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Mario Grillo: “No hay nada más difícil que ser el hijo de una leyenda”

Machito Jr. recuerda con cariño la vida junto a su padre.

Machito y su familia

Cortesía de Mario Grillo

Machito al lado de su familia, y Mario Grillo, quien continúa el legado musical de su padre.

Machito fue el pionero, el padrino de la música que hoy llamamos salsa. Surgió de Cuba para conquistar el Palladium de Nueva York con los mambos, cha cha chás y boleros que interpretaba junto a su hermana, la magnífica Graciela. Quizás su contribución más importante fue un espíritu afable, una alegría contagiosa que pareciera salir a borbotones de todos sus discos. Durante sus últimos años, Machito contó con la presencia de su hijo, Mario “Machito Jr.” Grillo, como timbalero y director musical de su agrupación. Afortunadamente, Machito Jr. continúa dedicado a la importante misión de que la música de su padre sea recordada para siempre. Junto a Tito Puente Jr. y Tito Rodríguez Jr., se presenta en concierto como The Big 3 Palladium Orchestra.

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¿Cuáles son los primeros recuerdos que tiene de su padre?

En casa, papá preparaba el desayuno, almuerzo y cena. Piensa que mi mamá era unos 20 años más joven. Cuando se casaron, mi padre tendría unos 38 y mi madre era una blanquita de 19 años. Le dijo, ‘Lo único que tienes que hacer es verte bella. Yo haré todo lo demás’. Y efectivamente, hacía las compras, lavaba la ropa, barría el piso y cosía los dobladillos de los pantalones. Bendito. 

Unas semanas después de su fallecimiento, abrí la heladera en la casa de mi madre y vi que estaba vacía. Entonces la llevé a un supermercado y me di cuenta que era la primera vez que visitaba uno. Me dijo, ‘Con razón que tu papá estaba tanto tiempo haciendo compras. Estas tiendas son grandísimas’.

A mi papá lo llamábamos ‘Daddy Yes’. Nunca decía que no. La que nos disciplinaba era mi madre. Pero para nosotros, era genial. Mi papá nos llevaba al circo, al zoológico, a comer y comprarnos ropa. Era una fiesta que nos echaran de la casa.

¿Hubo un momento en el que se dio cuenta de que su padre era un genio musical?

Nunca lo supimos, hasta su muerte. No teníamos la menor idea. Para nosotros no era una estrella musical. Solo lo vimos en sus calzoncillos, con el pelo parado como Don King. Y tampoco nos importaba. Cuando terminaba una grabación, llegaba a casa con una caja de 25 discos. Los regalábamos en el vecindario, al carnicero y la tintorería. No los guardábamos. De la misma manera, cuando iba a su compañía discográfica —era Tico en ese momento— le pedíamos que nos trajera el último LP de Tito Puente, Joe Cuba o Joe Bataan. En casa no escuchábamos la música de Machito. ¿Para qué? Si vivía con nosotros. No nos dimos cuenta de quién era realmente.

¿Cuándo empezó a tocar con la orquesta de su padre?

Mi primer concierto fue a los 5 años. Parado en una silla, tocando un solo de timbales en el Palladium con la orquesta de Tito Puente. Empecé a tocar con mi padre a los 14 años, durante mi primer año en la secundaria. Una vez, Machito me dijo, ‘Esta semana faltarás a la escuela. Quiero que vengas de gira conmigo para conocer California’. Tocamos en Los Ángeles, San Diego y San Francisco. Seguí con él hasta su muerte, que fue justamente hace 34 años.

¿Es cierto que Machito falleció durante una gira en Londres?

Habíamos empezado una gira en Holanda, donde operaba nuestra disquera. Llegamos a Londres y tocamos la primera noche. Mi papá era un turista eterno; le encantaban los museos y los desfiles. Me dijo que nos levantáramos temprano para ir a Buckingham Palace y ver el cambio de la guardia. Le dije que teníamos dos semanas por delante, que se quedara descansando en su cuarto. Estábamos viajando con mi madre. Durante la noche tuvo un derrame cerebral, pero a la mañana estaba todavía coherente y podía hablar. ‘Cumple con estos conciertos’, me dijo. ‘Londres es la capital de Europa. Es importante que terminemos la gira bien’. Esperó a que llegaran mis hermanos, y después de verlos, falleció. Cancelamos el resto de la gira y volvimos a Nueva York. Durante un año entero, no toqué ni una sola nota, hasta que me llamó Dizzy Gillespie y la orquesta de Machito volvió a existir.

¿Nos diría algunas palabras sobre sus colegas Tito Puente Jr. y Tito Rodríguez Jr.?

No hay nada más difícil que ser el hijo de una leyenda. La gente piensa que uno es como Supermán, que puede detener un tren descarrilado con una mano. Aunque nosotros tres naciéramos de nuevo, nunca podríamos igualar los logros de nuestros padres. Estoy convencido de esto al 110%. Es injusto, y ellos dos entienden exactamente cómo es.

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