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Una guía al fascinante Castillo de San Marcos en Florida

El imponente fuerte en San Agustín es un monumento nacional enriquecido con 300 años de historia.

Castillo de San Marcos en San Agustín Florida

Dawna Moore/Alamy Stock Photo

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En 1702, una flota inglesa que salió de la Carolina colonial se aproximó al Castillo de San Marcos, un fuerte español en las soleadas costas de Florida. El fuerte, que protegía a la ciudad de San Agustín, era un importante puesto político de avanzada que resguardaba las rutas comerciales del imperio español. Los ingleses buscaban arrebatar esta guarnición a sus archienemigos, por lo que sus barcos sitiaron el lugar y bombardearon el fuerte durante dos meses con artillería de cañón, aunque sin resultados. A pesar de los feroces ataques, las paredes del fuerte no se derrumbaron ni se resquebrajaron. Por el contrario, las balas de cañón parecían alojarse en las paredes y causar daños menores, “como si se insertara un cuchillo en un trozo de queso”, observó un inglés. En su retirada, los ingleses incendiaron la ciudad, pero sus residentes permanecieron a salvo detrás de la mística protección del fuerte. Los ingleses volvieron a intentar en 1740, y otra vez las paredes infalibles volvieron a resistir, en contra de todas las probabilidades.

En la actualidad, el Castillo de San Marcos es el fuerte de mampostería más antiguo en el territorio continental de Estados Unidos que no ha sido capturado por la fuerza. Y ahora sabemos cuál es el secreto de su superpoder, las paredes del fuerte se construyeron con coquina, una roca sedimentaria porosa formada a partir de caparazones de moluscos muertos. Cuando recibían el golpe de una bala de cañón, las piezas de caparazón no se rompían, sino que se reacomodaban alrededor de la bala como si absorbieran el proyectil, lo que desconcertaba a los atacantes.

El Castillo de San Marcos, que se designó monumento nacional y museo en 1924, tiene más de 300 años de historia literalmente escrita sobre sus grises, porosas y gruesas paredes. Está ubicado en la notablemente antigua ciudad de San Agustín (fundada en 1565), sobre la bella bahía de Matanzas.

Antes de tu visita —o si no puedes visitar el castillo—, haz una excursión virtual creada por el Servicio de Parques Nacionales y University of South Florida Libraries; podrás “caminar” por la estructura y aprender a medida que recorres el sitio.

Lo último por COVID-19: en estos momentos, el Castillo de San Marcos tiene un límite de 350 visitantes, por lo que podría haber una fila para ingresar. De acuerdo con las pautas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), los visitantes deben usar mascarilla dentro de todos los edificios del parque, independientemente de si están vacunados o no. Visita el sitio web del parque para consultar las novedades más recientes.

Imagen aérea del Castillo de San Marcos

felixmizioznikov/Getty Images

Planea tu visita

Ubicación: 1 S. Castillo Drive en San Agustín, Florida.

Cómo llegar: el castillo está a poca distancia a pie del centro de la ciudad de San Agustín y cuenta con estacionamiento. Las empresas Old Town Trolley Tours y Red Train Tours ofrecen recorridos turísticos de San Agustín —en los que puedes subir y bajar del tranvía cuando quieras— que incluyen paradas en el fuerte.

Horario: abierto todos los días, de 8:45 a.m. a 4:45 p.m.; cerrado el día de Navidad.

Entrada: $15 por adulto, válida durante siete días consecutivos (el pase anual para adultos mayores (Annual Senior Pass) cuesta $20).

Visitas: todas las visitas son autoguiadas, pero hay guardaparques disponibles para responder preguntas.

Mejor temporada para visitar: desde mediados de septiembre hasta mediados de noviembre, cuando se reduce la cantidad de visitantes y disminuye el calor del verano. Evita los días de lluvia, ya que algunas de las atracciones del fuerte son al aire libre. En las tardes de verano puede subir mucho la temperatura y es posible que haya tormentas eléctricas.

Accesibilidad: quince de las dieciocho exhibiciones que rodean la Plaza de Armas son accesibles con silla de ruedas, pero lleva tu propia silla si crees que vas a necesitarla, porque el museo cuenta con solo una para casos de emergencia. Para acceder a la cubierta de armas es necesario subir escaleras.

