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Los 5 remordimientos más comunes que las personas tienen antes de morir

No tener el valor de ser uno mismo es uno de ellos.

5 remordimientos comunes antes de morir - Madre e hija miran hacia el horizonte

Foto: Thomas Tolstrup/Getty Images

In English | Mi experiencia de trabajo en cuidados paliativos es de muchos años. Mis pacientes eran personas que se habían decidido morir en casa. Compartí momentos increíblemente especiales con ellos. Estuve a su lado en las últimas semanas de su vida.

Las personas crecen bastante cuando enfrentan su propia mortalidad. Aprendí a no menospreciar la capacidad de crecimiento de la gente. Algunos cambios que observé fueron increíbles. Todos mis pacientes pasaron por una suerte de emociones profundas, como se esperaba: negación, temor, enojo, arrepentimiento, más negación y, finalmente, aceptación. Es decir, todos sintieron paz antes de partir. Absolutamente todos.

Surgían temas en común cuando se les preguntaba si se arrepentían de algo o si había algo que harían de otra manera, si tuvieran la oportunidad. Estos son los cinco más comunes:

1. Ojalá hubiera tenido el valor suficiente para vivir la vida que yo quería vivir, no la que los demás esperaban de mí. Este es el arrepentimiento más común. Cuando la gente se da cuenta de que su vida está a punto de concluir y la analiza retrospectivamente con más claridad, es fácil ver cuántos sueños quedaron sin cumplir. La mayoría no cumplió ni la mitad de sus sueños y tuvo que morir sabiendo que no los cumplieron por decisiones que tomaron —o dejaron de tomar— ellos mismos.

Es importante tratar de cumplir, al menos, algunos sueños en el transcurso de una vida. Una vez que uno pierde la salud, es demasiado tarde. La salud otorga una libertad que muy pocos se dan cuenta y valoran, sino hasta que la pierden.

2. Ojalá no hubiera trabajado tanto. Esto lo dijeron todos mis pacientes varones. Se perdieron de disfrutar la niñez de sus hijos y la compañía de su pareja. Las mujeres también hablaron de este remordimiento, pero como la mayoría pertenecía a una generación anterior, muchas de mis pacientes no eran “el sostén” de familia. Los hombres que buscaron mi consulta estaban profundamente arrepentidos de haber dedicado tanto tiempo exclusivamente al trabajo.

Si simplificas tu estilo de vida y tomas decisiones más conscientes, es posible que no necesites los ingresos que crees necesitar. Y al generar más espacio en tu vida, serás más feliz y estarás abierto a nuevas oportunidades, que sean más acordes con tu nuevo estilo de vida.

3. Ojalá hubiera tenido valor para expresar mis sentimientos. La mayoría de mis pacientes decía haber reprimido sus sentimientos con el fin de llevarse bien con los demás. Como resultado de ello, se sometieron a una existencia mediocre y nunca llegaron a ser quienes verdaderamente hubieran sido capaces de ser. La mayoría desarrolló enfermedades relacionadas con la amargura y el resentimiento que les generó esa decisión.

No podemos controlar las reacciones de los demás. Cuando uno deja de actuar como solía hacerlo y comienza a comportarse y expresarse tal cual es y siente verdaderamente, alguien podría interpretar que uno cambió su forma de ser, y podría reaccionar como consecuencia de ese cambio. Esto puede llevar esa relación a un nuevo nivel, mucho más sano, o debilitarla hasta terminar con ella. Cualquiera que sea el caso, uno termina ganando.

4. Ojalá hubiera mantenido el contacto con mis amigos. Mis pacientes, normalmente, no tomaban conciencia de los beneficios que tiene el poder contar con las viejas amistades, sino hasta sus últimas semanas de vida y, para entonces, no siempre era posible ubicar viejos amigos. La mayoría de mis pacientes había quedado tan atrapada en el laberinto de su propia vida que dejó que se desvanecieran en el tiempo valiosas amistades. Se observaba un profundo remordimiento de su parte por no haber dedicado a las amistades el tiempo y el esfuerzo que se merecían. Todos extrañan a sus amigos cuando se están muriendo.

Es común que cualquiera que tenga una vida muy agitada, sin tiempo “palpable” para dedicar a los amigos, deje desvanecer la amistad. Pero cuando hay que afrontar la proximidad de la propia muerte, los detalles físicos de la vida pasan a segundo plano. La gente quiere poner sus asuntos financieros en orden en la medida que sea posible. Pero para ellos no es importante ni el dinero ni su situación. Quieren poner las cosas en orden por el propio beneficio de sus seres queridos. Sin embargo, por lo general, están demasiado enfermos y cansados para hacerse cargo de esta tarea. Al final, todo se reduce al amor y a las relaciones con otros. Eso es todo lo que importa en las últimas semanas: el amor y las relaciones.

5. Ojalá me hubiera permitido ser más feliz. Este es un sentimiento sorprendentemente común. La mayoría no se había percatado de que la felicidad era una decisión personal, un estado mental, sino hasta que había llegado el final de su propia existencia. Quedaron aferrados a viejas pautas y hábitos. La denominada “comodidad” de lo que es familiar inundó sus emociones y su vida física. El temor al cambio los llevó a simular, ante los demás y ante ellos mismos, que eran felices, cuando en el fondo, lo que deseaban era volver a reír y disfrutar de las cosas simples de la vida.

Cuando alguien está en su lecho de muerte, no ocupa su mente en lo que los demás piensen de el. Qué maravilloso poder dejar esas cosas de lado y volver a sonreír, pero mucho antes de estar cerca de la muerte.

La vida es una elección. Es tu vida. Elige a conciencia, elige sabiamente y con sinceridad. Elige la felicidad.

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