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¿Es Jimmy Buffett la nueva imagen de la jubilación en Estados Unidos?

​Los admiradores del músico y los residentes de estas comunidades afirman que se trata de un nuevo estilo de jubilación.

Personas mayores en la playa de la comunidad para retirados de Latitude Margaritaville

AMES JACKMAN

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¿Lo imaginamos, o Latitude Margaritaville, una nueva comunidad para jubilados situada en Daytona Beach, Florida, se parece mucho a un par de canciones de Jimmy Buffett? Pues resulta que este complejo de tonos pastel para boomers es lo más parecido a vivir en la mente de Buffett.

En el Latitude Bar & Chill puedes comer una Cheeseburger in Paradise (hamburguesa en el paraíso), nombrada en honor a su tributo de 1978 a su comida favorita, o ejercitar a tu perro en el parque canino Barkaritaville. Los tonos de las prolijas casas de tablones rosados y celestes se asemejan a las portadas de los álbumes en tonos pastel del cantautor. Cuando visité el complejo el pasado mes de julio, me di cuenta de que comenzaba a comportarme como un personaje de una de esas canciones: pasé el día bebiendo en una fiesta donde servían tequila, más tarde disfruté relajadamente varias horas en una amplia casa en la playa que alquilé por un par de días para descubrir cómo es la vida aquí.

Sin embargo, varios residentes me dijeron que para sumergirme plenamente en el estilo de vida tendría que pasar algún tiempo al sol y sudar un poco. Ya que la temperatura de Florida alcanza los 90 grados, evité el pickleball, el tenis y las bochas, y opté en su lugar por la piscina: una clase de “kickboxing acuático”.  

En el gimnasio Fins Up! Fitness Center, me encontré con una piscina gigantesca rodeada de palmeras y mesas con sombrillas. Cerca de 20 mujeres de alrededor de 70 años (o más) y en buena forma física se balanceaban en el agua, mientras que un enérgico instructor en traje de baño las animaba junto a la piscina.

Entré en la piscina, esperando no incomodar a los demás con mi vigor y destreza. Nuestro entrenador encendió el equipo de música e hizo demostraciones de movimientos muy rápidos —zancadas laterales, patadas frontales, puñetazos, saltos de tijera— que resultaron sumamente difíciles debido a la resistencia del agua. A los cinco minutos ya me faltaba el aire, me ardían los músculos y gritaba en silencio: ¡Esto no puede durar mucho más! Continuó sin interrupción durante otros 40 minutos. Logré terminar por puro ego y salí del agua temblando. En ese momento me di cuenta de que los demás se quedaban en la piscina. Esperaban con paciencia el comienzo de la próxima clase: “zumba acuático”. Cuando expresé mi incredulidad, se rieron. “Bueno, es que hemos estado haciendo estas rutinas durante meses”, dijo una mujer. “Estamos acostumbradas”.

Fue en ese momento que comprendí todo el alcance de la filosofía de Buffett sobre la jubilación: una onda vacacional donde cada día parece sábado, combinada con actividades intensivas y participación comunitaria para mantener el cerebro y el cuerpo en condiciones óptimas, y no caer en la melancolía.

Personas mayores escuchando música en la comunidad para retirados de Latitude Margaritaville

JAMES JACKMAN

La idea de una comunidad para jubilados restricciones de edad nació en el suroeste del país. Cuando se inauguró Sun City, Arizona —la primera comunidad creada por el promotor Del Webb para personas de 55 años o más— en 1960, fue un éxito tan rotundo que Webb terminó en la portada de la revista Time. Las comunidades para mayores de 55 años han proliferado en el país desde entonces. Hoy existen comunidades Del Webb Active Adult Communities en 19 estados, además de numerosos competidores que incluyen siete establecimientos de Leisure World. En años recientes han aparecido otras alternativas interesantes, como colonias multigeneracionales y comunidades para adultos mayores con un enfoque en la alimentación "de la granja a la mesa" (lee la página 50). La comunidad Latitude Margaritaville, creada en el 2021, guarda similitudes con la idea de Webb orientada a la relajación de los años 60 (si le agregas tequila, sal y marihuana medicinal).

