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Excursiones de aventura al aire libre en el Gran Cañón Skip to content
 

Aventura de otoño en el suroeste

Un viaje inolvidable al Gran Cañón durante la estación más calmada y fresca del año.

Caminante solitario por un sendero del Gran Cañón, Arizona, EE. UU.

Fat Tony/Aurora Photos

Un excursionista desciende en el Gran Cañón.

In English | Me pregunto si hay algún visitante que haya estado lo suficientemente preparado para mirar por el borde del Gran Cañón por primera vez. En todos mis viajes por el mundo, no he visto ningún otro lugar tan emblemático. Si amplías la mirada para tratar de observarlo en su totalidad, el cañón parece continuar hasta el infinito, pero si reduces el enfoque, descubres innumerables y fascinantes detalles en cada superficie de las rocas.

A pesar de las grandiosas vistas desde arriba, la verdadera forma de vivir la experiencia del Gran Cañón es pasar tiempo dentro de él. Es por eso que estoy aquí, me inscribí en una gira de seis días para explorar este extraordinario lugar emblemático de Arizona.


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La excursión en la que estoy está coordinada por Austin Adventures, una tienda de ropa con sede en Montana, y es en otoño (por lo que hay menos multitudes que en el verano y el clima es espectacular). Nuestra gira exclusivamente para adultos está diseñada para que las personas con un estado físico promedio puedan hacerlo, lo que lo hace ideal para los grupos de varias generaciones. Junto conmigo hay dos parejas con hijos adultos jóvenes. Me doy cuenta que remar, pedalear y caminar con otras personas te sumerge más a fondo tanto en el ambiente como en las relaciones.

La excursión comienza a una hora al este de Phoenix en kayak por el río Salado en el Bosque Nacional del Tonto, uno de los bosques urbanos más visitados de Estados Unidos. Remamos casualmente de forma contigua al territorio del pueblo Pima y a pesar de que estamos en otoño, el sol no deja de arder. Nuestro grupo se entusiasma al encontrar una “roca para saltar”, donde podemos lanzarnos desde una altura de 10 pies al río de agua fresca. Cerca de nosotros, dos harenes de caballos salvajes se meten al río para beber y descansar del calor. Después de almuerzo, nos dirigimos a Prescott en una camioneta, 100 millas al norte de Phoenix, en donde pasaremos la noche.

Es usual que las ciudades de Arizona ubicadas a altitudes elevadas registren temperaturas 30 grados más frías que en el valle vecino donde Phoenix se calienta, por lo que la temperatura es agradable la mañana siguiente durante nuestro paseo en bicicleta de 11 millas por los senderos de Peavine y Iron King. El polvo del sendero destapado se levanta un poco mientras nos escurrimos por antiguas hondonadas de granito que se parecen a las torres que hacen los niños en la playa al verter arena húmeda entre las manos ahuecadas. Un poco más allá queda el lago Watson, cuyas aguas de un azul resplandeciente cubren los peñascos de granito.

Turistas contemplan la vista imponente del Gran Cañón en Arizona.

ZUMA Press/Alamy Stock Photo

Un grupo de turistas observa el Gran Cañón desde el borde sur.

Una vez terminamos de montar, aseguramos las bicicletas en el techo de la camioneta y luego vamos más arriba, a Williams, la estación final al sur del histórico Ferrocarril del Gran Cañón, una travesía de dos horas y media por el borde sur del Gran Cañón. Abordamos el tren y adentro nos esperan dos guías de Austin Adventures. Después de un pícnic para almorzar con vista al Abyss (un mirador con vistas increíbles) hacemos una caminata ligera de dos horas por el Rim Trail mientras las nubes verticales lanzan relámpagos y envuelven intensas ráfagas de lluvia en la distancia.

Después de haber dormido bien en Kachina Lodge, ubicado justo en el borde, descendemos al cañón por el popular South Kaibab Trail para una caminata de cuatro horas a Cedar Ridge y de regreso. En el camino, vemos una muestra de la gran diversidad biológica del parque (no solo robustos álamos y sauces, como es de esperarse, sino helechos adianto con hojas como de encaje y otra flora delicada.

Esa noche, de vuelta al alojamiento, el cielo entero se ilumina y despliega un circo eléctrico que perfora la atmósfera. Al salir del Gran Cañón en bicicleta a la mañana siguiente, para hacer un recorrido de 10 millas a través de praderas y un bosque de pino ponderosa, el olor distintivo a azúcar y mantequilla de los árboles impregna nuestro camino.

El último día completo de actividad incluye el Monumento Nacional Wupatki y el Monumento Nacional del Cráter del Volcán Sunset antes de tomar una camioneta con destino a Sedona, conocida por su comunidad artística y su paisaje de rocas rojizas. Cenamos aquí juntos por última vez en un ambiente cordial. En el trayecto de regreso a Phoenix al día siguiente, paramos en el Monumento Nacional Castillo de Montezuma, un grupo de viviendas indígenas en el acantilado en Camp Verde, Arizona. Estas sublimes estructuras de piedra caliza, construidas antes de que Cristóbal Colón llegara al continente, son un recordatorio espectacular de la larga historia de esta tierra. Es el sitio perfecto para terminar un gran viaje.

¿Prefieres viajar hacia el norte? Prueba una caminata por Lake Placid

No puedo imaginarme un lugar más romántico que adentrarse en un sendero de un bosque a las afueras de Lake Placid, Nueva York, mientras la brisa agita las hojas de arce secas formando minitorbellinos. La región de Adirondack recibe muchos visitantes en el invierno (y visitantes y moscas fastidiosas en el verano). Pero el otoño aquí es tan amplio como los cientos de senderos que atraviesan la región. En una tarde fresca de otoño, hago un recorrido de 1.4 millas por el Old Orchard Loop, uno de los senderos de Heaven Hills que serpentea por campos y bosques con vista a las montañas. El sendero me recuerda al Distrito de los Lagos en Inglaterra, donde se puede caminar durante horas a través de bosques y campos de agricultores hasta por encima de los peñascos. El otoño trae muchas cosas para contemplar, desde las cortezas amarillas de abedul sin desprenderse hasta esculturas nudosas de árboles y vistas de los Altos Picos. En las noches, me gusta sentarme en una silla Adirondack para ver cómo proyecta el atardecer su dorado resplandor sobre las montañas.


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