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¿Cómo trabaja tu sistema inmunológico después de los 50 años?

Entiende las defensas de tu cuerpo y reduce el riesgo de la gripe, el coronavirus y el resfriado común.

Una mujer se limpia la nariz con un pañuelo de papel

GRACE CARY/GETTY IMAGES

In English | Es casi imposible encontrar algo bueno en una pandemia mundial. Pero la COVID-19 nos ha dado una lección importante que deberíamos reconocer: nuestro sistema inmunitario está en aprietos. No es “más débil” que el de las personas de hace varias generaciones. Pero está más “desregulado”, el término médico para un proceso o función biológica que no funciona como debería. Por ejemplo, tu sistema inmunitario tiene menos capacidad para distinguir entre un invasor mortífero y uno inofensivo, y más probabilidades que en el pasado de atacar los tejidos sanos de tu cuerpo por error. Además, siempre está en funcionamiento y trabaja de maneras contraproducentes que antes eran mucho menos comunes. Estos son indicadores de trastornos en el funcionamiento inmunitario y en conjunto agotan recursos que deberían usarse para otros fines.

“Definitivamente hay más desregulación entre nuestra población ahora”, dice Mark Ansel, profesor de Microbiología e Inmunología en University of California, San Francisco. “Y se relaciona con la manera cambiante en la que interactuamos con nuestro medioambiente; todo, desde lo que comemos hasta lo que hacemos”. Esta es una noticia inquietante para todos nosotros, a medida que nos adentramos en la situación perfecta con factores simultáneos de este invierno: el posible resurgimiento del nuevo coronavirus que todavía ocasiona caos en todo el país y los meses iniciales de nuestra temporada anual de influenza o gripe. Pero no estamos indefensos, ni mucho menos, y a continuación encontrarás lo que necesitas saber.


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Cómo se equivoca el sistema inmunitario

Existen muchas maneras en las que nuestros cuerpos manifiestan los problemas inmunitarios. Pero tres de ellas se destacan, y la prevalencia de cada una va en aumento entre nuestra población.

Inflamación crónica. Según un estudio publicado en la revista JAMA en abril, entre quienes estuvieron hospitalizados debido a la COVID-19, el 34% tenían diabetes, el 42% eran obesos y el 57% tenían la presión alta. Un factor común de estos tres problemas de salud es la inflamación crónica. Hace que el sistema inmunitario produzca glóbulos blancos y mensajeros químicos que mantienen tus defensas activas las 24 horas del día, los 7 días de la semana.

“Es casi como si usaras todos los recursos del sistema inmunitario solo para mantener ardiente ese fuego”, dice Helen Messier, inmunóloga y directora de Altum Medical, quien vive en California. “Cuando aparece una infección vírica mientras tienes inflamación crónica, el sistema inmunitario es incapaz de lograr una respuesta inmunitaria adecuada o, como en el caso de COVID-19, al principio no tiene una buena respuesta, pero luego intenta vencerlo. La inflamación subyacente puede llevar a una respuesta abrumadora, o una ‘tormenta de citocinas’”.

Enfermedades autoinmunitarias. Los investigadores han identificado más de 80 trastornos autoinmunitarios distintos. Si bien algunos, como la artritis reumatoide, el lupus y la diabetes tipo 1, son muy conocidos, muchos son difíciles de clasificar. Pero todos comparten el problema común subyacente de que el sistema inmunitario del organismo se ataca a sí mismo.

Más de 24 millones de personas en Estados Unidos tienen una enfermedad autoinmunitaria, y ese número está aumentando. Cuando unos investigadores en Carolina del Norte analizaron a 14,000 personas entre 1991 y el 2012, descubrieron que la prevalencia de anticuerpos antinucleares, un marcador temprano de autoinmunidad, había aumentado en un 45%. En otro estudio, que abarcó tres décadas, se descubrió que las enfermedades autoinmunitarias de las articulaciones, las glándulas y el aparato digestivo aumentan a un paso continuo de entre un 3.7 y un 7.1% al año. Fumar y tener sobrepeso son dos factores de riesgo que puedes controlar y están asociados a un mayor riesgo de artritis reumatoide, una de las enfermedades autoinmunitarias más comunes, que afecta el revestimiento de las articulaciones.

