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¿Qué nos puede decir la pandemia de gripe de 1918 sobre el fin de la COVID-19?

Ambas épocas comparten similitudes, y los expertos afirman que hoy podemos aplicar algunas lecciones del pasado.

Foto en blanco y negro que muestra voluntarios de la Cruz Roja durante la pandemia de gripe española de 1918

HUM IMAGES/UNIVERSAL IMAGES GROUP VIA GETTY IMAGES

Colaboradores de la Cruz Roja en Washington, D.C., durante la pandemia de influenza de 1918.

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Si bien ocurrieron con más de cien años de diferencia, la pandemia de gripe de 1918 y la pandemia actual de COVID-19 tienen elementos en común. Ambas se produjeron a causa de virus que pueden provocar enfermedades respiratorias; ambas se propagaron por medio de pequeñas gotas y aerosoles respiratorios; ambas suscitaron medidas de seguridad pública como el uso de mascarillas, el distanciamiento social y cierres de establecimientos; y ambas cobraron miles de vidas en Estados Unidos (y millones en todo el mundo) durante una serie de brotes.

Se calcula que la gripe de 1918 —también conocida como gripe española— cobró la vida de 675,000 personas en el país, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC); hasta ahora, la COVID-19 ha sido responsable de la muerte de 915,000 personas en EE.UU. 

Por lo tanto, no debería sorprendernos que muchos recurran a los libros de historia para ver si esa pandemia pasada puede aportar alguna pista sobre cuándo podría finalmente acabar la COVID-19. Esto es pecialmente cierto ahora que los nuevos casos causados por la altamente contagiosa variante ómicron, aunque siguen siendo elevados, están disminuyendo en muchas zonas del país.


Para información actualizada sobre la COVID-19 visita aarp.org/ElCoronavirus


Sin embargo, los expertos recomiendan precaución al comparar las dos pandemias. Tienen puntos en común, pero “son virus diferentes”, señala John M. Barry, académico distinguido de la Facultad de Salud Pública y Medicina Tropical de Tulane University y autor de The Great Influenza.

“En ciertas formas podemos tomar [la pandemia de gripe de 1918] como punto de referencia, pero en realidad no podemos superponerlas entre sí”, agrega el Dr. Egon Ozer, profesor adjunto de la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern University y director del Center for Pathogen Genomics and Microbial Evolution del Havey Institute for Global Health. “No podemos suponer que lo que ocurrió en aquella pandemia vaya a repetirse en esta”.

Cronología de la pandemia de gripe de 1918

Marzo de 1918

  • Se detectan los primeros brotes de enfermedades similares a la gripe en EE.UU.
  • Contraen gripe más de 100 soldados en Camp Funston en Fort Riley, Kansas.
  • Durante los seis meses siguientes, se extienden casos esporádicos de gripe en forma desigual en EE.UU., Europa y posiblemente en Asia.

Septiembre de 1918

  • Surge la segunda ola de gripe en Camp Devens, en las afueras de Boston, y en una estación naval en Boston.
  • Entre septiembre y noviembre, una segunda ola de gripe alcanza su punto máximo en EE.UU. Es sumamente mortal y produce la mayoría de las muertes atribuidas a la pandemia.

Octubre de 1918

  • El virus de la pandemia de gripe de 1918 cobra alrededor de 195,000 vidas en el país en el mes de octubre.
  • Filadelfia se ve muy afectada: se utilizan cámaras frigoríficas como morgues temporales y cajas de embalaje como ataúdes, y cientos de cuerpos esperan su sepultura.
  • En Chicago y otras ciudades de EE.UU. se cierran teatros, cines y escuelas nocturnas y se prohíben las reuniones públicas.
  • El Consejo de Salud de San Francisco dispone que toda persona que atienda al público debe llevar mascarilla y recomienda a toda la población usar mascarillas en público.

Diciembre de 1918

  • Las autoridades de salud pública inician programas de educación sobre los peligros de la tos y los estornudos.
  • Los expertos en salud pública recomiendan que los comercios y las fábricas espacien los horarios de apertura y cierre y que la población evite usar el transporte público cuando sea posible.

Enero de 1919

  • Se produce una tercera ola de gripe en el invierno y la primavera de 1919 y cobra muchas vidas más. Esta tercera ola pierde intensidad en el verano.

Fuente: CDC

De pandemia a endemia

Después de algunos años fatídicos, el virus que causó la pandemia de 1918 finalmente desapareció. A medida que aumentó la inmunidad de la población contra la infección, disminuyó la cantidad de muertes y el virus se convirtió en una gripe estacional menos letal, aunque los CDC advierten (en inglés) que en la actualidad todavía circulan descendientes de ese virus.

