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Cómo complica el duelo la COVID-19

Los psicólogos dicen que el duelo se ha vuelto a menudo más intenso, prolongado y perturbador durante la pandemia.

Varias fotos de una mujer y su mamá

CORTESÍA DE PAMELA VILLALOBOS

Pamela Villalobos, de San Diego, California, perdió a su madre en abril a causa de una infección por COVID.

In English | A estas alturas, ya todos sabemos lo difícil que se han tornado muchos aspectos de la vida a causa de la COVID-19. ¿Qué más es complicado? Cómo sobrellevamos el duelo.

El problema comienza con el impacto por la rapidez con la que se desencadenan los eventos: un ser querido se enferma rápidamente, es trasladado de urgencia a una unidad de cuidados intensivos (UCI) y se lo conecta a un respirador artificial. Con las visitas normalmente prohibidas en la habitación del hospital (o el hogar de ancianos), los pacientes a menudo mueren solos, sin la compañía de quienes son más importantes para ellos. Las despedidas finales suceden a través de un teléfono inteligente o una tableta en manos del personal médico en la habitación del paciente.


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Este escenario común durante la pandemia, dice el experto en duelo Robert Neimeyer, psicólogo y director del Portland Institute for Loss and Transition en Portland, Oregón, es muy diferente a la experiencia prepandémica más típica de perder a un ser querido por una enfermedad crónica como el cáncer o una enfermedad cardíaca. “Esas nos permiten pasar tiempo en el hospital, sentarnos al lado de la cama de nuestro ser querido y contar historias de nuestra experiencia compartida”. Con la COVID-19, a menudo se pierde la oportunidad de hablar de asuntos pendientes de la vida, enmendar relaciones o decir adiós. Todo eso puede afectar en gran medida nuestros sentimientos y perspectiva una vez que un amigo o familiar se ha ido.

A partir de ahí, el ritual colectivo de un funeral o entierro se puede posponer, o el doliente no se encuentra acompañado. “Así que tenemos una red de conexión rota, lo que produce lo que los psicólogos llamamos asuntos pendientes en el duelo”, dice Neimeyer.

Otros tipos de pérdida también están relacionados con la COVID-19: pérdida de empleo o seguridad financiera, pérdida del contacto físico con familiares y amigos debido al distanciamiento social, pérdida de la libertad de movimiento o de una sensación de control. Todo eso puede contribuir a lo que los psicólogos llaman duelo complicado, uno que es más difícil, intenso, prolongado y perturbador de lo habitual.

Un tsunami de angustia

Con este tipo de duelo, dice Neimeyer, las personas experimentan “un tsunami de angustia psicológica, anhelo, notable alteración en nuestras vidas y desconexión social”. Y esa alteración puede estar presente durante uno o dos años, o más, después de la muerte de un ser querido.

Bajo circunstancias normales, la tasa de duelo complicado o prolongado (que define la misma condición psicológica) en la población general puede ser del 10% del total de personas en duelo; a menudo sufrido por quienes se enfrentan a muertes traumáticas, tales como la pérdida de un hijo o el asesinato de un ser querido. “Si bien aún no sabemos cuáles serán los porcentajes a causa de la COVID-19, sabemos que los factores de riesgo que hemos descrito estarán presentes de manera profunda. La gente puede batallar con eso durante años”, dice Neimeyer.

La larga duración e intensidad del duelo complicado se traduce en dificultades con el funcionamiento diario. Actividades como dormir, comer, pagar facturas o ir a trabajar se convierten en verdaderos desafíos, dice Robin Fiorelli, directora sénior de Duelo y Servicios Voluntarios de VITAS Healthcare, una empresa nacional de cuidados paliativos. Los sobrevivientes también pueden tener sentimientos de culpa o temer su propia exposición al virus. Estar atrapado en la misma casa que una vez se compartió con alguien fallecido a causa de la COVID-19, con pocas opciones para salir y visitar a otros, también puede hacer que el dolor sea más intenso.

VITAS, como todos los centros de cuidados paliativos, ofrece apoyo para el duelo de los seres queridos de los pacientes inscritos en sus programas de hospicio hasta por un año después de la muerte del paciente. (Como muchos centros de cuidados paliativos, también ofrece un apoyo similar a otras personas en duelo en su comunidad).

Pamela Villalobos, de San Diego, California, se unió a ese grupo, a través de una videollamada después de perder a su madre en abril a causa de una infección de COVID-19.

Villalobos estaba acostumbrada a visitar a su madre seis días a la semana en la unidad de cuidado de la memoria en un centro de vida asistida. Pero cuando el centro prohibió las visitas a raíz de la pandemia, ella tuvo que comunicarse a través de FaceTime y GrandPad y hacer “visitas desde la ventana” con otros miembros de la familia fuera del edificio. Fue durante una de estas charlas a distancia que Villalobos notó que su madre había dejado de hablar, señal de que el final se acercaba. Se le permitió hacer una última visita en persona un día antes de que su madre muriera, pero los planes del funeral se pospusieron hasta que el resto de sus familiares pudieran reunirse nuevamente.

Villalobos dice que la muerte de su madre se sintió “aislada” y muy diferente a los últimos días de su padre, hace un año y medio. En ese entonces, dice, hubo mucho tiempo para las despedidas, junto con la reconfortante ayuda de un capellán de hospicio que ayudó a la familia a hacer de su lecho un espacio sagrado. En el caso de su madre, dice, “fue increíblemente doloroso no estar ahí para consolarla en sus últimos días, aunque estaba agradecida de poder estar ahí yo misma al final”. Villalobos dice que el reconocimiento del grupo virtual de duelo hacia su profundo dolor, y el saber que no era la única que lo experimentaba, fue extremadamente benéfico.


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Cómo adaptarse al duelo en la actualidad

Si bien es posible que no puedas estar rodeado de tus seres queridos mientras estás de luto, el comunicarse regularmente con amigos y familiares por teléfono o por videollamada puede ser fundamental para manejar y expresar tu dolor. Buscar ayuda profesional —quizás a través de una consulta de telesalud— también puede ser útil.

Más allá de eso, Neimeyer recomienda encontrar un ritual diario o semanal para honrar la memoria del difunto, lo que puede ser tan simple como hablarle a su foto en tu casa o visitar uno de sus lugares favoritos en una caminata diaria en tu vecindario. “Todas estas pequeñas cosas pueden honrar a conciencia a aquellos que hemos amado y perdido”, dice, y agrega que hacerlo puede ayudarte a pasar de un enfoque de “víctima pasiva” a uno en el que te sientas más en control y capaz de sobrellevar la situación.

Fiorelli también recomienda que tengas en cuenta cómo la ansiedad —que la pandemia ha generado en abundancia— puede agravar el dolor. Junto con los grupos de apoyo para manejar algunos de los aspectos emocionales del duelo, “recomendamos intervenciones para mitigar algunos de los efectos de esa ansiedad: cualquier tipo de ejercicio, yoga, meditación, relajación progresiva”, dice.

A largo plazo, manejar un duelo complicado requiere cierta aceptación de que el período de tiempo puede ser más largo de lo que tú y otros esperan, dice Patti Anewalt, directora del Pathways Center for Grief & Loss en Hospice & Community Care, en Lancaster, Pensilvania. Recordarte que has enfrentado y superado otros desafíos y pérdidas en la vida puede ayudar, dice. Y, por lo tanto, también puedes recordarte regularmente que, al igual que la pandemia, a la larga, el dolor se apaciguará.

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