Skip to content
 

Leyes y protecciones para los adultos mayores en Estados Unidos

En el Congreso, en todos los estados, y en los tribunales luchamos por las leyes que necesitan los adultos mayores. Conoce a quiénes protegemos.

Melvin Phillips en la puerta de su casa.

Patricia Mahoney

"Fueron nuestra salvación”, comentó Melvin Phillips, de 67 años, de Washington, D.C.

In English | Mi madre compró una casa de ladrillos rojos en la zona sureste de Washington D.C. en 1957 y terminó de pagarla en 1977. Esa es la casa donde crecimos mi hermano y yo, y donde hemos vivido juntos de nuevo después de que mi madre falleció en el 2006. Mi hermano, Steven, realizaba pagos periódicos de los impuestos sobre la propiedad, pero teníamos que verificar continuamente para estar seguros de que los pagábamos a tiempo, porque no estábamos recibiendo ninguna factura de impuestos. Me acuerdo de que una vez llamé a la oficina de impuestos y alguien me dijo: “Bueno, señor Phillips, si no está recibiendo una factura, entonces no se preocupe por eso”.

No fue hasta el 2011 que nos enteramos de que había un problema, y era serio: habían puesto la casa a la venta por impuestos atrasados. El aviso decía que debíamos $8,000, pero la mayoría de eso eran intereses y multas. La deuda original era de $2,800.

Antes de la fecha de la audiencia, leí mucha de información en internet y de un par de libros de abogacía que teníamos en la casa. Pensé que tenía una idea sobre lo que necesitaba decir. Le explicaría al juez que no habíamos estado recibiendo las facturas de impuestos, y todo se solucionaría. Pero cuando llegué a la sala del tribunal, estaba llena de abogados que representaban a clientes de bienes raíces, y yo estaba solo. Estos abogados se reían y bromeaban entre ellos —iban a ese lugar todos los días—. 

Durante la audiencia de mi caso, el juez no quiso escuchar mi historia. Preguntó si yo estaba preparado para restituir $16,000 ese día, una cantidad que incluía los honorarios de abogado de la empresa que había comprado el gravamen impositivo. “No”, dije. Estaba completamente anonadado. En D.C. en esa época, si perdías tu hogar debido a los impuestos atrasados, también perdías todo el valor líquido de la vivienda. No la vendían para pagar los impuestos ni te daban el resto para que vivieras de eso. La empresa que compró el gravamen impositivo de $2,800 sobre nuestra casa recibiría todo el dinero que nuestra madre había pagado y toda la revalorización desde ese momento. Íbamos a perder nuestro hogar. 

"Y puedo mirar la foto de mi madre y decir, 'Hicimos lo correcto. Todo quedó resuelto'".

— Melvin Phillips

Cuando salía de la sala del tribunal, aturdido, se me acercó alguien de Legal Counsel for the Elderly (en inglés) –LCE, Asesoría Jurídica para Adultos Mayores–. Nunca había escuchado de la LCE. Es la filial de defensa jurídica de AARP para los adultos mayores que viven en D.C., donde está ubicada la sede de la asociación. La LCE envía a abogados al tribunal de ejecuciones hipotecarias e intenta ayudar a los adultos mayores cuando puede.

Se demoró dos años, pero con la ayuda de los abogados de la LCE, pudimos salvar nuestro hogar. Nos representaron en el tribunal y nos aconsejaron que obtuviéramos una hipoteca revertida para poder pagar los impuestos atrasados y los cargos. También usamos parte del dinero de la hipoteca para hacer unos arreglos que hacían falta en la casa. Ellos en verdad fueron nuestra salvación.

Lo que nos sucedió a mi hermano y a mí les estaba pasando a muchas personas en nuestra ciudad y en todo el país. Unos depredadores se aprovechaban de las leyes para apoderarse de propiedades que estaban pagadas si los adultos mayores se atrasaban con sus impuestos o se confundían sobre cuánto dinero debían. Después de que la LCE nos ayudó, sus abogados trabajaron para que se cambiaran las leyes locales, para que no le sucediera a nadie más lo que nos pasó a nosotros. Entre otros cambios, ahora las leyes en D.C. requieren que se envíe a la propiedad una copia de cada factura de impuestos, incluso si el dueño recibe su correo en otro lugar.

El estrés de posiblemente perder nuestro hogar fue terrible, en particular cuando pensaba en lo duro que mi madre había trabajado para comprarlo. Pero ahora no me estreso sobre eso para nada. Cuando estoy en mi sala de estar, puedo escoger un libro —soy bastante fanático de los libros— y sentarme a leer, y cuando miro a mi alrededor, me siento seguro sabiendo que la casa está pagada y los impuestos están al día. Y puedo mirar la foto de mi madre y decir: “Hicimos lo correcto. Todo quedó resuelto”.

— Melvin Phillips, de 67 años, ha sido socio desde el 2004

El Seguro Social: beneficios recuperados

A Wanda Witter le debían miles de dólares, y AARP la ayudó a recuperarlos. Conoce más sobre su historia.

Wanda Witter camina en la calle.

¿Qué opinas?

0 | Add Yours

Deje su comentario en el campo de abajo.

Debe registrarse para comentar.