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'To Rome With Love’ revive la comedia de los 70 de Woody Allen

El director y guionista se muestra gracioso y reflexivo.

Director: Woody Allen
Clasificación: R. Duración: 102 minutos
Protagonistas: Woody Allen, Penelope Cruz, Alec Baldwin, Judy Davis

In English | Esta nueva comedia de Woody Allen puede interpretarse como lo más cercano a revivir su época más cómica, la de los años 70, y debemos festejarla como tal. Es más, los últimos 15 minutos de To Rome With Love (A Roma con amor) alcanzan niveles de absurda hilaridad “allenesca” que no habíamos visto desde Sleeper (El dormilón), en 1973.

Vea también: Eva Longoria y Andy García en For Greater Glory.

Alessandro Tiberi, Roberto Della Casa y Penélope Cruz en una escena de la película de Woody Allen, To Rome with Love.

Foto cortesía de: Sony Pictures Classics

Alessandro Tiberi como Antonio, Roberto Della Casa como el tío Paolo y Penélope Cruz como Anna.

En To Rome With Love vemos cuatro películas de Woody Allen por el precio de una: cuatro historias contadas simultáneamente.

Un capítulo trata de un joven arquitecto estadounidense (Jesse Eisenberg) cuya novia (Greta Gerwig), con la que convive, invita quedarse con ellos a una ligera y seductora amiga (Ellen Page, de Juno). Obviamente, el arreglo se carga de tensión y el desafortunado hombre se encuentra en la difícil situación de tener que decidir entre la mujer sana que ama y la peligrosa, que no para de seducirlo. Recibe muchísimas advertencias (e ignora la mayoría de ellas) de Alec Baldwin, quien aparece como un surrealista y confidente que siempre está presente, una reminiscencia de las viejas visitas que hacía Humphrey Bogart al protagonista de Play It Again, Sam (Sueños de un seductor).

También conocemos a una pareja de recién casados (Alessandro Tiberi y Alessandra Mastronardi) que viven en el campo y llegan a Roma por primera vez. Él va a conocer a unos parientes ricos que le presentarán a un empresario que podría darle un muy buen trabajo. Pero las cosas se complican y todos terminan confundiendo a una prostituta de alto nivel (Penélope Cruz) con su esposa, y a él no le queda otra que dejar que sigan creyéndolo.

En algún otro rincón de Roma, un oficinista de clase media (Roberto Benigni), al abrir la puerta de su casa, se encuentra con un enjambre de cámaras de TV y micrófonos y de periodistas que lo apabullan preguntándole qué desayunó y cómo se afeitó. En las calles lo conocen todos y mujeres hermosas intentan seducirlo. Muy pronto, incluso antes de que lo revele el propio Allen, comprendemos que se trata de una sátira sobre la fama que alcanzan actualmente algunas celebridades —al estilo de Paris Hilton—, que, según lo explica alguien finalmente, la gente se hace famosa por ser famosa.

Por último, está la historia de Jerry, un productor de opera jubilado (Allen), que llega a Roma con su esposa (Judy Davis) con el fin de conocer al hombre con que quiere casarse su hija (Alison Pill). En una visita a la familia del muchacho, Jerry escucha al padre del novio (Fabio Armiliato, uno de los principales tenores de Italia) cantando en la ducha y se convence de que ha descubierto al sucesor de Caruso.

Siguiente: Roma es, a la vez, una repetición y algo completamente nuevo.  »

Si vuelve a leer los anteriores párrafos, se dará cuenta de que en estas cuatro historias Allen ha representado cuatro de sus papeles clásicos, que individualmente representan una etapa de su carrera cinematográfica de casi 50 años. En cada narración, los personajes añoran algo distinto en sus vidas, lo consiguen y luego enfrentan las consecuencias, para bien o para mal. Simplemente es el tipo de obra reflexiva que se espera de Allen de 76 años. La diferencia aquí es que él la realiza con un buen humor poco común, de principio a fin.

Alec Baldwin y Jesse Eisenberg en una escena de la película de Woody Allen, To Rome with Love.

Foto cotesía de: Sony Pictures Classics

Alec Baldwin interpreta a John y Jesse Eisenberg a Jack en To Rome With Love.

Como es normal en una comedia de Allen, las mujeres son pensativas y cómplices; los hombres son un desastre, pero tienen las mejores líneas del guión. (Maravillado por lo bien que suena el personaje de Armiliato en la ducha, Jerry dice que aunque por lo general no puede cantar ni una nota, cuando se mete en la ducha y se jabona: “¡Sueno como Eartha Kitt!”)

Todo esto se desarrolla con la “ciudad eterna” de trasfondo, y el cinematógrafo iraní Darius Khondji —como hiciera en Midnight in Paris (Medianoche en París) de Allen— prodiga a la ciudad toda la ternura y el cariño que le dedicaría a una actriz principal. Desde la Fontana di Trevi hasta el parque Borghese, la Roma de Khondji es, en cierto modo, cálida y monumental a la vez. Sentí deseos de ir directamente del teatro al aeropuerto y tomar el primer vuelo de Alitalia con destino al exterior.

To Rome With Love presenta algunos problemas estructurales menores. Mientras dos de las historias podrían desarrollarse en uno o dos días, las otras requerirían semanas o incluso meses para hacerlo. No obstante ello, Allen pasa constantemente de una a otra, generando algunos saltos cronológicos difíciles de seguir. Y las transiciones entre la fantasía y la farsa son igualmente desorientadoras. La película podría haber estado un poco mejor si las historias se hubieran contado episódicamente, como sucede en Paris Je T'Aime (París, te amo).

Pero ¿saben qué? No voy a decirle a Woody Allen qué hacer. Allen sigue siendo uno de los cineastas más reflexivos y divertidos, y To Rome With Love es una valiosa incorporación a su incomparable lista de realizaciones.

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