Lo que verás

El ingeniero español Ignacio Daza diseñó el Castillo de San Marcos como un cuadrado hueco con bastiones en forma de rombo en cada una de las cuatro esquinas. Llamados San Pedro, San Carlos, San Agustín y San Pablo, los cuatro bastiones están conectados por gruesas paredes que daban a los soldados un buen panorama visual del área, particularmente del mar, desde donde los españoles calculaban que provendría la mayoría de los ataques. Desde los bastiones también podían dispararle al enemigo desde varias direcciones y crear un efecto de fuego cruzado. Las paredes —que tienen un espesor de entre 14 y 19 pies en la base y se van enangostando hacia arriba (hasta 9 pies en la parte superior)— se construyeron con más de 400,000 bloques de piedra coquina y proporcionaron la protección necesaria contra el enemigo.

Cuando compras los boletos de admisión a la entrada del castillo, te entregan un folleto con el detalle del recorrido autoguiado. Al ingresar por la puerta llamada Sally Port, verás las habitaciones de los soldados a tu derecha. Estas habitaciones con camas, mesas y sillas de madera abarrotadas contra las toscas paredes grises ayudan a imaginar la vida de los soldados comunes cuando hacían guardia. “Se suponía que la guarnición española en San Agustín debía ser de 300 soldados”, dice Jill Leverett, una guardaparques del fuerte, “pero por lo general había algo menos porque estaban en el medio de la nada”.

Los soldados no vivían en el fuerte —por lo general vivían en su hogar con su familia en San Agustín—, pero normalmente cumplían turnos de 24 horas de guardia dentro del castillo. Durante esos turnos, además de cumplir con las obligaciones de la guardia, dormían la siesta, jugaban juegos, buscaban calor junto a las chimeneas durante el invierno y cocinaban. Entrarás en una habitación con una mesa de comedor completamente preparada, colmada con un festín simulado de verduras, frutas, pan y vino. Allí cerca, un área que en su momento fue el alojamiento de los oficiales es ahora una librería donde se venden regalos y recuerdos, incluso trozos de piedra coquina.

En la Plaza de Armas, que es el patio del fuerte, verás uno de los tres aljibes originales, aún con agua fresca. El aljibe es un buen punto para comenzar a explorar varias exhibiciones en las habitaciones que rodean la plaza. A medida que sigues el recorrido autoguiado en el sentido de las agujas del reloj alrededor del patio, verás pósteres que te llevan en forma cronológica a través de la construcción y la historia del fuerte. Incendios, pudrimiento, tormentas, termitas y mareas destruyeron los primeros nueve fuertes de San Agustín, construidos con madera. Los españoles comenzaron entonces a construir este fuerte de piedra en 1672, un proyecto que se completó en 1695. Los historiadores creen que, al menos en parte, la mano de obra provino de obreros africanos (libres y esclavos) e indoamericanos de tribus locales (que recibían paga, pero estaban obligados a trabajar). Los obreros extrajeron más de 150 millones de libras de coquina, llevaron los bloques en barcazas al otro lado de la bahía y construyeron las paredes, todo en forma manual. En el siglo XVIII los españoles fortificaron aún más el castillo. No está claro si conocían las propiedades especiales de la coquina. “Es posible que no, y por eso hicieron las paredes tan gruesas”, dice Leverett.

Al continuar el recorrido autoguiado, verás salas de depósitos donde los españoles guardaban municiones, pólvora y herramientas, además de provisiones, como frijoles, maíz, harina y arroz. El cuarto de la pólvora es más bien un espacio estrecho con una puerta de aproximadamente tres pies de altura, que los niños con frecuencia exploran gateando. Varias habitaciones reflejan la historia del fuerte cuando estuvo bajo el gobierno inglés, después de que los ingleses arrebataran la Florida a los españoles en 1763.

También aprenderás sobre la historia del fuerte en el siglo XIX: luego de que Florida se integrara a Estados Unidos en 1821, el fuerte pasó a llamarse Fort Marion en honor al oficial de la Guerra Revolucionaria Francis Marion, conocido como el Swamp Fox (zorro del pantano). En sus días como Fort Marion el fuerte fue testigo de algunos eventos lúgubres, como cuando se lo usó entre 1875 y 1878 para encarcelar a 74 indoamericanos de cinco tribus, de los cuales muchos habían sobrevivido a la brutal masacre de Sand Creek en 1864, en lo que es ahora Colorado. (El Congreso cambió oficialmente el nombre del monumento nacional a Castillo de San Marcos en 1942).

