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Johnny Cash, 90 años después

El hijo de esta leyenda de la música ‘country’ escribe sobre el legado perdurable de su música e imagen.

Johnny Cash en el programa The Johnny Cash Show.

ABC Photo Archives/Disney General Entertainment Content via Getty Images

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Este ensayo es parte de una serie sobre música ‘country’ de AARP en honor a la patria.

¿Por qué la vida y la música de mi padre tienen un impacto tan perdurable hasta hoy en día? En el año en que hubiera cumplido 90, ¿por qué sigue tan presente su imagen en la mente y el corazón de sus leales aficionados en todo el mundo?

Johnny Cash empezó a tocar música en 1955 al regresar de Alemania Occidental después de haber servido tres años en la Fuerza Aérea. Sus primeros discos produjeron un efecto perdurable en toda la música y cultura nacional. Fue partícipe del nacimiento del rock ’n’ roll y se convirtió en uno de los artistas de música country de mayor éxito de todos los tiempos. Actuó ante millones de personas durante su carrera itinerante de más de 40 años, con espectáculos agotados desde el oeste de Australia hasta el oeste de Ohio, desde Fairbanks hasta Singapur.


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En todos los ámbitos sociales, los aficionados a la música aman su obra. Cantaba canciones sobre la persona común, canciones sobre la verdad interna, canciones que contaban relatos, canciones que profesaban su fe en Dios, canciones de amor y canciones con historias. A diferencia de algunos de sus colegas, era un poeta consumado y compuso gran parte de su música grabada. Pero no es solo la música lo que todavía hace que el público se sienta atraído por la vida de mi padre después de todos estos años. Es su imagen, su seducción y misterio. Lo que lo definió fueron las paradojas.

Mi padre era famoso por vestir siempre de negro. Mi madre decía que lo hacía para ocultar la verdad de que su ropa estaba sucia. Desde ya que eso no era todo. Su canción “Man in Black” (enlace en inglés) nos da una pista del razonamiento que justifica su imagen sombría:

Voy de negro por los pobres y también por los vencidos
Que viven en el lado hambriento y desesperado de la ciudad
Lo llevo por el prisionero que hace mucho que pagó por sus crímenes
Pero sigue encerrado porque es una víctima de su tiempo

Mi padre era el paladín de los que no podían defenderse o de los que no lo hacían por sí mismos, de los que sufrían la adversidad fuera de la mirada del público, como los prisioneros, los nativos estadounidenses, los granjeros y la gente trabajadora. Muchas veces fui testigo de su abnegación. Daba sin pensar en nada a cambio y hacía un esfuerzo extra por los necesitados. Siempre estaba atento a las distintas maneras de ayudar al prójimo. En cierto modo era como un padre para incontables personas, ya que ofrecía apoyo y sabiduría a quienes lo necesitaban.

Hay muchos artistas y músicos destacados a quienes se quiere imitar. Por ejemplo, muchos dirán: “Si tan solo pudiera componer como Bob Dylan” o “Quiero cantar como George Strait”. Pero los aspirantes a artista quieren ser Johnny Cash. Quieren ser respetados e infundir asombro en el público que los escucha o los ve actuar. Pero eso no es cosa fácil ni puede lograrse con la mera imitación. Mi padre era único en su género, y su atractivo singular y cautivador lo convirtió en quien era. El don de la originalidad no es algo que se reproduce con la copia ni la parodia.

Él realmente creía en lo que decía y lo que representaba. Estaba convencido de que su misión en la vida era compartir su fe con los que buscaban una respuesta y jamás dudó en identificarse como cristiano, aunque significara que sus álbumes se vendieran menos o que perdiera popularidad. Y aun así este hombre podía presentarse en el escenario e interpretar una canción como “Cocaine Blues”, encendiendo la llama de la rebelión hasta en el espectador más sosegado, seguida de “Peace in the Valley” sin vacilación alguna.


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Johnny Cash (derecha) actúa en el escenario con su hijo John Carter Cash en el Nighttown de Róterdam, Países Bajos, el 30 de junio de 1994.

Rob Verhorst/Redferns

Johnny Cash (derecha) en el escenario con su hijo John Carter Cash en el Nighttown de Róterdam, Países Bajos, el 30 de junio de 1994.

Mi padre todavía ocupa un lugar especial en el corazón de muchos porque era una persona genuina. Para llegar a Johnny Cash, hay que pelar la primera capa y uno se encuentra con algo más. Se rodeaba de capas voluminosas y era casi imposible predecir lo que se podría hallar a continuación.

En efecto, ahora el mundo está plagado de aquellos que desnudan su vida personal para acaparar más atención y perpetúan rumores por las redes sociales y los titulares periodísticos. En su mayor parte los impulsa el egoísmo. Mi padre también estaba siempre dispuesto a mostrar sus fracasos, donde se había quedado corto. Pero su actitud humilde no era por egoísmo puro. Compuso sobre su sufrimiento con la adicción, confesó que había herido incluso a los seres que más amaba y manifestó cómo podría haber vivido una vida mejor. Estaba dispuesto a destapar sus defectos para ayudar a otros, para que quizás, al ver que una persona tan poderosa y exitosa como él había cometido errores, otros pudieran evitarlos. No cabe duda de que era auténtico. La bondad marcaba su rumbo.

Por eso, en última instancia, su imagen y su música siguen siendo válidas porque afectan profundamente. Todavía nos conmueve con su franqueza y transparencia sincera. Al conocer la vida de mi padre, es posible que muchos descubran el valor y la esperanza para abrirse paso por las dificultades de la vida. Mi padre decía que el legado más importante que esperaba dejar era el de haber sido un buen padre. Me da mucha alegría pensar que la sabiduría que le impartió la vida pueda ser descubierta y aplicada por los que buscan su paternal orientación. De ese modo, el valor de su vida no queda corto.

John Carter Cash, 52, es cantautor y productor. Es el único hijo de Johnny Cash y June Carter. Johnny Cash nació en 1932 y falleció en el 2003.