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Pete Escovedo: pintor autodidacta

El legendario percusionista de origen mexicano es también un renombrado artista plástico.

Pete Escovedo en su taller de pintura

Cortesía de Pete Escovedo

Pete Escovedo en su taller de pintura en el garaje de casa en Los Ángeles.

La casa en Los Ángeles donde Pete Escovedo vive con Juanita, su esposa de toda la vida, es claramente un espacio habitado por un músico. En la sala, algunos instrumentos de percusión se confunden con estanterías llenas de discos de vinilo y CDs. Tito Puente convive con Cal Tjader, dado que el gusto musical de Escovedo refleja su propia legendaria carrera como timbalero y director de orquesta, fusionando la música bailable afrocaribeña con el jazz latino.


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Pero basta con entrar un instante al garaje de la vivienda para entender que en este espacio se cultiva otro tipo de arte. En el centro hay un caballete con un bastidor y pinturas de óleo esperando que llegue la noche y con ella la inspiración. Alrededor de las paredes, docenas de cuadros terminados esperan su turno para ser vendidos o trasladados a una exposición.

Escovedo pinta de noche, cuando no hace demasiado calor. Su esposa está acostumbrada a su ausencia durante las primeras horas de la madrugada. Es entonces —cuando su jornada como músico profesional ha llegado a su fin— que el percusionista se concentra en una pasión que lo alimenta desde la adolescencia. Los cuadros, óleos y acrílicos, se caracterizan por sus colores primarios, la técnica autodidacta y la permanente presencia de mujeres de ojos tristes y rasgos afilados. Otras pinturas son abstractas, enfatizando la rica relación que nutre a Escovedo con los colores fuertes, por momentos aun feroces.

Cuadros de Pete Escovedo - Vases Table and Window, The Mask

Cortesía de Pete Escovedo

Obras de Pete Escovedo: Vases Table and Window, 2004 (izq.), y The Mask, 2005 (der.).

“Empecé a pintar a los 15 años”, cuenta el músico después de mover cuidadosamente los bastidores arrumbados para permitirme ver algunas de sus obras. “En la secundaria no era un buen alumno. Siempre me escapaba de la escuela, pero me gustaba sentarme a hacer bosquejos”, admite con una sonrisa de filósofo.

Fue una maestra de la secundaria en el norte de California que le cambió la vida; una señora mayor que reconoció su talento y le preguntó al joven Pete si había alguna manera de mantenerlo cerca de la escuela. “Le dije que me quedaría en la secundaria si pudiera tomar más clases de arte”, recuerda. “Entonces la maestra me enseñó a dibujar, además de darme acceso a un cuarto con materiales de pintura. Me dijo que le gustaba mi estilo, que prefería no darme clases de técnica para permitir que desarrollara mi propia manera de pintar”.

La maestra le ofreció a Pete conectarlo con una beca para estudiar arte, además de llevarlo a una agencia de publicidad. Pero el amor a la música pudo más y Escovedo dejó la secundaria en el decimoprimer grado para ser un timbalero profesional.

Cuadros de Pete Escovedo - Bird of Paradise, Cafe de Madrid

Obras de Pete Escovedo: Bird of Paradise, 1988 (izq.), y Cafe de Madrid, 1980 (der.).

Afortunadamente, el interés por la pintura no lo dejó en paz. “Allá por los años 70 conocí a la dueña de una galería de arte que me invitó a mostrar mi obra en público”, cuenta, su voz reflejando todavía la sorpresa del momento. “Le dije que pintaba por placer, para regalar mis cuadros a seres queridos, pero igual acepté la invitación. Fue algo increíble, porque terminé vendiendo unas 50 pinturas. Por primera vez me percaté de que algo de talento debía tener para que la gente quisiera comprar mis creaciones”.

“La obra pictórica de Pete Escovedo me remite a la noción más romántica de lo que significa ser pintor”, explica Atilio Pernisco, profesor de arte contemporáneo graduado de la Claremont Graduate University. “Es un hombre renacentista, un músico que quiere pintar y trabaja con composiciones cuidadas y colores vibrantes. Su obra me recuerda a los muralistas latinoamericanos. En su faceta más abstracta, se nota su anhelo por no perder las ideas y ambiciones de la juventud”.

Durante el verano, el pintor exhibió unos 25 cuadros en la galería Sanchez Contemporary de Oakland. En el trayecto lo acompañaron su esposa y uno de sus hijos, dado que Escovedo también ofreció un concierto. “Escovedo es un hombre muy talentoso, evidentemente no sólo en el campo musical”, dice María Sanchez, dueña de la galería que exhibió las pinturas del timbalero. “Sus cuadros son hermosos y demuestran que no se necesita tener el pedigrí de una universidad para ser una fuerza creativa. A veces los artistas autodidactas son más talentosos que los académicos. En su obra veo alma y corazón”.

Cuadros de Pete Escovedo - Children of the World, Jam Session

Cortesía de Pete Escovedo

Obras de Pete Escovedo: Children of the World, 2005 (izq.), y Jam Session, 2005 (der.).

Al terminar la exhibición, Sanchez expresó su gratitud. “A nuestra comunidad le encantó la exhibición. Mucha gente no sabía que el Sr. Escovedo también es un pintor prolífico. Tener la oportunidad de compartir su arte con la comunidad de Oakland fue un gran privilegio”.

Curiosamente, Escovedo no escucha música mientras pinta. “Me gusta el silencio”, dice, agregando que la primera persona que lo representó como pintor le dijo que su estilo era muralista. Pero mientras que la música de Escovedo pertenece claramente al jazz latino, su pintura fluye libremente, lejos de cualquier encasillamiento.

“A veces me preguntan cómo explico mi arte”, dice mientras apoya los bastidores contra la pared de su estudio. “Pero no lo puedo explicar. Mi visión surge desde el interior y cobra vida una vez que empiezo a pintar. Si pienso demasiado en el concepto, es un problema. Solo si una pintura fluye naturalmente de mi ser, entiendo que será apreciada genuinamente por la persona que la compre y la cuelgue en las paredes de su casa”.

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