Sin embargo, la versión de Buffett del paraíso poslaboral se aleja de previas versiones de la idea, incluido el gigantesco centro para jubilados: The Villages, la enorme comunidad para adultos de 55 años o más en el centro de Florida que ostenta la asombrosa cantidad de 693 hoyos de golf (lee “A Permanent Vacation Under the Florida Sun” en aarp.org/villages). The Villages abrió sus puertas en la década de 1980 y cuenta con una población de más de 130,000 residentes, además de ser una de las principales escalas de las campañas políticas. En cambio, Latitude Margaritaville parece creada para boomers que comparten los mismos recuerdos, no de Jack Nicklaus ni clubes políticos universitarios, sino de bailar en conciertos en estadios con unos cuantos desconocidos que terminan siendo amigos. Los residentes parecen evitar intencionalmente las fuentes de fricción interpersonal: durante la campaña del 2020, incluso votaron a favor de retirar todos los letreros electorales de los céspedes de sus casas.

Latitude Margaritaville se posiciona como un lugar más joven y moderno para jubilarse, con materiales publicitarios que difunden el popular mensaje “Growing older but not up” (cumple años sin envejecer). Ese es el título de una canción de Buffett de 1981, y es el propio Buffett el principal atractivo en la promoción del complejo. Se describe a sí mismo como un símbolo viviente de la generación de los baby boomers, y es el perfecto promotor de una comunidad concebida en torno al movimiento cultural "youthquake" (centrado en las tendencias de la juventud) de los 60, cuya música, películas, libros y moda han dominado el mundo durante décadas. Para Buffett, es una inteligente ampliación de su marca: sus centros turísticos, restaurantes, casinos y mercadería Margaritaville ya lo han convertido en multimillonario.

En efecto, desde que salieron a la venta las primeras viviendas en Daytona Beach en noviembre del 2017, la empresa de Buffett ha vendido unidades por un valor de más de $600 millones en tres ubicaciones: la original, en Daytona Beach (que ya alcanzó su límite de venta de 3,500 viviendas); Hilton Head, Carolina del Sur; y Panama City Beach, Florida, donde Margaritaville Watersound, zonificada para construir hasta 170,000 viviendas, será la comunidad de “vida activa” para jubilados más grande en Estados Unidos, si se construyen todas las viviendas planificadas. Pero eso es todavía un gran interrogante.

El más sorprendido ante la idea de que Buffett abriera comunidades para jubilados fue el mismo cantante. “Cuando me comentaron la idea”, recuerda, “dije ‘¿en serio? ¿Quieren vivir en Margaritaville?’”. 

Jimmy Buffet sostiene una guitarra en su casa en Sag Harbor, Nueva York

JEFF LIPSKY

Buffett en su casa en Sag Harbor, Nueva York, en septiembre.

Una semana después de mi viaje a Daytona Beach me reuní con Buffett en el estudio de su casa en Sag Harbor, Long Island, lleno de luz y abarrotado de guitarras. Llevaba una camisa hawaiana, pantalones cortos y unas sandalias que se quitó cuando nos acomodamos en un sofá de cuero desgastado. Tiene 74 años y canas, pero se mantiene en forma gracias a su régimen de ejercicio y dieta. De hecho, parece haber renacido con la edad: el padre suburbano, rubio y sosegado de los años 80 y 90 ha dado paso al pícaro roquero de hoy. Buffett se considera afortunado en muchos aspectos. Está casado con la misma mujer, Jane Slagsvol, desde 1977. Tiene una relación estrecha con sus tres hijos adultos (dos hijas y un hijo). Hasta el cierre impuesto por la COVID-19, tenía uno de los espectáculos en vivo más exitosos del planeta. En el último año y medio grabó y sacó a la venta dos discos, incluido Life on the Flip Side, su primer LP de temas originales en siete años, que alcanzó el primer lugar en la lista de discos country de Billboard. Todavía pilotea sus cuatro aviones particulares, es capitán de su propio barco pesquero diseñado por encargo, practica el surf hidroala, cena con amigos como Paul McCartney y Warren Buffett, y se traslada entre SUS viviendas en St. Barts, Nueva York y Los Ángeles, entre otros lugares. No le faltan motivos para ser feliz.

