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Draco Rosa dice estar libre de cáncer Skip to content
 

Draco Rosa aprendió a vivir con gratitud y a perdonar

Después de dos trasplantes de médula ósea y de haber superado el cáncer retoma su pasión por la música y la vida.

Draco Rosa

Steve Lyon

Draco Rosa

Hace ocho años, la vida de Draco Rosa cambió por completo. Con solo 41 años, el diagnóstico de cáncer fue devastador. El linfoma no solo atacó y arremetió con fuerza destructora contra su sistema inmune, sino que también lo obligó a detener por completo su vida artística y su mayor pasión: la música. 

Draco Rosa no sabía lo que era una pausa en la vida profesional o personal. Empezó a vivir la fama con solo 10 años al ser parte de la banda juvenil Menudo. Después siguió viviendo el éxito en su faceta como compositor de temas mundialmente conocidos como “Livin’ La Vida Loca”, “Rosa María”, y “La copa de la vida”. 


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Después de ocho años de batallar con el cáncer y múltiples recaídas de salud a consecuencia de la agresiva enfermedad, el cantante reveló a AARP en español que ha podido recuperarse y liberarse de “ese gran silencio” para retomar su pasión por la música y por la vida. La experiencia también lo ha impulsado a buscar el donante que le devolvió la vida, y a trabajar para concientizar sobre la importancia de la donación de médula.

A finales del 2018, lanzó su último disco, Monte Sagrado

Carátula disco Monte Sagrado de Draco Rosa

Monte Sagrado: Original artwork and Graphic Art; Revel Rosa

¿Cómo surge el concepto de Monte Sagrado?

Pasó algo muy curioso. Tuve un despertar y me sentí raro. Comencé a sentirme normal y, claro, hacía tanto tiempo que no me sentía normal que me empecé a preocupar.

Comencé a jugar de nuevo en el estudio. Entonces, Monte Sagrado es un producto de muchos años de estar en ese gran silencio. Me aferré y dije: ‘me voy, me voy con esto porque me siento bien, me siento renovado, estoy feliz, saludable’.

Esta experiencia, ¿cómo ha cambiado tu manera de pensar?

Yo tuve dos trasplantes de médula: la primera fue autólogo que es mi propia médula, que duró como siete meses, y la segunda vez pues alogénico, o sea con un donante.

En mi peor momento me sentía tan enfermo que no quería dormir. Estaba tratando de quedarme despierto porque no quería cerrar los ojos. Pensaba que no me iba a levantar, pero me llegó un momento de gratitud, un feeling de estar bien, no con la muerte, simplemente me encontré en ese momento de una inmensa gratitud, y comenzaron a desaparecer los miedos, la confusión, las dudas.

Yo caminaba en el hospital, después del segundo trasplante, caminaba diferente, como que hubo una parte de mi ser que había desaparecido y estaba caminando como otro ser humano, más fuerte internamente, y la clave para mí ha sido perdonarme, y la otra clave ha sido aferrarme a lo que es, gratitud.

Tu donante está en Alemania. ¿Tienes contacto o relación con él?

No, me toca ahora escribirle. Ya son cinco años y me dieron la dirección. Lo busqué en Google Earth. Sé más o menos dónde está en Hamburgo, veo la estructura de la casa pero me toca hacer el contacto. Me imagino que lloraré al conocer a esta persona, porque gracias a él es que estoy aquí.

Es bien importante donar médula y en la comunidad latina no se suele entender ni hacer nada. Yo tengo mi fundación Vox Forte Alliance con la que estamos tratando de apoyar la donación de médula y la concientización.

 

¿Cuál es la mayor lección que aprendiste en estos años de lucha con el cáncer?

Una de las cosas que aprendí, lo aprendí cuando una enfermera amiga me dijo: “Oye Draco, yo sé que tú te tienes que perdonar”. Yo no lo entendí. ¿Cómo que perdonar? Y me perdoné, porque el ser humano dice: ¿qué habré hecho yo? La locura, libertinaje, rock and roll, las noches largas… y pensé, ‘¿será que yo me he hecho esto?’ A nadie le había dado cáncer en mi familia. Pero entendí y me perdoné.

Todas las mañanas de cada día, y sé que es muy difícil, aplico esto a mi vida. Obviamente hay obstáculos, hay familiares sufriendo, pero es cambiar el chip. Todas las mañanas trato de pensar en esto, si estoy mal y me levanto un poco torcido, pues me enderezo rápido, pienso en un par de cosas, cambio el chip y me siento de nuevo con la gratitud, que es lo que me define todos los días y me ayuda a hacer lo que sea.

Confío mucho más en el universo, respeto el universo, he aprendido a respetar la intuición. Eso es tener gratitud, estar con el universo; estas cosas de una manera u otra están amarradas.

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