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5 cosas para decirle (y para no decirle) a un amigo enfermo

Una guía de lo más y lo menos conveniente para decirle a alguien que está enfermo o en duelo.

In English l Cualquiera que haya padecido una enfermedad grave o haya tenido a un ser querido con su salud comprometida, sabe que tanto familiares como amigos pueden decir las palabras adecuadas y, también, las más inadecuadas.

Amigas tomadas de la mano y tomando café

Paul Bradbury/Getty Images

¿Cómo consolar a un amigo que se encuentra enfermo o en duelo?

Luego de que mi madre se enfermara súbitamente y falleciera el año pasado, una mujer a quien ella consideraba una buena amiga se acercó a mi padre justo antes del sepelio y le dijo: “Últimamente tengo dificultades para descargar libros en mi Kindle. ¿Crees que podrías hecharle un vistazo luego y darme una mano?” (No lo estoy inventando.)

Y todavía recuerdo la conmoción que sufrí hace unos cuantos años, cuando a mi hija de 8 años se le diagnosticó leucemia, y un amigo mío no tuvo nada mejor que decirme que “Bueno, por algo pasan las cosas”. (¿En serio? ¿Se supone que eso me haría sentir mejor?)

Mi compañera de trabajo tiene una anécdota aun mejor: Era el segundo día de internación de su madre en un centro para enfermos terminales, cuando una conocida de la iglesia fue a visitarla, se sentó en una silla al lado de la cama y le dijo a la enferma: “Bueno, has vivido una vida hermosa, has podido hacer cosas maravillosas. Es tiempo de partir y de estar con Dios”.

Ninguno de estos sucesos sorprenden a Letty Cottin Pogrebin, de 73 años, autora de How to Be a Friend to a Friend Who's Sick (Cómo ser amigo de un amigo que está enfermo).

Esta autora y periodista veterana ha oído de todo, en gran parte debido a su convalecencia como paciente de cáncer de mama en el 2009. Durante los largos períodos que pasaba en las salas de espera del hospital, empezó a conversar con los pacientes, a intercambiar anécdotas con ellos y, finalmente, a pedirles consejo sobre qué decirle —y qué no decirle— a alguien que padece una grave enfermedad.

Los ejemplos que figuran en su libro sobre lo que no se debe decir cubren todo el espectro, desde reacciones poco dignas ante un diagnóstico como: “¡Guau! ¡Una muchacha de mi oficina acaba de morir de eso!” hasta las insustanciales como: “Quizá es lo mejor que podría haber pasado” o “Dios aprieta, pero no ahorca”.

Pogrebin despliega una ancha red en su libro, en el que ofrece sugerencias aplicables a diversas situaciones difíciles, entre las que se incluyen cómo recordar qué enfermedad tiene tal o cual amigo, una eventualidad cada vez más común cuando se es septuagenario. En sus escritos, nos indica cómo demostrar compasión a alguien enfermo de Alzheimer, a aquellos que padecen una enfermedad terminal y, en un capítulo titulado “Lo peor de todo”, a esos padres que han perdido a un hijo a causa de una enfermedad.

Ella también nos ofrece algunas alternativas a la frase pronunciada casi como por acto reflejo, “Dime si hay algo que pueda hacer por ti”, que transfiere al paciente o a su familia la carga de pedir por la ayuda que se precisa, algo que puede incomodarles.

“Está bien decir: ‘¿En qué puedo serte de ayuda?’, en tanto y en cuanto usted lo reafirme diciendo algo así como: ‘No lo digo por decirlo, lo digo de verdad’”, explica Pogrebin. “Luego, sugiera algunas cosas que crea que puedan ser útiles y que esté realmente dispuesto a hacer”.

¿Por qué, entonces, resulta tan difícil saber qué decirles a los enfermos o a los moribundos (o a sus familiares)? Pogrebin afirma que muchos de nosotros nos sentimos incómodos en presencia de aquellos que están mal “pues ellos ponen en evidencia nuestra propia sensación de vulnerabilidad y de mortalidad”.

Con facilidad, caemos en frases trilladas como: “Estoy seguro de que vas a estar bien” ya que, de esa forma, podemos poner distancia entre nosotros y nuestro propio malestar. Para el enfermo, sin embargo, esto suena simplemente desdeñoso.

La muerte y la enfermedad son también recordatorios de cuán escaso es el control que tenemos sobre los aspectos de la vida más preciados para nosotros, nuestra salud y la de aquellos que amamos, dice la doctora en Filosofía Phyllis Kosminsky, asistente social clínica especializada en asistir a las personas a enfrentar circunstancias difíciles, tales como enfermedades potencialmente mortales o un período de luto.

Kosminsky, que aconseja a pacientes en el Center for Hope de Darien, Connecticut, concuerda con Pogrebin en que, a menudo, un simple “lo lamento”, expresado de corazón, es la mejor forma de demostrar compasión sin restarle importancia a lo que está atravesando la otra persona.

La trabajadora social también reconoce que, en particular cuando envejecemos, “a veces se siente que la vida es un proceso de pérdidas interminable y que ya no podemos enfrentar otra más”.

Si percibe que ha llegado a su límite emocional, no se sienta mal acerca de considerar tomarse un tiempo para recuperarse, afirma. Ofrezca lo que usted esté en capacidad de hacer “de un modo que usted pueda manejar”, como hacerle las compras en el supermercado, sacar a pasear el perro o pasar a ver a esa persona, aunque solo sea una vez por semana, para saludarla.

Si visitar un hospital o un centro para enfermos terminales lo hace sentir incómodo, encuentre otras maneras de expresar su preocupación. Para mi compañera de trabajo, un ofrecimiento para llevar a sus niños al cine o a cenar, de manera tal que ella pudiera permanecer junto a su madre, hubiera sido mucho más significativo que una incómoda visita en el lugar de internación.

Le solicitamos a Pogrebin que nos proponga cinco cosas para decirle —y cinco que nunca deberíamos decirle— a alguien que está enfermo.

Qué decir:

1. Me da tanto gusto verte.

2. Lamento tanto que tengas que pasar por esto.

3. Dime qué es lo que te resulta de ayuda y qué no.

4. Dime cuándo quieras quedarte solo y cuándo necesites compañía.

5. Dime qué es lo que necesitas que te traiga y cuándo debo irme.

Qué no decir:

1. ¿Es algo terminal?

2. Podría ser peor.

3. Quizá está tan solo en tu cabeza.

4. ¿Qué crees que puedes haber hecho que te lo haya causado?

5. (Para un deudo) Dios debe haberlo querido junto a Él.

Candy Sagon es una editora asociada sénior que escribe sobre temas de salud para AARP.

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