Cada vez más científicos, que incluyen casi el 90% de los inmunólogos, los investigadores de enfermedades infecciosas y los virólogos encuestados (en inglés) por Nature, predicen que el SARS-CoV-2 (el virus que causa la COVID-19) tendrá una trayectoria más o menos similar, en el sentido de que también podría convertirse en una endemia.

“En términos muy generales, lo que significa [endemia] es que nosotros, como población, mantenemos una tregua con el virus”, explica el Dr. William Schaffner, experto en enfermedades infecciosas y profesor de la Facultad de Medicina de Vanderbilt University. “El impacto del virus se reduce, pero no desaparece de nuestra población; no se elimina por completo. Pero puedes pensar en ello como si se tratara de una combustión lenta. Se continúa transmitiendo en niveles muy bajos” y en ocasiones causa enfermedades graves en las poblaciones vulnerables.

Schaffner explica que en una etapa endémica las hospitalizaciones y las muertes se reducen “considerablemente”, pero siguen ocurriendo. Según los CDC, la gripe estacional, que se considera endémica, produjo de 12,000 a 52,000 muertes anuales entre el 2010 y el 2020. Los datos federales indican que el virus respiratorio sincitial (VRS), otro virus endémico, cobra la vida de unos 14,000 adultos de 65 años o más cada año. 

Según los expertos, el fortalecimiento inmunitario —ya sea por vacunación o infección natural— es lo que facilitará la transición a esa fase endémica con la COVID-19. Al finalizar la ola de ómicron, solo una pequeña parte de la población mundial será lo que los científicos denominan “inmunológicamente ingenua”, que significa que su sistema inmunitario no habrá tenido contacto con el virus, según el Dr. Christopher Murray, director del Institute for Health Metrics and Evaluation de University of Washington.

Además, los nuevos tratamientos —como las pastillas antivirales de Pfizer y Merck— ayudarán a evitar que las personas con alto riesgo de contraer enfermedades graves padezcan trastornos importantes si se infectan, y las medidas preventivas —como usar mascarilla y pruebas de detección— pueden ayudar a frenar la propagación en el caso de que haya brotes.

Es posible que nuestro sistema inmunitario “deba recibir recordatorios frecuentes sobre la COVID-19, porque la protección de las vacunas o de la infección natural contra esta clase de virus disminuye”, advierte Schaffner. “Puede ser que, debido a su carácter endémico, necesitaremos un refuerzo periódico”. Esto no es inusual en el caso de las enfermedades endémicas. Por ejemplo, se recomienda recibir la vacuna antigripal todos los años.

Las mutaciones son impredecibles

No resulta claro si el SARS-CoV-2 mutará a una versión menos peligrosa, como lo hizo finalmente el virus que causó la pandemia de 1918. (Es importante tener en cuenta que los descendientes del virus de 1918 continuaron cobrando decenas de millones de vidas durante un período de un siglo después de la pandemia, según expertos del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, enlace en inglés). “Son distintas clases de virus, y el hecho de que ambos sean virus no significa que vayan a comportarse de la misma manera”, señala Schaffner.

Ha habido varias variantes del coronavirus desde el comienzo de la pandemia —algunas más peligrosas que otras— y los expertos anticipan que habrá más en el futuro. Sin embargo, Ozer señala que “no hay nada que indique que el virus evolucionará para ser más o menos virulento ni más o menos transmisible. Depende simplemente de las circunstancias favorables al virus que se produzcan en el momento”.

“El hecho de que sea un virus no significa que vaya a comportarse de la misma manera”.

—Dr. William Schaffner, Facultad de Medicina de Vanderbilt University

Incluso con el surgimiento de una cepa más amenazante, es poco probable que veamos el mismo nivel de enfermedades y muertes que tuvimos durante la peligrosa ola de la variante delta, escribió Murray en un blog de información sobre modelización, en el que volvió a destacar el fortalecimiento de la inmunidad y el mayor acceso a tratamientos eficaces. El Dr. Anthony Fauci, el experto principal en enfermedades infecciosas, también ha dicho que incluso con la aparición de otras variantes, las herramientas que tenemos y seguimos creando nos ayudarán a “llegar al punto en el que no estemos a la merced de este virus y podamos volver al nivel de normalidad que todos anhelamos”.

Foto en blanco y negro que muestra varios voluntarios durante la pandemia de gripe de 1918

NATIONAL ARCHIVES

Trabajadores de la Cruz Roja elaboran máscaras contra la gripe para soldados en un campamento.

