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5 tendencias en el diseño de hogares para adultos mayores que surgen por la pandemia

Debido a la COVID-19, hay un mayor interés en los espacios al aire libre, la infraestructura tecnológica, la calidad del aire y más.

Personas sentadas en un comedor informal

Cortesía HKS

Área para comidas informales en Watercrest Sarasota en Sarasota, Florida.

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La COVID-19 no cambió solamente la forma en que socializamos y trabajamos. También está afectando los espacios donde vivimos.

La pandemia ha obligado a los arquitectos y los planificadores de comunidades para jubilados, establecimientos de cuidados a largo plazo, hogares de ancianos y centros de vida asistida a reconsiderar sus diseños, especialmente ahora, cuando los residentes y sus familias esperan contar con espacios más seguros y flexibles.

Cuando la población envejece, aumentan las expectativas. De acuerdo con la Oficina del Censo de Estados Unidos, para el 2030 todos los baby boomers —73 millones de personas más o menos— tendrán más de 65 años.

“Lamentablemente, la industria [de residencias para adultos mayores] es excelente en cuidar a las personas, pero no está tan enfocada en ocuparse de sus edificios”, dice Dana Wollschlager, socia y líder de práctica en Plante Moran Living Forward, una empresa asesora de desarrollo de centros de vivienda para adultos mayores con sede en Chicago. “La COVID ha obligado realmente [a las comunidades] a priorizar sus inversiones”.

Eso es particularmente esencial si se tiene en cuenta que el 42% de las comunidades para adultos mayores tienen más de 25 años, según Wollschlager. “Están diciendo: ‘Ay, Dios mío, tenemos que mejorar’”, comenta.


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Estas son cinco de las tendencias principales en el diseño de espacios habitables para adultos mayores que surgieron o se aceleraron a raíz de la pandemia:

1. Nuevas inversiones en tecnología

La crisis de COVID-19 puso de manifiesto deficiencias en la infraestructura tecnológica y la conectividad, las cuales aislaron del mundo exterior a muchos residentes de comunidades para adultos mayores y hogares de ancianos durante el peor momento de la pandemia. A muchos les resultó imposible ver a amigos o familiares —ni siquiera en pantallas—, lo cual intensificó la sensación de soledad y aislamiento de los residentes de los centros de cuidados a largo plazo. Esa sensación persistió, incluso cuando algunos centros permitieron una mayor interacción.

Algunos estudios que indican que el aislamiento y la soledad están asociados con un mayor riesgo de demencia, de derrame cerebral y de muerte en los pacientes con insuficiencia cardíaca.

“La tecnología y la infraestructura son clave”, dice Wollschlager. “Nuestra industria ha postergado estas mejoras durante mucho tiempo porque son costosas, complicadas, y la tecnología cambia constantemente”.

Para asegurar que los residentes tengan acceso rápido e ininterrumpido a llamadas por Zoom, consultas de telemedicina y otros servicios en línea, las comunidades están ampliando el ancho de banda y eliminando los puntos sin señal.

Esta mejor infraestructura tecnológica ha ayudado a que las comunidades mantengan a los residentes activos e interesados, incluso durante períodos de cuarentena.

La comunidad para jubilados John Knox Village en Pompano Beach, Florida, por ejemplo, ha creado videos internos con consejos culinarios de su chef ejecutivo, programas de acondicionamiento físico y otro contenido, que “enriquecen las vidas” de los residentes y se transmiten por el canal de televisión comunitario de la propiedad, dice Monica McAfee, directora de mercadeo y ejecutiva de innovación del centro.

Las tecnologías de manos libres —como las puertas de acceso sin contacto— también se están volviendo más comunes. Mientras tanto, las tecnologías de voz permiten que los residentes hagan pedidos de mantenimiento, realicen el seguimiento de las actividades diarias, configuren recordatorios para tomar medicamentos y reciban información de seguridad sobre la COVID-19, entre otras cosas.

Personas conversan en la sala de un apartamento

Cortesía HKS

Espacios de vivienda en Legacy Midtown Park, en Dallas.

2. Nuevo diseño de las áreas habitables

“Lo más importante que ha demostrado la COVID es que los espacios pequeños son mejores, tanto desde la perspectiva de seguridad como en el aspecto social”, dice la arquitecta y gerontóloga Alexis Denton, directora asociada en la empresa global Perkins Eastman, en San Francisco.

Para que los ambientes parezcan menos institucionales y se perciban más como espacios hogareños, los diseños están adoptando un enfoque de pequeños “vecindarios” de residentes en los que se agrupan 10 o 12 suites a fin de limitar la cantidad de personal y de residentes —así como el flujo de aire— en las áreas comunes. Las comunidades de vida independiente y de vida asistida pueden enfocarse en zonas comunes descentralizadas a escala más pequeña, en vez de en grandes espacios comunes que comparte todo el edificio.

Esta tendencia comenzó hace varios años en los centros de enfermería especializada y ahora se está trasladando a las áreas de convivencia en los centros de vida independiente y de vida asistida, ya que permite un mejor control de las infecciones y promueve un mayor sentido de comunidad.