Una vez que hayas terminado de recorrer el fuerte a pie, tómate un momento y detente en el centro de la Plaza de Armas. Imagina cómo sería estar allí en la turbulenta era colonial. En tiempos de paz, los soldados practicaban destrezas militares en la plaza para grabar en la memoria muscular el uso del mosquete, esencial para la batalla. Cuando se presentaba la amenaza de un enemigo, los residentes de San Agustín se dirigían al fuerte para estar a salvo; construían refugios en la plaza y cocinaban sus alimentos. Durante el sitio de 1702, alrededor de 1,500 soldados y civiles vivieron dentro del fuerte 51 días, una proeza inimaginable para los estándares modernos.

Si puedes hacerlo, sube la escalera hasta los bastiones y la cubierta de armas. No hay ascensor ni acceso para silla de ruedas, pero la escalera no es empinada y los 47 escalones son grandes y anchos. En la cubierta hay cañones que se usaron para reciprocar el fuego; algunos son originales y otros son réplicas. También disfrutarás de una brisa refrescante, una vista espectacular de la bahía de Matanzas, y, con suerte, tal vez llegues a ver un delfín o dos. Mira hacia el mar y visualiza los barcos enemigos acercándose, echando anclas y atacando el fuerte, y siente la frustración y el desconcierto de los atacantes frente a las impenetrables paredes. No verás ninguna bala de cañón incrustada en las paredes porque los españoles reemplazaron las partes dañadas con secciones nuevas, pero puedes imaginarte ese cuadro peculiar.

Antes de la pandemia, empleados del fuerte se vestían con trajes españoles y disparaban cañones los fines de semana en honor a la tumultuosa historia del fuerte, pero el programa está suspendido en estos momentos para evitar atraer grandes multitudes. Del mismo modo, las charlas de los guardaparques, que antes tenían lugar varias veces al día en la Plaza de Armas, ahora están suspendidas, aunque hay guardaparques disponibles pare responder preguntas.

Consejo de los guardaparques: el popular museo tiene un estacionamiento pequeño que por lo general se llena en días concurridos. Para encontrar un lugar, especialmente cerca de la entrada, Leverett sugiere ir temprano. De lo contrario, puedes estacionar en uno de los garajes o estacionamiento de la ciudad y caminar unos 10 o 15 minutos, o tomar un tranvía.


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En los alrededores

Pirate and Treasure Museum: este museo de piratas y tesoros está a solo tres minutos a pie hacia el oeste. Allí se develan verdades y mitos sobre los famosos bucaneros de la zona. También aprenderás por qué el explorador español Ponce de León llamó a esta tierra Florida cuando buscaba la fuente de la juventud, que se creía existía en el Nuevo Mundo.

Parque estatal Anastasia: a aproximadamente 10 minutos en auto al sur del fuerte, este parque es el sitio donde los españoles obtuvieron la piedra coquina. Ahora es un refugio de vida salvaje, con 1,600 acres de playas prístinas abiertas al público ($4–$8 de estacionamiento).

Dónde alojarte

Date el gusto: el St. Francis Inn es una posada con servicio de desayuno con 19 habitaciones de lujo con decoración exclusiva. Está ubicada al sur del Castillo de San Marcos, a aproximadamente 10 minutos en auto. Al caer la noche, puedes asar malvaviscos en la fogata de su encantador patio. El precio de las habitaciones comienza en $179.

Ahorra: ubicado cerca del centro histórico de San Agustín, el Best Western Bayfront está a solo cuatro minutos a pie del fuerte y de otras atracciones del centro. Ofrece 59 cómodas habitaciones y suites con cocina. El precio de las habitaciones comienza en $139.

Dónde comer

Date el gusto: disfruta de platos favoritos de estilo europeo, como costillas de cordero o solomillo Wellington, en el Raintree Restaurant en San Agustín. No te pierdas los huevos benedictinos en su popular desayuno-almuerzo del domingo. Los huevos se acompañan perfectamente con el Breakfast Bloody Mary, que incluye vodka, tocino y camarones (¡es cierto!).

Ahorra: disfruta de una vista del castillo a orillas del mar en Meehan’s Irish Pub & Seafood House. Puedes pedir una cerveza Guinness stout; pescado frito con papas fritas; y, de postre, el budín de pan Jameson.

La periodista Lina Zeldovich, radicada en la ciudad de Nueva York, ha escrito para Afar, la BBC, Popular Science y The New York Times.