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5 claves para combatir la negatividad

Cómo ponerle punto final a malos pensamientos, ampliar tus horizontes y otros secretos de la felicidad.

Mujer de pie al aire libre riendo, Espiritualidad: 5 claves para ayudarle a dejar de lado la negatividad

Foto: Ocean/Corbis

Aprende a dejar atrás los malos momentos del pasado.

Los malos recuerdos, los apegos materiales y las relaciones difíciles son experiencias que con frecuencia nos pueden generar miedos y frustraciones. ¿Qué pasaría si pudiéramos dejarlas atrás?, ¿estaríamos listos para vivir sin culpas ni prejuicios? 

Tres expertos en el budismo ofrecen cinco consejos para “dejar ir” aquello que pesa sobre nuestros hombros, y así, darle paso a la felicidad.

1. Silencia tu mente

Cuando las opiniones y los sentimientos contradictorios que luchan en tu cabeza y corazón te causan sufrimiento, lo mejor es acallar la mente, dice Timber Hawkeye, autor de Buddhist Boot Camp. “Lo ideal es ser consciente de que tú eres solamente un observador de esta batalla entre ideas y que eso no te obliga a inclinarte hacia alguna en particular”, dice. “Tu ser ya sabe qué hacer, qué decir y cómo vivir de acuerdo a tus propios valores, es algo innato… La clave es dejar que tu interior sea quien hable”.

¿Cómo conseguir ese silencio? La meditación es una manera efectiva de acallar la mente, observar con serenidad y comunicarte con tu ser. Para empezar, Gustavo Estrada, autor de los libros Inner Harmony through Mindfulness Meditation y Hacia el Buda desde el occidente, recomienda:

  • Infórmate. Descubre los beneficios de la meditación mediante clases o consultando libros (en bibliotecas) y videos (en internet).
  • Define tu ritmo. Busca un lugar tranquilo y cómodo para empezar.
  • Ejercita la respiración. Cierra los ojos y concéntrate en tu respiración. Bastan 15 minutos al principio. Poco a poco serás más experto.
  • Conviértela en rutina. Así como te bañas diariamente, dedica unos minutos al día para recuperar el equilibrio natural de tu mente.

No hay una sola forma de meditar, según Hawkeye, ya que puedes hacerlo mientras trotas, pintas o arreglas el jardín. El éxito, dice, está en tu esfuerzo para desprenderte de lo negativo y lograr calma y serenidad.

2. Dile adiós al pasado

“No podemos recibir los regalos de hoy si tenemos las manos ocupadas sosteniendo las historias de ayer”, explica metafóricamente Hawkeye. “No es necesario aprender a dejar ir a aquellos pensamientos, personas o situaciones que te incomodan, basta con admitir que ya no forman parte de tu vida… Solamente así dejarás de pensar como víctima (esto me pasó ‘a mí’) para pensar como aprendiz (esto sucedió ‘para mí’)”. Tu tarea consiste en ponerle punto final y pasar la página.

¿Cómo lograr este desprendimiento? Juan Manzanera —quien fue monje budista durante 12 años y es psicólogo clínico y maestro de meditación en Madrid (España) — ofrece estos pasos:

  • Ten consciencia. Identifica qué es lo que no has superado y te impide ser feliz.
  • No seas la víctima. Entiende tu pasado como un proceso de aprendizaje.
  • Déjalo ir. No busques justificaciones para volver a lo que te incomoda.
  • Concéntrate en lo bueno. No te centres en el dolor que te causa “desprenderte” de algo. Enfócate en lo positivo de lo que significa esta renovación.

3. Amplía tu horizonte

Desligarte del pasado implica cambiar de rutinas, de espacios y de opiniones. Esto podría generarte tristeza o desazón, pero pronto descubrirás que estás abriéndote a nuevas experiencias y puntos de vista.

Analiza si te incomoda algún aspecto de tu vida o del mundo. De ser así, es importante reconocer tu derecho y libertad de alterar dicho aspecto. “Debemos aprender que el dolor físico muchas veces es inevitable, pero el sufrimiento emocional, en cambio, siempre es opcional”, explica Estrada.

¿Cómo salir de tu zona de confort y ampliar tu horizonte? Manzanera aconseja que te pongas metas que realmente te importen y no te enfoques solamente en el éxito social o laboral. Se trata de conseguir tu felicidad, para ello:

  • Mantén viva tu ilusión: La edad no es excusa para perder interés por algo que antes disfrutabas.
  • Relaciónate más con los demás. Cada persona que conoces es una oportunidad de crecimiento.
  • Usa tus habilidades y virtudes. Reconoce tus capacidades, hazlas conscientes y busca actividades en las que puedas aprovecharlas.

 4. Responsabilízate de tus emociones

A veces queremos controlarlo todo, —que los demás sean como nosotros— creyendo que así las cosas saldrán como imaginamos. “Esta actitud solamente genera frustración e infelicidad”, dice Manzanera, porque el único comportamiento que puedes controlar es el tuyo. Para lograr emociones positivas y evitar decepciones en tu vida, no involucres a terceros en “la consecución de tu felicidad”, afirma

Hawkeye dice, además, que solamente cuando uno asume responsabilidad sobre lo bueno o lo malo que le suceda, podrá lidiar con gente y situaciones molestas sin que ello le afecte.

Para lograrlo, los expertos aconsejan:

  • Practica la tolerancia. Cada persona está condicionada por su infancia, cuerpo y mente.
  • Evita tomar las cosas de manera personal.
  • Comprende que nada es absoluto. Lo opuesto a tu punto de vista puede ser la verdad para alguien más.
  • Toma en cuenta que el sufrimiento es solamente falta de consciencia de ti mismo.

5. Encuentra tu razón de ser y ejercita tu mente

¿Qué hacer para mantener la mente activa y sin pensamientos negativos? Hawkeye nos cuenta que hay ancianos con más de 100 años que atribuyen su sana longevidad al hecho de tener "ikigai", una palabra japonesa que significa “razón de ser”. Si la razón de ser de una persona es su trabajo, seguro que sufrirá un fuerte golpe al jubilarse. Para contrarrestar este sentimiento Hawkeye aconseja realizar actividades que nos conecten con otros para así poder continuar sirviendo a los demás.

Por su parte, Estrada explica que el sudoku, los crucigramas, las charlas con amigos, o la meditación en grupo son maneras de hacer “gimnasia mental” que sirven para apagar los ruidos del sufrimiento. Además, dice, “servir a los demás es la mayor fuente de felicidad”.

Ahora, piensa: ¿cuál es mi “ikigai”?

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