En la lista de logros recientes de Buffett —que también incluye libros de gran éxito y una emisora de radio SiriusXM con 9 millones de oyentes semanales— se destacan grandes proyectos, como un complejo turístico de $370 millones en Times Square que se inauguró el pasado mes de julio, y el espectáculo Escape to Margaritaville, que se presentó en Broadway en el 2018 y recientemente reanudó una gira nacional. Esos proyectos dejan en claro que Buffett no está nada cerca de jubilarse. “Me van a tener que arrastrar del escenario o de la cabina de mando”, dice entre risas. “Quiero ser el ejemplo de la persona que podría jubilarse pero no lo hace”. Esa afirmación podría parecer un grave error de relaciones públicas para un flamante magnate de la jubilación, pero Buffett sabe que sus seguidores no esperan que viva como ellos. Su estilo es aspiracional: ha marcado tendencias de estilo de vida desde antes de que existiera el concepto. Uno de los objetivos principales de Buffett al construir paraísos para jubilados es que sus admiradores puedan finalmente vivir la vida que describe en sus canciones. “Muchas personas trabajaron mucho más de lo que jugaron en sus vidas”, señala. “Este es su momento para jugar”.

Un poco de historia, para quienes pueden no conocerlo: Buffett se dio a conocer como el vacacionista perpetuo en la década de 1970, después de mudarse de Nashville a Key West, Florida, a los veintitantos años, huyendo de un primer matrimonio frustrado y de un primer álbum que fue un fracaso. Gracias a la influencia de las playas de arena blanca de Key West, las palmeras y la brisa del océano, dejó de componer canciones de música folk desconsoladas y comenzó a expresar su visión del mundo fundamentalmente positiva en una serie de discos: A White Sport Coat and a Pink Crustacean (1973), Living and Dying in ¾ Time (1974) y A1A (1974). Si bien no encabezaron los éxitos discográficos, vendieron suficientes copias como para que Buffett continuara de gira y llenara salas medianas hasta 1977, cuando compuso un tema sobre un hombre que sufre la dulce angustia de una ruptura amorosa. Dice que tardó 20 minutos en componer “Margaritaville”, que según su amigo Tom Freston, exdirector ejecutivo de MTV Networks y Viacom, tal vez sea “la canción más valiosa” jamás escrita, junto con “White Christmas”.


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De hecho, ahora que la canción es la base de una importante marca que produce más de $1,000 millones en ventas anuales, Buffett se muestra algo defensivo al respecto. Insiste en que la canción no es el depravado lamento al que los revisionistas han intentado reducirla. “Soy un buen católico”, dice Buffett, medio en broma. “Al final de la canción, me culpo a mí mismo. Asumo la responsabilidad.”  

Gracias al alegre ritmo de los tambores de acero y al sublime estribillo, la canción de Buffett alcanzó la lista de los 10 éxitos más destacados que había perseguido durante toda una década. Le pregunté a Irving Azoff, su representante de siempre, cómo “Margaritaville” había cambiado a Buffett. “Jimmy no cambió como persona”, dice Azoff. “Pero cambió mucho como artista porque se convirtió en una estrella, llenando estadios". Los admiradores comenzaron a seguir las giras de Buffett, de ciudad en ciudad, como los famosos Deadheads, seguidores de los Grateful Dead. En 1985, cuando un miembro de la banda notó que los admiradores llevaban coloridos sombreros que los hacían parecer pájaros tropicales, alguien los llamó Parrot Heads (cabezas de loro). Este sigue siendo el término artístico para describir a los admiradores más fanáticos de Buffett, que llegan horas y hasta días antes de sus conciertos para celebrar fiestas con alcohol en los estacionamientos de los estadios.

