Nos inspiró el hecho de que ella está haciendo historia —con la vacuna y como mujer y persona de color— y haciendo cosas para ayudar a la población. Así que nos ofrecimos como voluntarios para un ensayo clínico de fase 3 en el Center for Vaccine Development de la Facultad de Medicina de University of Maryland y recibimos las dos inyecciones con 28 días de diferencia en septiembre y octubre.

"Construir una mayor representación de los negros y las personas mayores en el proceso es parte de la solución".

Jackie: El hecho de conocer a esta joven nos dio un nivel de inspiración y confianza. Cuando escuchas sobre las personas que son impactadas por la COVID, los afroamericanos son un grupo desproporcionadamente grande. Quería hacer lo que pudiera para ayudar y quería servir de modelo para que los demás creyeran en esto.

Freeman: Nuestra participación ha inspirado a algunos de nuestros amigos a confiar en la ciencia, a pesar de la historia profundamente arraigada del racismo en la ciencia y la historia de nuestro país, desde el experimento Tuskegee sobre la sífilis hasta otras experiencias. Esto ayuda a que las personas sepan que entendemos el por qué de la falta de confianza, pero también creemos en la ciencia y la medicina. Desarrollar una mayor representación de los negros y los adultos mayores en el proceso es parte de la solución.         

Jackie: Cuanto más mayores somos y más exitosos somos, más humildes nos volvemos. Somos extraordinariamente privilegiados, y nos consideramos muy saludables. Muchos de nuestros queridos amigos se enfermaron y murieron. A lo largo de nuestra vida, hemos tenido la convicción personal de que si podemos marcar la diferencia, lo haremos porque si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo hará?


Barry Colvin, de 52 años, es un administrador de inversiones jubilado que vive con su esposa en White Plains, Nueva York

No soy un trabajador de la salud o un trabajador esencial, así que no puedo contribuir de esa manera. Pero una vez que comenzaron los ensayos de la vacuna y empecé a leer sobre cómo funcionan las vacunas, me llamó especialmente la atención la técnica del ARNm.

Quería ofrecerme como voluntario para tratar de acelerar estos esfuerzos, especialmente en esta época en la que las personas están nerviosas por las vacunas y por casi todo. Soy un adulto sano sin factores de riesgo subyacentes; esta era una manera de unirme a la lucha.

En mayo, cuando supe que se estaban llevando a cabo ensayos de fase 1 en NYU Langone Health, me ofrecí como voluntario. No me eligieron para eso, pero me invitaron a participar en el ensayo de fase 3. Recibí mi primera dosis a finales de julio y la segunda tres semanas después. No sé si recibí la vacuna o el placebo, y probablemente no lo sabré hasta el próximo año; me sentí bien después de ambas inyecciones. Pero realmente no importa: los datos de eficacia no son posibles sin el grupo de placebo, así que, independientemente, sigo siendo parte de la lucha.

"Soy un adulto sano sin factores de riesgo subyacentes; esta era una manera de unirme a la lucha".

No soy alguien que saldría y abogaría para que otros se ofrezcan como voluntarios. Tiene que ser una decisión personal. Mi confianza en el proceso y la profesionalidad, ciertamente en el grupo de NYU Langone, solo se ha fortalecido durante esta experiencia. Me emocionó participar en la búsqueda de una manera de evitar que las personas se enfermen con este virus y que nuestras vidas vuelvan a un cierto nivel de normalidad.

Para mí, lo más triste de la COVID es el aislamiento de los que corren más riesgo, especialmente los adultos mayores, y las preocupaciones de salud mental que lo acompañan. Cuanto más rápido encontremos y distribuyamos una o más vacunas eficaces, más rápido podremos volver a estrechar esos lazos sociales que son tan cruciales para todos nosotros.