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Sandra Cisneros encuentra paz en el dolor

La escritora nos habla de su encuentro con la tradición del Día de los Muertos a través de un homenaje a su madre.

Sandra Cisneros Finishes Installation Of Her Artwork For Day Of The Dead, AARP Home And Family, Family And Friends

Foto: © Logan Mock-Bunting

Sandra Cisneros.

Sandra Cisneros aún sufre. Pero a la vez, está renaciendo. El 1 de noviembre habrán pasado siete años desde el fallecimiento de su madre, Elvira Cordero Cisneros, y para la reconocida escritora latina, ha sido una época de transformación.

La autora de La casa en Mango Street, se encuentra en Washington, D.C., para montar un altar en homenaje a su madre. El acto refleja la tradición mexicana del Día de los Muertos, que se conmemora del 1 al 2 de noviembre.

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“Soy escritora”, dice Cisneros, tomándose un cafecito en la capital, “y este es un altar de una escritora a su madre. No es típicamente lo que pensamos de lo tradicional. Es como si estuviera escribiendo un ensayo acerca de mi madre”.

A la obra de arte, que lo es, Cisneros le ha puesto el título, “A Room of Her Own: An Altar for My Mother” (Un cuarto para ella: un altar para mi madre). El altar se expone nada menos que en el Museo Nacional de Historia Americana, parte de la Institución Smithsonian, el grupo de museos nacionales más prestigiosos del país. Es parte de la exposición American Stories.

En un toque cultural, la ofrenda a su madre se encuentra al lado de los zapatos de color rubí que llevaba Dorothy en El mago de Oz y el sillón de Archie Bunker, el protagonista del programa de televisión All in the Family, de los años 70. El altar formará parte de la exposición desde el 1ro de noviembre hasta el 12 de enero del 2015.

La muerte como un viaje espiritual

Con una voz suave pero firme, Cisneros habla de la vida, la muerte y la sorprendente revelación de que, a pesar de sus fuertes lazos mexicanos, ella no tenía la tradición de poner un altar u ofrendas después de una muerte. Nacida en Chicago, Cisneros vivía en dos mundos. Con su madre, que era mexicana estadounidense, su padre mexicano, y sus seis hermanos, todos varones, iban y volvían de México a Chicago.

“Nunca había hecho un altar”, dice Cisneros, escritora de poesía y cuentos cortos, y una destacada voz latina. Recuerda que en el National Museum of Mexican Art, en Chicago, donde la conocen muy bien, le habían pedido que montara uno. Pero como era el primer aniversario de la muerte de su madre, dijo que no podía porque todavía sentía demasiado dolor. “No me di cuenta que hacerlo hubiera sido muy bueno para mi salud espiritual. No sabía que el proceso de montar el altar ayudaría con ese dolor”.

En vez de crear una ofrenda encima de una mesa, que es lo típico, y ponerle las comidas favoritas del difunto el Día de los Muertos, Cisneros tuvo la idea de montarla encima de una cama. “Es el dormitorio de mi madre y su jardín, juntos”, dice simplemente, dedicado a los últimos 10 años de la vida de su madre cuando tenía un cuarto para ella sola tras la muerte de su marido. “Cualquier cosa que se hace con amor en honor a otra persona, con todo tu corazón, siempre sale bonito”.

La escritora y algunos de sus hermanos pintaron color turquesa la cabecera de una cama de la casa y la decoraron con flores —rosas y dalias— que eran la pasión de su mamá. Además, la decoraron con los nombres con que le habían llamado toda su vida, entre ellos “Mom” y Elvira.

“El acto de crear este dormitorio, [ha sido] transformativo”, dice Cisneros. Ella recogió de la casa cositas que le pertenecían a su madre, recogiendo así el espíritu de ella que “habitaba” en el dormitorio y el jardín.

El proceso también la ha acercado aún más a la tradición mexicana.

“Lo que amo de México es que los mexicanos coexisten con la muerte. No le tienen miedo”, comenta. “Es una comunicación a diario… una familiaridad con la muerte”.

Entonces, dice algo inesperado: “Deseo morirme en México. Es el lugar más maravilloso en donde morir”.

Agrega, “Aquí en Estados Unidos te entierran y se olvidan de ti. Pero en México piensan en ti todos los días…existe lo que yo llamo ‘una maduración espiritual’”. 

Ese lazo especial que tiene con México se ha convertido en algo más: una vida diaria en ese país. Después de años viviendo en San Antonio, Texas, la escritora ahora vive en Guanajuato, de donde proviene la familia de su madre.

Cisneros dice que también mantiene una fuerte conexión espiritual con su mamá. “Mi madre en la vida real era tremenda, una fuerza de la naturaleza”. Su mamá quería ser artista pero la dura realidad la convirtió en ama de casa, y a veces chocaba con su única hija. Sin embargo, al momento de fallecer su madre, Cisneros sintió y empezó a reconocer la dulzura y ternura que existían dentro del espíritu de Elvira. “Ella era muy espiritual,” aunque no practicaba ninguna religión formal, dice.

La pérdida de su madre sigue resaltando en la vida artística de Cisneros: “Cuando estás de duelo, tu espíritu se muere. Hacer algo creativo es lo que alimenta al espíritu. Montar la ofrenda fue un acto tan divertido y tan alegre”.

El altar se presentó en el National Hispanic Cultural Center en Albuquerque, Nuevo México, y se espera que en otras ciudades sea destacado también. Entretanto, es una obra que honra a su madre y al amor.

 “Donde hay amor, está Dios”, dice Cisneros. “Esa es mi religión”.

Nota del editor: AARP se place en patrocinar la ofrenda de Sandra Cisneros en honor a su madre, cual altar formará parte de la exposición en la Institución Smithsonian desde el 1ro de noviembre del 2014 hasta el 12 de enero del 2015.

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