Alergias alimenticias. Esta es una reacción exagerada del sistema inmunitario que puede suceder inmediatamente después de comer algo que parece tan inocuo como un sándwich de mantequilla de maní y mermelada. Según un estudio de 40,000 personas realizado por Northwestern University, en la actualidad más de uno de cada diez adultos padece alergias alimenticias.

Los índices son bastante altos para las alergias a mariscos, leche y nueces, y la cantidad de personas alérgicas ha aumentado de manera constante desde la década de 1980. “Ahora somos más sensibles a respuestas contra cosas inocuas que no deberían causarle gran problema a nuestro sistema inmunitario”, afirma Ansel. “Pero en vez de eso, producimos unas respuestas grandes y a menudo destructivas”.

¿Qué es lo que confunde al sistema inmunitario? En gran parte son los cambios en nuestro medioambiente.

“Nuestros cuerpos se enfrentan a miles de sustancias químicas que no estaban en el medioambiente hace 50 años, y algunas ni siquiera hace 20 años”, dice Aristo Vojdani, inmunólogo y profesor adjunto del Departamento de Medicina Preventiva en Loma Linda University. Los metales pesados y los contaminantes industriales son algunos de los peores, pero los pesticidas, los conservantes y los compuestos en los alimentos también pueden alterar el funcionamiento inmunitario. En total, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han contado más de 300 sustancias químicas ambientales que alcanzan niveles medibles en nuestros organismos.

“La exposición a diferentes amenazas medioambientales puede sumarse y alterar el funcionamiento del sistema inmunitario”, dice David Shepherd, profesor de Inmunología Medioambiental en University of Montana. “En algunos casos, las sustancias químicas activan la inmunidad”, es decir, causan inflamación, “y en otros, son inmunodepresoras”, lo que te vuelve susceptible a los ataques.

Si agregamos a esto la disminución general en ejercicio físico, los niveles cada vez más elevados de estrés y nuestra edad que va en aumento, todos estos factores asedian a nuestro sistema inmunitario como nunca antes lo hicieron.


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Tenemos el poder

Mientras más edad tengamos, más desregulación padecerá nuestro sistema inmunitario. Según los CDC, ocho de cada diez muertes relacionadas con la COVID-19 registradas en Estados Unidos han sido de adultos de 65 años o más. Y durante la temporada del 2018 al 2019, casi 280,000 hospitalizaciones y más de 25,000 muertes en ese mismo grupo de edad se vincularon a la gripe.

Pero dentro de estas cifras se esconde una pequeña buena noticia: el número de velitas en tu pastel de cumpleaños es solo un factor en la edad biológica de tu sistema inmunitario. “Solo un porcentaje pequeño, digamos que un 10%, del deterioro en la inmunidad se debe al envejecimiento”, señala Vojdani.

La genética también desempeña un papel, pero mucho menos de lo que creerías. Hace unos años, un equipo internacional de investigadores obtuvo muestras de sangre de 210 pares de mellizos cuyas edades estaban entre los 8 y los 82 años. Analizaron las muestras para comprobar la cantidad de glóbulos blancos y otros marcadores de fortaleza inmunitaria. Los investigadores concluyeron que el 58% del sistema inmunitario está determinado casi completamente por factores no genéticos. Son factores que puedes influenciar todos los días y que no solo pueden reducir tu riesgo de padecer COVID-19, sino también aliviarte de la carga de muchas otras enfermedades relacionadas con el sistema inmunitario. 

La inflamación dificulta la lucha de nuestro cuerpo contra el coronavirus y la gripe.

“Hay muchos adultos mayores que tienen el sistema inmunitario más fuerte que algunas personas más jóvenes”, dice Vojdani. “La solución es el estilo de vida”.