A pesar de su popularidad en las giras, Buffett nunca fue un favorito de los premios Grammy, del Salón de la Fama del Rock and Roll ni de las listas de canciones reproducidas en la radio. Pero, aunque los críticos no adoren a Buffett, algunos de sus colegas músicos se ocupan de esa tarea. Bob Dylan definió a Jimmy Buffett como uno de los mejores compositores que ha producido Estados Unidos, y citó las conmovedoras baladas “He Went to Paris” y “Death of an Unpopular Poet.” Chris Blackwell, fundador de Island Records (que lanzó algunos de los discos de Buffett), dijo: “Es un gran compositor, de eso no hay duda”. Su sonido caribeño constituye un “género propio”. Sin embargo, según Blackwell, es la personalidad de Buffett lo que inspira lealtad entre sus seguidores. “Es una persona increíblemente cálida y generosa, y eso se traslada al escenario”, agrega Blackwell. “La gente lo siente”.

Para Buffett, todo comenzó cuando observó que las personas que vendían camisetas para sus admiradores habían escrito mal su nombre. Le encargó a un amigo de Florida que imprimiera algunas con el nombre bien escrito y las vendió en una tienda de artículos promocionales que abrió en 1985 en Key West. Dos años más tarde, la tienda, llamada Margaritaville —que para entonces vendía comida y bebida— estaba produciendo $1 millón al año en ventas. Buffett se dio cuenta de que tenía la base para crear una marca seria, pero también sabía que no tenía la experiencia necesaria para darle un alcance mundial. Fue así como en 1999 invitó a trabajar con él a un amigo de Wall Street, John Cohlan, quien había trabajado en marcas importantes como RC Cola y Snapple. “Le dije, “no puedo pagarte lo que ganas en Wall Street, pero podemos ser socios y puedes venir a trabajar en pantalones cortos y chanclas”, recuerda Buffett.

Cohlan ni lo dudó ya que había visto a Buffett tocar frente a 100,000 admiradores fervientes. “Casi todas las marcas se centran en el producto que venden”, dijo Cohaln por Zoom, desde su sede en Palm Beach, “pero esto en realidad era algo emocional”. Y la emoción es el motor de una marca.

Para ilustrar sus palabras, Cohlan me remite a 1999, al origen de la visión de Margaritaville, que el mismo Buffett escribió apresuradamente en un procesador de texto que tomó prestado en la oficina de una agencia de publicidad en Nueva York. “¿Dónde queda Margaritaville?” escribió. “Se encuentra en el trópico, en algún lugar entre el Puerto de la Indecisión y el Sudeste del Trastorno, pero su ubicación exacta no tiene paralelos de latitud ni longitud… Se esconde tras palmeras, la brisa marina atrae a hidroaviones y veleros, turistas y viajeros. No se necesita pasaporte…

“¿Dónde está Margaritaville? Está en tu mente”.

No todas las estrellas de rock de la década de los 70 podrían lanzar una marca multimillonaria sin parecer codiciosos. Sin embargo, la transformación de Buffett en empresario fue algo natural. Como recuerda su gran amiga Jann Wenner, editora de Rolling Stone, una vez Buffett se marchó en mitad de una espléndida fiesta en honor de su cumpleaños número 70, en Jamaica, para darle la bienvenida al personal de la franquicia local del restaurante Margaritaville. “Eso es lo que hace un buen empresario”, señala Wenner. “Y él disfruta al hacerlo”.

La forma escéptica de plantear estos momentos es considerar que Buffett finge pasar el tiempo relajándose en la playa pero que en realidad nunca deja de trabajar. Sin embargo, la verdad es que Buffett es un experto a la hora de delegar y se las arregla para divertirse a lo grande a su propio estilo. Como dice Cohlan, “Jimmy no se ocupa de crear los menús”. 