Una forma de ayudar a frenar la progresión de otras variantes es aumentar los índices globales de vacunación, afirma el Dr. Mark McClellan, profesor de Comercio, Medicina y Políticas y director fundador del Centro Margolis de Políticas de Salud de Duke University. Las vacunas son más eficaces para proteger contra enfermedades graves, pero “también brindan otra protección importante: tal vez un 50% menos de posibilidades de que [las personas] contraigan o transmitan la COVID-19”, explicó McClellan durante una conferencia de prensa reciente.

“Si el virus no puede transmitirse entre las personas, hay muchas menos posibilidades de que se adapte, cambie y se vuelva más eficaz”, indica Ozer.

Durante la pandemia de gripe de 1918, no existía una vacuna para ayudar a frenar la infección y la transmisión, ya que la primera vacuna contra la gripe se creó casi dos décadas después. Sin embargo, se calcula que las vacunas antigripales actuales brindan cierta protección contra el virus de 1918 que todavía circula actualmente, según los CDC. También es de esperar que el Tamiflu y el Flumadine, dos tratamientos antivirales, sean eficaces.

Aplicación de las lecciones aprendidas

La mayoría de los relatos históricos describen la pandemia de 1918 en tres olas, la última de las cuales finalizó en el verano de 1919. Sin embargo, Barry sostiene que el final de la pandemia no fue tan exacto y que el virus no comenzó a comportarse como una gripe estacional hasta 1921. “Sin embargo, para 1920 la gente ya no le prestaba mucha atención”, explica Barry, a pesar de que el virus seguía azotando las principales ciudades y cobrando muchas vidas en el país. “La gente se cansó, como nos hemos cansado nosotros”, y su comportamiento volvió a la normalidad.  

Cien años después, observamos el mismo sentimiento. Un informe de Kaiser Family Foundation (en inglés) determinó que casi 3 de cada 4 personas en el país, sin distinción de afiliación política, afirman estar cansadas o frustradas con la pandemia. Según una encuesta (en inglés) que llevó a cabo Monmouth University, 7 de cada 10 personas en el país están de acuerdo con la idea de que “ya es hora de que aceptemos que la COVID-19 no va a desparecer y que simplemente debemos proseguir con nuestra vida”.  

Foto en blanco y negro que muestra unas personas abordando un tranvía

UNIVERSAL HISTORY ARCHIVE/UNIVERSAL IMAGES GROUP VIA GETTY IMAGES

Las precauciones tomadas durante la pandemia de la gripe española no permitirían que nadie viajara en tranvías sin usar una máscara.

En un editorial reciente (en inglés) del New York Times, Barry recomendó a la población no repetir el mismo error que se cometió en 1920. “Considero que debemos reconocer que la pandemia no ha terminado y responder en consecuencia”, le dijo Barry a AARP, y agregó que es imposible predecir el momento en que la pandemia llegará a su verdadero fin. ¿Su consejo? “Las personas deben tomar conciencia y asumir los riesgos que les resulten aceptables”.

Barry cuenta que, por ejemplo, sale a desayunar casi todas las mañanas, pero al tener en cuenta sus propios riesgos, sigue eligiendo una mesa al aire libre.

Schaffner calcula que estos “comportamientos aprendidos” —optar por lugares exteriores en vez de interiores o usar mascarilla en un supermercado muy concurrido— continuarán para muchos durante la transición de la pandemia a la endemia. Estas conductas incluso podrían convertirse en una medida preventiva más habitual durante la temporada de gripe.

“Todo dependerá de lo bien que utilicemos todas las demás herramientas que tenemos —además de la vacunación— para mantenernos en algo parecido a la normalidad en el futuro”, advierte McClellan, de Duke. “Es posible que en el futuro cada persona deba tener un plan —al igual que para un huracán o un fenómeno meteorológico— para saber lo que debe hacer a fin de mantenerse a salvo en caso de que se produzca un brote, y para proteger a su familia y a su comunidad”.

Estar al tanto de las iniciativas adoptadas en todo el mundo también debería integrarse en ese contexto, dice Schaffner. “Mientras pasamos de la pandemia a la endemia en nuestro país, también debemos trabajar en ello en el resto del mundo”.

Rachel Nania escribe sobre atención médica y políticas de salud para AARP. Anteriormente fue reportera y editora de WTOP Radio en Washington, D.C. Recibió un Premio Gracie y un Premio Regional Edward R. Murrow, y también participó en un programa sobre demencia con la National Press Foundation.