La iniciativa Green House Project, con sede en Nueva Jersey, se especializa en esta tendencia. La organización sin fines de lucro crea entornos de vida que son una alternativa a los hogares de ancianos tradicionales, y los diseña en forma diferente en cuanto al tamaño, el diseño del interior, la organización estructural, las pautas para el personal y otras características, todo ello orientado a que parezcan y se sientan como un “verdadero” hogar.

La pandemia también modificó la forma en que los arquitectos y los diseñadores consideran los espacios donde se come. Para estar al día con la popular tendencia de las comidas para llevar, Wollschlager dice que los diseñadores están creando rincones en espacios de estar más pequeños que ofrecen un lugar donde comer, algo en lo que no se había pensado antes de la COVID, cuando la comida se servía por grupos en los comedores comunitarios.

“Durante meses, los residentes debieron comer en su habitación, de modo que si es necesario volver a eso”, dice, “ahora tendrán un lugar donde hacerlo”.

Al mismo tiempo, los espacios de usos múltiples se están trasladando desde el centro o la parte trasera de un complejo a la parte delantera, de modo que hay más lugar para crear espacios de visita subdivididos, los cuales se pueden aislar de otras áreas.

“Los visitantes no tienen que acceder hasta el interior del centro y exponer a otros o exponerse ellos mismos al virus”, dice Grant Warner, un director de HKS, una empresa internacional de arquitectura y diseño con sede en Dallas.

Warner, un miembro de la división de viviendas para adultos mayores de la empresa, agrega que los nuevos diseños de los hogares de ancianos se asemejan más a una residencia típica: “No invitaríamos a alguien a que entre directamente a nuestro dormitorio. Lo invitaríamos a nuestra sala o cuarto de estar”.

Los espacios de usos múltiples también se utilizan para ponerse y quitarse el equipo de protección personal, evaluar y realizar pruebas a los visitantes, proveer alojamiento para los trabajadores temporales y realizar actividades de difusión pública.

Una pareja cena en un restaurante

Cortesía HKS

Área de comedor y espacio al aire libre en Legacy Midtown Park, en Dallas.

3. Mejoramiento de la calidad del aire

Dado que la COVID-19 es principalmente una enfermedad que se transmite a través del aire, las familias están más informadas y hacen más preguntas sobre los sistemas mecánicos que controlan la filtración y la purificación del aire. La contaminación del aire puede agravar el asma, las enfermedades pulmonares y otros trastornos crónicos de la salud en los adultos mayores, lo que los pone en alto riesgo si contraen el virus.

La buena noticia, dice Warner, es que las comunidades de adultos mayores están prestando más atención a la calidad del aire. En muchos casos, se están agregando filtros electrostáticos —que atraen las partículas víricas y las destruyen— a sistemas existentes, cuando el presupuesto no permite modernizar el sistema completo.

4. Diseños centrados en el bienestar

Los espacios habitables y el modo en que funcionan afectan directamente la salud de los adultos mayores. Un estudio llevado a cabo por la empresa de investigación Mathematica en el 2021 reveló que, durante la primera parte de la pandemia, los residentes de los hogares de ancianos fueron mucho más propensos a experimentar depresión, pérdida sustancial de peso, incontinencia y deterioro cognitivo, incluso si no habían contraído el virus.

“Cuando no hay interacción social directa, se produce un efecto directo en la salud”, dice Denton. “Desde el punto de vista del diseño, se trata de concentrarse en niveles de interacción a menor escala para que las personas puedan relacionarse en forma segura durante una pandemia”.

Además de priorizar los tonos de colores relajantes, los arquitectos y los diseñadores están incorporando más iluminación y materiales naturales para estimular la salud mental y física, una relación que está documentada por las investigaciones.

Mujer mayor sostiene un bebé en su habitación mientras la mamá le habla

Cortesía HKS

Espacio de convivencia en The Vista at CC Young Senior Living, en Dallas.

5. Más espacios en el interior y al aire libre

Los centros están creando áreas al aire libre que permiten socializar y realizar actividades manteniendo el distanciamiento. Con frecuencia, estos espacios incluyen lámparas de calor y otros equipamientos para mitigar las temperaturas y crear un ambiente agradable en todas las estaciones.

“Ahora, se las considera más habitaciones exteriores que espacios al aire libre”, dice Denton.

Para traer más luz natural al interior, los balcones ya no se consideran un inconveniente tan grande para los apartamentos de vida asistida, ya que los residentes pueden usarlos periódicamente, incluso durante un confinamiento, para “pasar más tiempo al aire libre, reunirse con su familia y socializar entre ellos”, dice Warner.

Los nuevos diseños, el énfasis en el bienestar, la limitación de la propagación de enfermedades y el rediseño a raíz de la COVID-19 están transformando poco a poco los espacios habitables para los adultos mayores, al menos en algunos lugares. “Lo que tenemos hoy es mejor de lo que teníamos hace 20 años”, dice Wollschlager, “y va a ser mejor dentro de 10 años”.

Robin L. Flanigan colabora con artículos sobre salud mental, educación y temas de interés humano para varias publicaciones nacionales. Su trabajo también se ha publicado en PeopleUSA Today y Education Week. Es autora del libro infantil M is for Mindful.