Comunidad para retirados Latitudes Margaritaville

JAMES JACKMAN

La idea de expandir la marca Margaritaville a fin de incluir comunidades para jubilados ya se había estado gestando cuando Cohlan se enteró de que Minto, un promotor inmobiliario canadiense, había adquirido 260 acres en Daytona Beach y tenía planes de construir una comunidad para personas de 55 años o más. Buffett no tardó mucho en reconocer el potencial. Sabía que sus seguidores boomers originales estaban empezando a jubilarse. Gracias a la medicina moderna, los boomers más jóvenes, que nacieron en 1964, podrían vivir otros 30 o 40 años con buena salud y con el dinero para vivirlos con estilo, ya que los boomers tienen más ahorros discrecionales que cualquier otra generación anterior. “¿Y qué hacen las personas con ese tiempo?” pregunta Buffett. “Muchos cobran una buena pensión —son maestros o bomberos— y desean vivir con personas que tengan criterios similares. 

Minto acordó construir la comunidad planeada que llevaría la marca Margaritaville Holdings LLC. Y cuando abrió el centro de ventas en el 2017, cientos de personas acamparon la noche anterior en el estacionamiento con sillas plegables y licuadoras, exactamente como los admiradores Parrot Heads en las fiestas en los estacionamientos de los estadios. Las imágenes del evento muestran a personas que lloran de emoción después de firmar el contrato de una vivienda. Latitude Margaritaville no es un paraíso de costo módico. El precio de las viviendas nuevas varía entre alrededor de $250,000 y $450,000, y esa suma no incluye las cuotas mensuales de mantenimiento ni el costo de equipar el lugar con los mejores electrodomésticos, gabinetes y todo lo demás. Una casa con un precio anunciado de $200,000 te puede costar otros $50,000 a fin de cuentas; sin embargo, el precio promedio de una vivienda en Estados Unidos actualmente es de $353,000.  

Una jubilación centrada únicamente en divertirse y ejercitarse puede parecer algo egocéntrico, como un plan para retirarse del mundo en vez de contribuir a él. Le pregunté directamente a Buffett: “¿Margaritaville solo se trata de eso?” Al principio, lo entendió mal. “Me educaron según el concepto ‘la nobleza obliga’”, dijo, con un tono dolido. “Si logras tener éxito, retribuyes. Siempre lo he hecho. Estoy seguro de que somos la única banda que tiene un plan de jubilación. Hace 26 años creamos Singing for Change, nuestra fundación benéfica. Nos quedamos con un dólar de cada entrada que vendemos”. (La fundación ayuda a las personas sin recursos a ser más autosuficientes).

Cuando recalqué que me refería a las personas que viven en sus comunidades para jubilados, dijo: “En esto, ellos siguen nuestro ejemplo”. Menciona a una residente que conoció en la comunidad de Daytona al comienzo de la pandemia de COVID-19. “Organizó a todas las mujeres y confeccionaron más de 2,000 mascarillas para los hospitales”. También menciona que hay tres o cuatro bandas formadas por residentes que tocan temas de Jimmy Buffett, y una de ellas tocó en un beneficio que recaudó $7,000 para que otro residente recibiera tratamiento contra el cáncer. Aun así, a Buffett le gusta decir que todo su imperio Margaritaville —hoteles, restaurantes, comunidades para jubilados y, por supuesto, toda su carrera musical— se basa en el escapismo.

“Es esencial divertirse en la vida”, señala. “Esa pequeña dosis de escapismo que aportamos, esa pequeña dosis de humanidad, es lo que impide que retrocedamos a un estilo de vida primitivo”. Con su camaradería de rock ‘n’ roll y un sentido de comunidad propio de los años 60, Latitude Margaritaville promete a un cierto grupo de boomers amantes del sol, una jubilación concebida solo para ellos. Aunque el afán de divertirse no sea una novedad, sigue siendo un poderoso atractivo, señala Buffett. “Si eliminas la diversión y eliminas el escapismo, si eliminas el interés por los demás, vuelves a la cueva”.

El periodista John Colapinto escribe desde hace tiempo para The New Yorker y Rolling Stone y es el autor de As Nature Made Him y This Is the Voice. Escribió un perfil sobre Tony Bennett en el número de febrero/marzo del 2021.