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Oscar D'León está en un apogeo creativo

El salsero venezolano lanza un nuevo sencillo, y asegura que vienen más.

Óscar D'León

Elio Escalante

Oscar D'León descubrió la producción musical digital y viene con más de su talento a los 75 años.

A los 75 años, Oscar D’León es uno de los pocos cantantes de la era clásica de la salsa que continúa disfrutando de un apogeo creativo. Recientemente, el cantante venezolano aprendió a usar programas de computación para componer y arreglar canciones. Su más reciente sencillo —lanzado digitalmente— marca un formidable regreso al sonido que lo hizo famoso, con las cálidas sonoridades de los trombones y una percusión afilada, al mejor estilo afrocubano. AARP en español habló con D’León sobre su régimen de salud y su época como taxista en la Caracas de los años 70, entre otros temas.

Después de muchos años, regresaste al estudio de grabación con el sencillo “Mi anhelo”. ¿Cómo se te ocurrió volver al sonido clásico de tu pasado?

Fue a partir de una colaboración con mi compatriota Porfi Baloa, líder de Los Adolescentes. La idea es hacer un disco con ochos temas, cuatro suyos y cuatro míos. Si no se logra pronto, sacaré un disco aparte. “Mi anhelo” lo compuse y orquesté yo mismo y me complace saber que le fue muy bien en diferentes países. Hace tiempo que no tenía una producción propia.

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Durante los años 90 trabajaste con otros productores y tu sonido cambió. ¿Te arrepientes de esos discos?

No, de ninguna manera. Es parte del legado que uno va forjando, marcado por la colaboración con amigos y colegas. Yo estaba con la plena seguridad que el sonido lo defino yo, con mi música y dictando los arreglos a otros orquestadores. Ahora todo eso lo hago yo mismo en la computadora. Es un factor importante para regresar a ese sonido clásico.

Cuéntame sobre tu nueva manera de componer.

Soy un poco hiperactivo y no puedo estar en un salón de clases. Si estudio música, no le puedo prestar atención al profesor porque estoy pensando en tal tema o tal cosa. Siempre esperaba que algún día surgiera un programa de computación que me ayudara a componer. Ahora hay muchos. Nada más que con mi lógica musical y preguntando por aquí y por allá, me he ido haciendo un veterano en el asunto de los arreglos. Con el iPhone hago la musa, desarrollando la idea inicial. Después voy hilvanando la melodía y los arreglos en la computadora. En un par de años, he almacenado más de 80 temas inéditos.

Es increíble la energía que tienes en concierto. ¿Cómo haces para mantenerte tan activo y sobrellevar el trajín de las giras?

Mi programa consiste en dormir bastante, combinado con la inquietud musical y el ejercicio, que no puede faltar. Hace unas horas estuve en el gimnasio. Así transcurre mi día a día, con mucha tranquilidad en casa. Afortunadamente, mi mujer preparó la casa como para que yo esté muy cómodo. Tengo mi oficinita, donde paso toda la noche trabajando, hasta la mañana. También veo mucho béisbol, que me encanta. Soy seguidor de los Yankees. Tomo vitaminas y suplementos para mantenerme bien, sin agotamiento.

¿Qué momentos de tu infancia recuerdas con mayor intensidad?

Recuerdo toda la infancia, porque en mi casa había una fiesta prendida todos los días. Me casé con mi primera esposa desde muy temprano, a los 18. Tuve dos niños —que son los mayores— y pese a que trabajé en una empresa (una fábrica de General Motors en Caracas) entre 1962 y 1967, mi vida estuvo siempre ligada a la música y el deporte.

Además, manejabas un taxi en Caracas, y tocabas ritmos caribeños sobre el volante.

Así es [risas]. Era algo que no podía evitar. La música ha sido siempre para mí ese aliciente, esa vitalidad que necesita mi corazón. Hasta 1971, estuve inmerso en el taxi y también en el transporte escolar. Fue una etapa muy bonita porque me ligué a los niños. La sensibilidad de los pequeños es tan importante. Aprendí mucho de ellos, porque son sinceros y espontáneos.

¿Cómo era la vida en Caracas durante esa época?

Era una zafra mística. Había muchos clubes y unas orquestas espectaculares. El que pegaba en Venezuela, seguro que se expandía en otros países. La vida era divina, de mucho alborozo. Imagínate que todo eso lo añoro con tanta ansiedad. Ojalá vuelva otra vez.

De todos los cantantes de salsa, eres el único que además interpreta cumbias y merengues, boleros y rancheras. ¿Cómo surge este eclecticismo?

Cuando mi carrera alcanzó el nivel de popularidad al que había aspirado, empecé a fijarme en las banderas de todos los países latinos que la gente traía a mis conciertos. Me di cuenta que necesitaba montar números que fueran misiles. No tengo envidia ni egoísmo a la hora de interpretar temas de otros, con tal que sean un éxito. Muchos me han criticado, incluyendo mis hijos. ‘¿Por qué cantas rancheras?’ ‘¿Por qué no sólo salsa?’ Mi respuesta es simple: ‘¿Tú quieres tener la nevera siempre llena?’. Entonces canta de todo.

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