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El futuro de la investigación sobre la marihuana

El CannaVan de Colorado y un estudio de Harvard del cerebro lideran el camino.

Los profesores de la Universidad de Colorado, Kent Hutchison y Angela Bryan, se paran frente a una camioneta de carga blanca

MATT NAGER

Los profesores de psicología y neurociencia de la University of Colorado en Boulder Kent Hutchison y Angela Bryan, con el CannaVan en el Center for Innovation and Creativity en Boulder, Colorado, el 21 de junio del 2019.

In English | A pesar de todas las incertidumbres impuestas por las leyes federales y estatales, los científicos están encontrando formas ingeniosas de estudiar el cannabis medicinal. En los próximos cinco años, decenas de estudios deberían comenzar a generar datos importantes y concluyentes para ayudar a guiar su uso y prescripción.

En la University of Colorado, en Boulder, por ejemplo, el "CannaVan" —un laboratorio móvil en una camioneta de carga blanca— está literalmente atravesando obstáculos. “Es ilegal para nosotros traer productos de un dispensario a nuestro laboratorio. Y la marihuana autorizada para investigación legal por el National Institute on Drug Abuse (NIDA, Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas) no viene en formas que la gente realmente usa, como aceites de vapor, comestibles y concentrados", explica Kent Hutchison, profesor de psicología y neurociencia en la universidad. "Así que estamos llevando el laboratorio a la gente".

Investigación sobre ruedas

En una tarde lluviosa de junio, el CannaVan entró en el estacionamiento de la universidad después de un recorrido de investigación. A lo lejos, las nubes colgaban como humo sobre los picos de las montañas de Boulder. "Los participantes se inscriben para estudios de investigación y aceptan usar un producto de cannabis del tipo que estamos estudiando", explica Angela Bryan, profesora de psicología y neurociencia. “No compramos ni vemos ni tocamos el cannabis utilizado por los sujetos del estudio. Los participantes toman pruebas de referencia sin cannabis en su sistema aquí en la universidad. Cuando comienza el estudio, usan su cannabis en casa. Conducimos hasta su casa y ellos entran a la furgoneta para hacerse las pruebas, una vez antes de haber usado el cannabis y nuevamente después de usarlo”.

Una persona usa un guante médico azul y sosteniene una muestra de sangre

MATT NAGER

Muestra de sangre tomada en el CannaVan.

Bryan me abrió la pesada puerta blanca de la furgoneta. El aire adentro olía a limpio y fresco. Le faltaba el ligero olor a hierba que había notado en otras partes de Colorado, incluidos el baño de mi habitación de hotel en Denver y afuera de una sala de cine en Boulder. Dentro de la camioneta había un asiento cómodo para los voluntarios del estudio, una mesa para extraer sangre y cinta adhesiva en el piso para que los participantes sepan dónde pararse para las pruebas de equilibrio. La camioneta tenía un suministro de agua embotellada y papas fritas ("las pruebas pueden tomar varias horas a medida que el cannabis hace su efecto y a la gente le da hambre", señala) y paredes de vinilo azul pálido. ("El azul es calmante", explica, y de hecho lo fue).

Cada visita del CannaVan a un participante puede tomar de cuatro a cinco horas, más el tiempo de viaje. La camioneta está ayudando a facilitar varios estudios; entre ellos se encuentran los efectos de varios productos de cannabis en la ansiedad, el dolor, la inflamación, el sueño, la salud y el estado de ánimo. Un proyecto incluso investiga la “vaporización”, inhalar resinas y ceras de cannabis súper potentes.

Pronto, Bryan espera estudiar el cannabis y el metabolismo, incluidos sus efectos sobre la respuesta del cuerpo a la insulina.

En un estudio anterior, que no involucraba a la camioneta, descubrió que los adultos —incluidos los mayores de 60 años— que usan el cannabis se ejercitan con mayor frecuencia y lo disfrutan más. "El estereotipo de la persona drogada comiendo bocadillos en el sofá puede no ser realidad", dice ella. “También hay evidencia de que los consumidores de cannabis pesan menos que los no consumidores. Queremos aprender más sobre eso".

Los participantes del estudio CannaVan incluyen pacientes con dolor, pacientes con cáncer, veteranos, adultos mayores y usuarios de opioides que esperan reducir su consumo. De principio a fin, un estudio puede llevar cinco años. "Ese es el tiempo que toma una buena investigación", dice Bryan. "Pero a medida que crece el auge del cannabis, siento que somos el carro que persigue al caballo, y el caballo va más y más rápido".

Imágenes del cerebro

En Harvard University, Staci Gruber, profesora asociada de psiquiatría en la escuela de medicina, dirige un programa llamado MIND (Investigaciones de Marihuana para el Descubrimiento Neurocientífico). En este programa, los investigadores usan imágenes cerebrales y pruebas de pensamiento y memoria para medir los efectos de la marihuana medicinal en la estructura y función del cerebro.

Los participantes deben ser bastante nuevos en el cannabis medicinal, usarlo en casa y hacerse un chequeo en el laboratorio seis veces durante dos años.

Los productos de cannabis que usan los participantes son analizados por un laboratorio independiente para dar a los investigadores pistas sobre las formas y potencias de la marihuana asociadas con diferentes efectos a lo largo del tiempo.

"Es un estudio observacional, no un estudio de intervención", dice Gruber. “Pero es importante. Casi todo lo que sabemos sobre la marihuana proviene de estudios de usuarios recreativos que a menudo comenzaron en la adolescencia o en los 20 años, mientras su cerebro aún se estaba desarrollando. Son diferentes de los usuarios de marihuana medicinal en la actualidad".

Una cosa sorprendente que surge de MIND: en los adultos mayores, el enfoque mental se agudizó un poco después de tres meses de consumo de marihuana medicinal; también hubo más activación en su corteza cingulada, un área del cerebro involucrada en prestar atención, evitar distracciones y resolver problemas. "Estamos viendo cambios interesantes en la neuroimagen que pueden reflejar la normalización de la función cerebral", dice Gruber. “Las habilidades cognitivas mejoran. Podría deberse a que las personas sienten menos dolor, duermen mejor y usan menos medicamentos como los opioides y las benzodiacepinas que pueden afectar el pensamiento y la memoria. O podría ser un efecto directo del cannabis. Aún no lo sabemos".

El laboratorio de Gruber ahora está desarrollando un producto de cannabis personalizado para un ensayo clínico en el futuro, hecho con marihuana del Gobierno. "Sería mejor si pudiéramos estudiar los productos que la gente realmente usa, pero no es común que tengan tinturas o cápsulas para nosotros analizar", dice ella. “Entonces estamos formulando un producto a partir de una pasta alquitranada y fangosa que está disponible en el programa del Gobierno. Tienes que pensar más allá".

Vale la pena el esfuerzo, dice ella. En este momento, los investigadores no solo están dando una vuelta en torno a las políticas federales anticuadas, sino que también están tratando de responder a las preguntas planteadas por las políticas de marihuana medicinal a nivel estatal que no siempre tienen mucha evidencia detrás de ellas (como incluir el glaucoma en una lista de las condiciones de calificación, cuando se ha demostrado que la marihuana carece del efecto constante necesario para tratar la afección de manera efectiva). “La ciencia ayuda a establecer las políticas del Gobierno. En el caso del cannabis, la política [estatal] ha superado a la ciencia. Ahora estamos tratando de entender lo bueno, lo malo y la verdad".

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