Y esas decisiones sobre la manera de vivir también son fáciles. Comienza consumiendo lo más que puedas alimentos sin procesar, como carnes magras, frutas y verduras, y cereales integrales que no se empaquen con conservantes, aconseja Vojdani. Igualmente es importante evitar fumar y estar expuesto al humo de los cigarrillos de otros fumadores, beber demasiado alcohol y consumir demasiadas comidas fritas y con azúcar agregada. Además, debemos asegurarnos de consumir cantidades adecuadas de nutrientes esenciales.

También podemos dedicar un tiempo todos los días al ejercicio y encontrar maneras de reducir los niveles de estrés. Según un estudio en la revista JAMA, quienes padecen de trastornos relacionados con el estrés son un 36% más propensos a tener una enfermedad autoinmunitaria. Y no es de sorprender que este último año haya sido muy estresante. En una encuesta realizada por American Psychological Association se sugiere que nuestros niveles de estrés han aumentado en un 10%.

Por eso, permite que la pandemia sea un momento de enseñanza que lleve a un futuro más saludable en general. A continuación, te mostraremos lo que puedes hacer ahora mismo para mejorar el funcionamiento de tu sistema inmunitario, y además sugeriremos unas cuantas cosas que no deberías volver a hacer.

Un científico mira un monitor

ANDREW BROOKES/GETTY IMAGES

Aprende sobre el sistema inmune

Cuando las bacterias y los virus entran al organismo, estos defensores naturales entran en acción.

Macrófagos: Estos glóbulos blancos gigantescos esperan dentro de los tejidos sanos. A veces pasan años sin entrar en acción, pero cuando aparece un microbio patógeno, los macrófagos liberan una ráfaga de proteínas conocidas como citocinas, las que avisan al sistema inmunitario para que batalle. A partir de ahí, el macrófago se une al equipo de limpieza al engullir microbios patógenos muertos y dañados.

Linfocitos agresores: Algunas células infectadas pueden volverse “invisibles” para el sistema inmunitario, lo que permite que el microbio patógeno se siga diseminando sin cesar. Ese es el momento en el que los linfocitos agresores brindan una capa adicional de defensa. Un linfocito agresor puede identificar las células de apariencia anormal, lo que a menudo sucede con las células infectadas por un virus. Este linfocito estudia su blanco y si parece que la célula sospechosa está infectada, libera proteínas cerca a este posible microbio patógeno. Entonces, el microbio patógeno consume la proteína; es su última comida, y es mortífera.

Neutrófilos: A la primera señal de problemas, los neutrófilos salen a montones como abejas asesinas de varios aguijones. Los neutrófilos pueden capturar a sus enemigos, colocar trampas, inyectar veneno y amplificar señales que traen a más guerreros del sistema inmunitario. Cada neutrófilo solo vive durante aproximadamente un día, pero mientras continúa la batalla, células frescas siguen apareciendo para luchar. Lamentablemente, en su frenesí, a menudo pueden confundir a células sanas con el enemigo. Cuando eso sucede y los neutrófilos atacan tejidos sanos, los resultados son inflamación y enfermedades inflamatorias en todo el cuerpo.

Linfocitos B: Aunque los linfocitos B no maten directamente a los invasores, ayudan a enlentecer a los microbios patógenos al cubrirlos con pegajosas proteínas en forma de Y. Esto los debilita y los convierte en blanco fácil para células como los macrófagos, que los consumen a montones. El linfocito B es una célula inmunitaria adaptativa; es decir, es muy eficaz contra enfermedades con las que ha luchado antes, pero le resulta difícil reconocer nuevos microbios patógenos. Cuando aparece un nuevo coronavirus, le toma tiempo prepararse para producir anticuerpos.

Linfocitos T: Los linfocitos T son uno de los glóbulos blancos especiales que “reconocen” un invasor foráneo y saben exactamente cómo combatirlo. Sin embargo, con nuevos enemigos como COVID-19, el proceso puede demorar semanas. Cuando el linfocito T aprende el código —en esencia, traza el mapa de la estructura molecular de la superficie de un microbio patógeno— capacita rápido a un ejército de linfocitos T para que empiecen a abrir células infectadas y las llenen por completo de toxinas. Los médicos llaman este proceso inmunidad, aunque con COVID-19, todavía no sabemos con certeza cuánto tiempo demora. 

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