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Nuevas comunidades universitarias para los jubilados

Beneficios mixtos de la vida en el campus y servicios para adultos mayores.

Mujer leyendo en una biblioteca

ASISEEIT/GETTY IMAGES

In English | Henninger tiene 85 años y vive en Vi en Palo Alto, una comunidad de cuidados continuos para jubilados en un terreno arrendado de Stanford. Hay un número creciente de instalaciones de este tipo en campus universitarios o cerca de los mismos. Aunque estas comunidades usualmente son costosas, los residentes pueden disfrutar de varios niveles de participación en las escuelas asociadas, lo que ofrece una conexión para los adultos mayores que vale la pena pagar.

Adornada con una camiseta de Stanford, zapatillas deportivas, aretes rojos de Stanford y un bolso con el logo de Hoover Institution, el grupo de expertos en política pública de la universidad, Henninger lleva a un visitante por el vestíbulo de Vi —con el piano de cola frente a las ventanas del piso al techo—, se sienta en una soleada sala de café y describe por qué ella y su difunto esposo (ambos exalumnos) decidieron mudarse aquí.

"Las personas necesitan tener un propósito en su vida", dice Henninger, quien va a todos los partidos de baloncesto y fútbol americano de los equipos locales, trabaja como acomodadora en las ceremonias de graduación y otros eventos, aloja a sus colegas de Hoover que van de visita, y disfruta de los muchos tipos de música disponibles y las seis conferencias al mes en el auditorio del edificio.

"La jubilación iba a ser la próxima etapa de la vida, no el final", dice ella. "Y poder conectarte con una universidad te da muchas opciones".

Muchos jubilados están de acuerdo. En la actualidad hay al menos 80 comunidades de cuidados continuos para jubilados —también conocidas como comunidades de plan de vida— afiliadas con universidades, según Ziegler and Company, un banco de inversión especializado en la vivienda y educación de adultos mayores.


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Además de Vi en Palo Alto, estas comunidades incluyen Kendal en Oberlin, University Place en Purdue, Lasell Village en Lasell College, Capstone Village en University of Alabama, Woodlands en Furman University, Oak Hammock en University of Florida, Holy Cross Village en Notre Dame y St. Mary's Court en George Washington University.

Hay más complejos como estos (y más grandes) en la etapa de planificación o bajo construcción, incluidos Mirabella en Arizona State University, The Spires en Berry College, Legacy Point en University of Central Florida y Broadview Senior Living en Purchase College. Los posibles ocupantes no tienen que ser exalumnos de estas instituciones para vivir en los complejos, y la proporción de los que sí lo son varía ampliamente. Por ejemplo, en Vi, alrededor de una cuarta parte de los residentes fueron estudiantes o empleados de Stanford.

"Los beneficios fluyen en ambas direcciones, tanto para las personas que viven en estos lugares como para las universidades que son lo suficientemente sabias para conectarse con ellas", dice Todd Hardy, director administrativo de zonas de innovación.

Otras fuentes de ingresos

No necesitas un título universitario para hacer el cálculo. Las universidades están enfrentando una demografía desequilibrada; una disminución en la cantidad de estudiantes de 18 años afecta grandemente la matrícula, mientras que el número de jubilados crece rápidamente.

Actualmente, hay 3 millones menos de estudiantes, en comparación con la cifra más alta en el 2011, según el National Student Clearinghouse Research Center (en inglés), que monitorea estos datos. Por otra parte, el crecimiento más rápido durante los próximos 10 años será entre los adultos mayores de 65 años.

"Las universidades deben diversificarse, y si dependen principalmente de la matrícula, tienen que encontrar otras fuentes de ingreso", dice Tom Meuser, director del Center for Excellence in Aging and Health en University of New England (UNE) (en inglés).

Y aunque quizás tengan pocos estudiantes, muchas universidades tienen una abundancia de bienes raíces.

Algunas han utilizado sus propiedades para construir comunidades para las personas mayores; una, Lasell, cobra una cuota de admisión de entre $440,000 y $1.4 millones, según el tamaño del apartamento, más pagos mensuales de entre $4,000 y $9,500.

Otras han arrendado o vendido terreno a constructores. Según se informa, Arizona State University (ASU) recibirá un pago anticipado de $7 millones de la compañía sin fines de lucro que está construyendo Mirabella en ASU (de $270 millones). Purchase College dice que las ganancias que obtenga de Broadview se usarán para contratar profesores y para becas.

