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Roxana Delgado se convirtió en la cuidadora de su esposo, un militar herido en Bagdad

La rehabilitación, sus consejos y una fundación que da esperanzas a personas con traumas cerebrales.

Roxana Delgado: cuidando de un veterano de guerra

A pesar de que no era la primera operación militar de su esposo, Roxana Delgado tenía el presentimiento que algo no estaba bien con Víctor Medina, quien entonces se desempeñaba como sargento de primera clase del Ejército, a cargo de unos setenta soldados, cumpliendo misión en Iraq. Ese día, Delgado recuerda que en la noche llamó a su mamá y rezaron por Medina. Ambas presentían que él estaba en peligro. Pocas horas después, ella recibía una llamada donde le informaban que su esposo había sido herido. Llamada que la sumió en la incertidumbre y el desconcierto, pues no le dieron mayores detalles.

Era el 29 de junio del 2009, de un caluroso día de verano en Bagdad, cuando el vehículo en el que Medina viajaba, como parte de una caravana militar, fue impactado por un proyectil explosivo. El sargento, de origen puertorriqueño y 33 años, fue trasladado a un hospital en Alemania debido a la severidad de sus heridas. Esta era la única manera de salvarlo y tratar el daño cerebral que la explosión había causado.


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Delgado, doctora en ciencias de la salud, también de origen puertorriqueño y radicada en Texas, contó a AARP en español cómo ha sido el complicado pero gratificante proceso de cuidar de su esposo después de este evento que les cambió la vida, cómo ha sido su rehabilitación y cómo ella se enfrentó al rol de cuidadora sin estar preparada:

¿Recuerdas cómo fue ese momento en que te llaman para notificarte que tu esposo había sido herido?

Recibí la llamada a las 4:00 a.m. Realmente no te dicen nada. Te dicen algo así como: ‘lamentamos informarle que su esposo ha sido herido en una misión’. Después de eso no hay más comunicación. Esos son los momentos más difíciles debido a la incertidumbre que te embarga. Lo trasladan a [un hospital] en Alemania y encontraron que tenía tres hemorragias cerebrales y un trauma significativo.

¿Cuándo te enteras de los detalles del accidente?

Pasaron dos meses para que tuviera acceso a la tarjeta de informes de víctimas con todos los detalles. Cuando mi mamá y yo estábamos orando aquí [Texas] en la noche, en Iraq eran las 9:00 a.m. y ese fue el momento en que ocurrió la explosión. La información que yo tengo es por lo que me contaron otras personas que iban en el vehículo o porque está anotado en algún reporte. El proyectil impactó la puerta cercana a Víctor y esas puertas pesan casi una tonelada, así que imagínense el golpe que recibió. Su último recuerdo fue ‘un batazo grandísimo en la cabeza’.

¿Y eso último que sintió representó un verdadero cambio de vida?

En ese mismo momento todo cambió. Su rostro cambió. La parte izquierda de su cara estaba caída. Empezaron como pequeños ataques epilépticos. Comenzó a tener dificultad para hablar, empezó a tartamudear, sufría temblores como si tuviera la enfermedad de Parkinson. Todo ocurrió en un período de dos semanas. Se empezó a comportar como si fuera un niño de diez años.

"Me dije, tengo que demostrar que tenemos que darles esperanza a nuestros veteranos. Sin esperanza no se vive."

- Roxana Delgado

¿Estabas preparada para enfrentar su rehabilitación y para convertirte en cuidadora?

Yo no estaba preparada. No importa el grado académico que tengas, ni los años de universidad, nada te prepara para cuidar de un ser querido.  Pensé que las terapias no serían complejas. Nunca imaginé que iba a requerir tanta energía y conocimiento. Yo tuve que prepararme para poder ayudarlo a él.

Un médico te dijo que le estabas dando falsas esperanzas a tu esposo. ¿Cómo fue esa conversación?

Fue un psiquiatra. Yo lo miré y le dije: ‘¿qué es falsa esperanza?’ Me dije, tengo que demostrar que tenemos que darles esperanza a nuestros veteranos. Sin esperanza no se vive. ¿Cómo vas a llegar a tener metas si no hay esperanza? Esa falta de esperanza es la que pone a muchos veteranos en una situación donde sienten que no hay nada más por lo que vivir. Y en la vida siempre hay que tener un propósito.

Los pronósticos médicos eran que él no iba a ser nunca independiente, que no iba a tener habilidades físicas o mentales…

Me dijeron que iba a ser un veterano retirado sin habilidades para el resto de su vida. Víctor y yo siempre hemos sido muy positivos y yo le decía: ‘yo sé que tienes incapacidades, pero vamos hacer una lista también de tus habilidades’. Una de las cosas que Víctor quería hacer era regresar a la escuela y convertirse en un consejero de rehabilitación para ayudar a otros. Todo eso lo pudo hacer. Es totalmente independiente.

En este proceso de rehabilitación tuvo que aprender desde amarrarse un zapato hasta a volver hablar.

En el Ejército, una de las mayores habilidades de Víctor era hacer nudos de todos tipos para atar las cargas grandísimas que transportaban y pasó de eso a no poder hacerse los nudos de sus zapatos. Nos recomendaron que se pusiera zapatos con velcro [sin cordones], pero él no quería. Cada vez que nos sentábamos a ver una película, yo cogía un zapato y él otro y practicábamos los nudos.

Nosotros crecimos en Puerto Rico y hablábamos español todo el tiempo, pero toda la rehabilitación ha sido en inglés, así que no ha practicado el español. Hubo que volverlo a enseñar a hablar. Ha quedado tartamudeando, pero se le puede entender un poco mejor. Al principio, no podía escribir porque no lograba poner las palabras correctas una detrás de la otra. La rehabilitación de un trauma cerebral no es solo a nivel físico, sino cognitivo, auditivo y emocional.

¿Cuál ha sido el reto más grande que has enfrentado como cuidadora?

Uno de los retos más grandes ha sido entender el sistema médico y hacer que este trabaje para ti. La parte emocional ha sido increíble porque vas de conocer y amar a una persona, a vivir con una persona que es totalmente diferente, a quien tienes que ayudar y ver su sufrimiento.

¿Decidieron crear una fundación y un blog para ayudar a otros?

Víctor comenzó a escribir de nuevo en el 2010. Estaba muy frustrado porque creía que no avanzaba en la rehabilitación. Yo le hice entender que su rehabilitación no era para curarse, sino para sobrepasar sus incapacidades y aprender a vivir con estas. Así comenzó el blog TBI Water, el objetivo es ayudar a personas que sufren de un trauma cerebral.

Al TBI Warrior Foundation (en inglés) asisten personas en distintas etapas; desde quien lleva 30 años en una silla de ruedas, después de un trauma cerebral, hasta quien tuvo el accidente la semana pasada y no sabe por dónde comenzar su rehabilitación. Los ayudamos a entender que hay un futuro. Trabajamos con los cuidadores para que puedan ser fuertes física, emocional y espiritualmente, y adquieran el conocimiento necesario.

¿Qué le recomiendas a otros cuidadores?

Que se relajen si pueden, que no dejen de ser quienes son, que no abandonen sus sueños ni sus metas, que no olviden su identidad. Yo no abandoné mi carrera, ni mis sueños, ni mis metas, eso me ha ayudado mucho a continuar siendo quien soy yo. Yo añadí más conocimientos a los que ya tenía. Eso me ha ayudado a tener más habilidades y también a poder dar más.

Ser un cuidador no significa que todo está perdido.

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