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Cómo escribir ‘la carta’ para los hermanos que no cooperan

Haz un pedido directo de ayuda.

Primer plano de una mano de una mujer escribiendo una carta.

JGI/Tom Grill

In English

“Mis tres hermanos me ponen furiosa”, dijo Lynn, de 60 años, durante una sesión de psicoterapia. “Estoy cuidando a su madre y casi nunca llaman, ni a ella ni a mí. Están muy enfrascados en su propia vida. Pero ¿y nosotras?”.

Yo empaticé con Lynn. Durante más de treinta años de hablar con cuidadores, he visto más enojo por hermanos adultos negligentes que por cualquier otro problema relacionado con el cuidado familiar. También vi muchos cuidadores que trataron de rectificar el comportamiento injusto de familiares que supuestamente los amaban, y no tuvieron éxito. Lo que Lynn dijo a continuación no fue sorpresa para mí:

“Cuando he tratado de sacar el tema con ellos”, continuó, “no he llegado a ningún lado. Un hermano promete ayudar, pero después no cumple su promesa. Dice que su esposa le exige mucho en el hogar. Otro se enoja conmigo por tratar de controlarlo. Y el tercero ya ni siquiera responde mis llamadas. No sé qué hacer”.


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Muchos cuidadores, al igual que Lynn, finalmente deciden dejar de darse la cabeza contra lo que parece ser una pared de ladrillos y aceptan amargamente que sus hermanos no los ayudarán. Anuncian que nunca más volverán a hablar con ellos después del funeral de la madre o del padre. No es inusual que cumplan con esa amenaza, lo que lleva a la disolución permanente de la familia.

Sin embargo, antes de tomar esa decisión, mi sugerencia es que hagan un último intento para lograr la participación de los hermanos negligentes en lo que debería ser un esfuerzo unido en apoyo de ese padre en común. Y recomiendo un método “revolucionario” para llegar a ellos, que a veces ayuda a los cuidadores a traspasar la maraña de motivos de trabajo excesivo, negación y procrastinación detrás de los que se esconden muchos hermanos. Yo la llamo “la carta”: literalmente, una misiva escrita de su puño y letra, enviada por correo en un sobre con estampilla y con la dirección escrita a mano. Dado que la mayoría de las comunicaciones actuales tienen lugar en forma instantánea por mensajes de texto, mensajes de Facebook, correo electrónico, videoconferencias y llamadas telefónicas, es casi alarmante para los familiares rebeldes recibir información por este medio algo anticuado.

Entonces, ¿cómo pueden los hijos adultos abandonados crear en la práctica esta carta? Hay varios pasos:

Aborda la carta con cuidado

Vivimos en un mundo en que hay tantos mensajes que compiten por nuestra atención, que nos hemos vuelto adictos a ignorar la mayoría de ellos. Esto puede ser especialmente cierto para los correos electrónicos que taponan los buzones sobrecargados que intentamos mantener al día. Pero cuando, en forma inesperada, recibimos una carta por correo postal con una letra que apenas reconocemos, esa simple novedad despierta nuestra curiosidad. Entonces, prestamos más atención a su contenido que la que le prestamos normalmente a cualquier otro tipo de comunicación. Leeremos esa carta dos veces, tal vez tres, absorbiendo lentamente el mensaje en vez de desviar nuestra atención inmediatamente.

Haz un pedido directo, no un ataque directo

Lynn quería bombardear a sus hermanos en la carta, pero le advertí que los sermones desencadenan actitudes defensivas, incluso beligerantes, en vez de cooperación. Le sugerí que, en cambio, usara un tono franco, realista y sin dramatismos en cartas individuales personalizadas para cada uno de sus hermanos. Por ejemplo, podría decir: “Bob, cuidar a mamá no es fácil algunos días. Nos vendría bien más ayuda. ¿Estarías dispuesto a tratar de ayudar en alguna medida?”. Le recomendé que incluyera una forma específica y viable de ayuda para cada hermano. Por ejemplo: “Bob, ¿puedo enviarte los formularios recientes del seguro de mamá para que los revises?”.

Crea un mensaje personal

Lynn sentía temor de que, si hacía un pedido directo y sus hermanos no respondían, nunca más iba a poder perdonarlos. Le respondí que ella estaba tan enojada con ellos que la relación que tenía con sus hermanos ya no era amistosa. Le sugerí que pusiera en juego su relación con cada uno de ellos agregando aspectos personales a la carta. Podría decir, por ejemplo: “No te pido que ayudes con el cuidado solo por mamá. Te pido que me ayudes a mí. Si decides ayudarme, sabré que valoras nuestra relación. Si no decides ayudarme, entonces tendré dudas”. Como con cualquier otra invitación a participar, la carta debe incluir un pedido de respuesta con una fecha límite. Toda respuesta —incluso las excusas por las que un hermano no puede ayudar— es mejor que ninguna respuesta, algo que a menudo indica que el hermano es totalmente inalcanzable.  

Como es generalmente el caso, Lynn recibió una variedad de respuestas. Un hermano accedió de pronto a aceptar una tarea de cuidador después de mostrarle la carta a su esposa, quien le dijo que no había inconveniente en que lo hiciera. Otro le envió un mensaje de texto una semana más tarde en el que decía que haría lo que pudiera una vez que completara un proyecto de trabajo. El tercer hermano nunca respondió. Las respuestas no fueron lo que Lynn idealmente hubiera deseado o considerara justo, pero tuvo algo de satisfacción al saber que ella y su madre iban a recibir al menos un poco más de ayuda.    

 

Barry J. Jacobs, psicólogo clínico, terapeuta familiar y asesor del cuidado de la salud, es coautor del libro Love and Meaning After 50: The 10 Challenges to Great Relationships — and How to Overcome Them y de AARP Meditations for Caregivers. Síguelo en Twitter y en Facebook (enlaces en inglés).