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Devastador impacto económico del coronavirus en trabajadores de 50 años o más

La necesidad de fondos de emergencia, vacaciones pagadas y protección contra la discriminación.

Un trabajador está poniendo papel sobre las ventanas de un restaurante cerrado

David L. Ryan/The Boston Globe via Getty Images

Un empleado pega un papel en las ventanas de un restaurante de Boston que dice: se cierra temporalmente durante el brote de coronavirus.

In English |  El reciente y devastador informe del número de empleos muestra que el coronavirus está cobrando un precio histórico en los trabajadores de todas las edades. Más de diez millones de personas solicitaron beneficios de desempleo en las últimas dos semanas de marzo.

Entre los afectados se encuentran los 54 millones de trabajadores de 50 años o más. Según un informe federal de empleos publicado el viernes, la tasa de desempleo de los trabajadores mayores de 55 años aumentó del 2.6% en febrero al 3.3% en marzo. El informe no capta la pérdida de trabajo de las últimas semanas, por lo que se espera que el número de desempleados aumente drásticamente en el informe del próximo mes.

Para los trabajadores de 50 años o más, la crisis pone de relieve una serie de desafíos, algunos de los cuales comparten con todos los trabajadores y otros que son exclusivos de ese grupo de edad. Entre esos problemas figuran la escasez de ahorros para emergencias, los efectos de la discriminación por motivos de edad en el lugar de trabajo y la falta de licencias remuneradas por enfermedad o de licencias prolongadas para el cuidado de la familia.

La crisis de la COVID-19 requiere una acción rápida y demuestra la urgente necesidad de tomar medidas a largo plazo para asegurar que las personas mayores tengan la capacidad de recuperación financiera para sobrellevar tales tormentas y mantenerse saludables. Esto incluye la acción de los Gobiernos federal, estatales y locales, así como de los empleadores y los individuos.

Una emergencia en los fondos de emergencia

Cuando una crisis golpea, todos los trabajadores necesitan un fondo de emergencia para ayudar a amortiguar el impacto de los gastos inesperados y la pérdida de salario. Una reserva de solo unos pocos cientos de dólares puede evitar que las familias se queden sin alimentos o medicamentos. Los ahorros para emergencias también pueden retrasar la necesidad de recurrir a las deudas de alto costo y a los ahorros para la jubilación para cubrir los gastos de subsistencia.

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Pero según el Instituto de Política Pública de AARP (PDF en inglés), el 51% de las personas de 50 años o más carecen de cuentas de ahorro para emergencias. La falta de ahorros líquidos es un desafío para las personas de todos los niveles de ingresos; incluso entre las personas con ingresos familiares de $150,000 o más. Una de cada cuatro no tiene una cuenta de ahorros para emergencias. El coronavirus puede tener efectos más devastadores entre los trabajadores mayores sin ahorros de emergencia, porque les quedan muchos menos años de trabajo para pagar la deuda y reconstruir los ahorros.

El más reciente paquete de ayuda por el coronavirus levanta temporalmente las penalidades por retiros anticipados de ciertas cuentas de jubilación, como los planes 401(k). Aunque es una concesión comprensible, los trabajadores que gastan sus ahorros para cubrir una emergencia financiera pueden perjudicar su seguridad financiera futura.

En cambio, los legisladores deberían seguir fortaleciendo la red de seguridad social. El sector privado también tiene un importante papel que desempeñar. Por ejemplo, más empleadores podrían facilitar ahorros de emergencia a través de deducciones de nómina para ayudar a facilitar el ahorrar para gastos inesperados de los empleados.

La discriminación por edad golpea duro en la incertidumbre económica

A medida que las cifras de desempleo se disparan, a los trabajadores de 50 años o más les preocupa la discriminación por edad. La investigación de AARP (PDF en inglés) ha descubierto que los trabajadores mayores pueden ser altamente vulnerables a los despidos en tiempos de incertidumbre económica y tienen más dificultades para volver a encontrar empleos con los salarios anteriores cuando se ven desplazados. Según el Longevity Economy™ Outlook de AARP, la discriminación por edad le costó a EE.UU. 8.6 millones de empleos y $545,000 millones en sueldos y salarios perdidos solo en el 2018.

La discriminación por edad cobra un gran número de víctimas entre los trabajadores y sus familias y tiene un enorme impacto económico.  Según la investigación de AARP, la economía estadounidense perdió $850,000 millones en actividad económica en el 2018 debido a la discriminación por edad. La discriminación por edad en el lugar de trabajo lleva a consecuencias negativas como la jubilación voluntaria, el subempleo y el desempleo.

Más de seis de cada diez trabajadores mayores reportan haber visto o experimentado discriminación por edad en el trabajo. Más de la mitad de los trabajadores mayores se ven forzados a dejar el trabajo antes de la edad en que esperaban jubilarse, e incluso si encuentran trabajo de nuevo, nueve de cada diez nunca coinciden con sus ganancias anteriores, según AARP.

Ya estamos viendo el impacto del coronavirus en la fuerza laboral, y hubo un número récord de solicitudes de desempleo en las últimas semanas.  La discriminación por edad después de la pandemia podría ser aún mayor, con un mercado laboral más restringido. Los legisladores deben reforzar las leyes federales y estatales que protegen contra la discriminación por edad y velar por que las víctimas dispongan de remedios adecuados, incluidos los daños monetarios.