Al compartir sus campus con residentes mayores —incluidos los que, como Henninger, son exalumnos o profesores jubilados—, estas universidades podrían beneficiarse de legados posiblemente generosos del 80 al 90% de las cuotas de admisión que se reembolsan cuando fallecen.

"Esta estrategia ayuda a fomentar la lealtad de los exalumnos y a expandir las maneras en las que pueden conectarse con su alma mater, y también hay oportunidades de desarrollo para las universidades", dice Brian Carpenter, profesor en Washington University en St. Louis, quien estudia la psicología del envejecimiento.

También es un estilo de vida que no solo es atractivo para los exalumnos, sino para los jubilados en general.

Vi en Palo Alto (con cuotas de admisión que empiezan desde $769,500 para una unidad de una habitación y pagos mensuales desde $4,800) tiene una lista de espera. Mirabella en ASU, cuya cuota de admisión es de hasta $774,000, más pagos mensuales de hasta $5,570, tiene casi todas las unidades vendidas, aunque no se inaugurará hasta el año próximo.

"Estamos viendo a boomers vanguardistas que quieren más experiencias jubilatorias no tradicionales", dice Paul Riepma, vicepresidente sénior de ventas y mercadeo de Pacific Retirement Services, la compañía sin fines de lucro a cargo de la construcción de Mirabella.

Una visión diferente de la jubilación

Los futuros residentes Tom y Pat Gagen han visitado el área de construcción de Mirabella casi semanalmente para ver el progreso. Los Gagen, un exadministrador de hospital y una trabajadora social geriátrica jubilada, respectivamente, viven en la ciudad cercana Scottsdale y ya asisten a conferencias y otros eventos en el campus, aunque ninguno estudió en Arizona State University.

"Queremos poder ir a esas actividades y no solo sentarnos a ver MSNBC o Fox, o lo que sea que la gente hace", dice Tom Gagen, de 69 años. Añade su esposa, de 66 años: "Un campus universitario te hace sentir joven. No queremos solo estar alrededor de personas de nuestra edad y mayores".

Mirabella ofrecerá todavía más. Sus residentes podrán tomar clases y usar la biblioteca. "Básicamente, tendrán todos los beneficios de ser un estudiante universitario", dice Hardy.

También serán alentados a ofrecerse como voluntarios en el campus, como mentores de carreras —entre otras cosas— para los estudiantes.

"Nos encantó la idea de ser mentores de alguien desde que ingresa a la universidad hasta que se gradúa. Es algo que nos haría sentir necesitados", dice Pat Gagen.

Las universidades también consideran estos lugares laboratorios para estudiar el envejecimiento.

Investigadores de Stanford, por ejemplo, están experimentando al integrar la realidad virtual en la vida de los adultos mayores con movilidad limitada. Al otro lado del país, en Portland, Maine, candidatos de maestría en trabajo social en UNE trabajan con los residentes de Motherhouse en Baxter Woods, un antiguo convento transformado en viviendas para personas mayores de 55 años, inaugurado en junio.

"Me están estudiando, y no me molesta que lo hagan", dice Peter Dohan, de 75 años, un alegre cirujano patólogo jubilado cuyo apartamento tipo estudio está lleno de libros.

UNE tiene una oficina y un salón de clases en el edificio, en el último piso, bajo vigas gruesas de madera, paredes de ladrillo expuesto y una vista del bosque cercano. Aunque muchas instalaciones de cuidado continuo conectadas con universidades atraen a los jubilados más adinerados, Motherhouse es mayormente para residentes de bajos ingresos, y a algunas comunidades en campus de universidades públicas también se les requiere reservar unidades para personas de bajos ingresos.

"La sinergia está aquí", dice Meuser mientras da un recorrido por el edificio, que fue construido en 1906 y cuyos detalles ornamentados, incluido un vitral, han sido cuidadosamente restaurados. "Tenemos una universidad muy cerca que se centra en el envejecimiento y la salud".

Esto hace que las instalaciones conectadas con universidades sean "beneficiosas para todos", dice Jim Haynes, presidente de la National Continuing Care Resident Association.

Henninger, en Stanford, piensa lo mismo.

"¿Por qué no hay más instituciones educativas que hacen esto?", pregunta.

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