La necesidad de crear una mejor licencia o permiso por enfermedad

Una de las primeras lecciones de la pandemia es que una gran cantidad de trabajadores sin acceso a licencias remuneradas representaba un grave riesgo para la salud pública. Todos los días, los trabajadores de una amplia gama de ocupaciones tenían que elegir entre quedarse en casa para sobrellevar los síntomas parecidos a los de la gripe que podrían indicar la presencia del coronavirus o ir al trabajo a cobrar el sueldo para asegurar la comida en la mesa familiar.

Este dilema moral es muy agudo para quienes están en el nuevo frente de batalla: los empleados de los supermercados, los trabajadores de atención directa, los empleados de las gasolineras y otros que proporcionan servicios críticos para mantenernos a todos seguros y saludables.

Según el Departamento de Trabajo de EE.UU., el 71% de trabajadores no tiene la opción de trabajar desde casa. Y muchos, en especial los trabajadores mayores, viven en áreas donde el deficiente acceso a internet hace difícil, o imposible, trabajar remotamente. Además, el acceso a banda ancha generalmente disminuye con la edad, según el Censo de Estados Unidos (en inglés).

Muchos trabajadores de edad avanzada ganan sueldos en las industrias de hospitalidad, alimentación y bebidas, servicios de atención a niños y adultos mayores, venta al por menor y cuidado de salud. Es poco probable que estas industrias de servicios también proporcionen licencias remuneradas por enfermedad o por cuidados familiares.

El proyecto de ley de emergencia sobre el coronavirus aprobado a mediados de marzo requiere que ciertos empleadores provean a los empleados licencia por enfermedad pagada o licencia familiar y médica por razones específicas relacionadas con COVID-19. Pero el paquete no cubre a todos los cuidadores familiares que trabajan y que pueden estar cuidando a parientes mayores con el coronavirus, y las disposiciones son solo una respuesta temporal a la pandemia, en lugar de un cambio permanente de los requisitos de licencia remunerada.

La falta de licencia por enfermedad golpea con más fuerza a los hogares de bajos ingresos. Entre el 10% de los asalariados más bajos, dos tercios no tienen licencia por enfermedad pagada (en inglés), en comparación con solo el 7% sin esa licencia entre los asalariados más altos. Y las personas que tienen trabajos de bajos salarios sin licencia por enfermedad o por cuidado de otras personas tienen más probabilidades de ser mujeres y minorías.

Según el Departamento de Trabajo de EE.UU., el 71% de trabajadores no tiene la opción de trabajar desde casa. Y muchos, en especial los trabajadores mayores, viven en áreas donde el deficiente acceso a internet hace difícil, o imposible, trabajar remotamente.

El proyecto de ley de estímulo de $2 billones también proporciona cierto alivio a estos trabajadores, incluido un seguro de desempleo ampliado. Y algunos estados están implementando nuevas políticas de licencia por enfermedad pagada para los trabajadores. Algunas grandes compañías globales de tecnología, comercio minorista y hospitalidad han aplicado voluntariamente políticas de licencia de enfermedad remunerada para los trabajadores por hora en respuesta al brote.

Pero la licencia por enfermedad remunerada no debería ser una medida temporal en respuesta a una pandemia mundial. Los legisladores deben asegurarse de que todos los empleados dispongan de una cantidad razonable de tiempo libre remunerado.

El impacto económico del coronavirus se extiende a los cuidadores familiares. Un estimado de 24 millones de cuidadores familiares —cerca del 60% de los cuidadores familiares de adultos— también están trabajando en un trabajo remunerado. Y la mitad de los cuidadores empleados son trabajadores mayores, de 50 años o más, en sus mejores años de trabajo.

Estos cuidadores pueden necesitar tomarse tiempo libre del trabajo si un cónyuge, padre o familiar se enferma a causa del coronavirus, lo que significa más pérdida de salario. Mientras que la FMLA (Ley de Licencia Familiar y Médica) requiere que algunas compañías proporcionen permiso sin pago a ciertos empleados para cuidar de un familiar, solo ocho estados y el Distrito de Columbia han aprobado programas de permiso familiar pagado que incluyen tiempo libre remunerado para cuidar de un familiar gravemente enfermo.

Esta crisis sigue desarrollándose, y los legisladores tendrán que adoptar una visión a largo plazo. A medida que se elaboren nuevas políticas, la atención debe centrarse en ayudar a los trabajadores a recuperar el empleo —y, en el caso de los trabajadores mayores, en la protección contra la discriminación por edad—, así como en ampliar las licencias remuneradas para los empleados de todas las industrias.

Autores

Ramsey Alwin es director de Liderazgo de Pensamiento y Resistencia Financiera en AARP y trabaja en temas relacionados con la seguridad económica, el futuro del trabajo, la jubilación y la longevidad.

Jen Schramm es asesora sénior de Políticas Estratégicas en el Instituto de Política Pública de AARP y trabaja en los desafíos y las oportunidades de las políticas relacionadas con los trabajadores de 50 años o más.

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