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5 veteranos puertorriqueños que se dedican al voluntariado

Ayudar a la comunidad es la prioridad de sus días.

De izquierda a derecha: Elizabeth Martínez, Roberto Rivera Ortiz (arriba), Juan Arturo Torruellas (abajo), Carmen Rosario y Francisco Cruz.

Cortesía de los veteranos

De izquierda a derecha: Elizabeth Martínez, Roberto Rivera Ortiz (arriba), Juan Arturo Torruellas (abajo), Carmen Rosario y Francisco Cruz.

El feroz paso del huracán Fiona en septiembre ha vuelto a despertar los estrechos vínculos de hermandad en muchos vecindarios de Puerto Rico, poniendo en movimiento toda una red de apoyo y ayuda. Y es que esa ayuda al prójimo es algo que parece florecer naturalmente en una población con una fuerte tradición comunitaria, y militar.

“Cuando ocurrieron los temblores nos movimos con comida, agua, ropa”, recuerda Carmen Iris Rosario Díaz de los meses a principio del 2020 cuando una serie de sismos sacudió fuertemente la isla, dejando a muchos sin techo y desamparados. Así mismo, esta enfermera veterana del Ejército, que actualmente lidera la Legión Americana de Puerto Rico, sigue comprometida a servir a su comunidad y a sus compatriotas que han brindado servicio militar. “Durante cualquier desastre, nos movilizamos para ayudar a otros veteranos y sus comunidades” enfatiza.

Como ella hay miles de puertorriqueños que, una vez concluido su servicio militar, han encontrado otras maneras de retribuir. La población de veteranos de Puerto Rico es de 81,275, según las cifras más recientes del U.S. Department of Veterans Affairs (en inglés); de esta cantidad, 63,421 son veteranos de guerra. Y un nutrido grupo aprendió que la palabra “servicio” se extiende a otros espacios. “La satisfacción mayor es ayudar a las personas que no tienen los recursos económicos. Si puedo aportar un granito de arena, lo haré”, dice Juan Arturo Torruellas Nieves, que por 23 años formó parte de la Guardia Nacional de Puerto Rico.

Hablamos con Díaz, Torruellas y otros tres veteranos que nos cuentan cómo después de cumplir con sus responsabilidades en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se unieron a organizaciones o grupos comunitarios para realizar una labor voluntaria sin imaginar que las satisfacciones personales se multiplicarían. Así transcurren sus días, en los que ayudar a los demás se ha convertido en una prioridad.  

Roberto Rivera Ortiz vive para su comunidad

En la imagen de la izquierda, Roberto Rivera Ortiz durante su servicio en Corea del Sur. A la derecha, en la extrema izquierda, Roberto Rivera Ortiz y al lado su esposa Margarita Pagán junto a otros líderes comunitarios del barrio Palo Hincado.

Cortesía de Roberto Rivera Ortiz

En la imagen de la izquierda, Roberto Rivera Ortiz durante su servicio en Corea del Sur. A la derecha, en la extrema izquierda, Roberto Rivera Ortiz y al lado su esposa Margarita Pagán junto a otros líderes comunitarios del barrio Palo Hincado.

El veterano Roberto Rivera Ortiz, de 71 años, estuvo 13 meses en Corea del Sur entre el 1971 y 1972, como parte de un campamento del Ejército. En una práctica del entrenamiento militar, perdió gran parte de su audición cuando el fuerte estallido de una bomba afectó sus oídos. Esta experiencia cambió su vida, dijo, pero también le permitió valorarla más y trabajar en equipo.

Con esas experiencias como base, Rivera Ortiz no dudó en unirse al grupo comunitario en el barrio Palo Hincado, en Barranquitas, tras el paso del huracán María en el 2017. Él es el enlace con otros vecinos y con agencias gubernamentales.

“Mi esposa (Margarita Pagán) y yo somos líderes comunitarios. El huracán María se llevó un puente, y, por la ubicación de mi casa, los residentes dejaban sus carros y todo el mundo llegaba a mi casa. Tenía planta eléctrica y venían aquí. A partir de ahí, representamos al sector, pero hay siete líderes en el barrio. Ayudamos en cualquier situación de necesidad. Si a alguien le falta alimentos, agua, luz, entre todos cooperamos”.

Cuando le pregunté sobre qué le colma, su respuesta fue clara: “Ayudar” y las anécdotas fluyen. “Recuerdo a una muchacha que estudió con mi hija y era paciente de diálisis. Vivía sola con sus dos hijos. Logramos ayudarla hasta el día que falleció. Cubrimos el entierro con una colecta. Nos quedó la satisfacción de haber servido”.

Francisco J. Cruz Arce comparte los beneficios del ajedrez

En la imagen de la izquierda, Francisco J. Cruz Arce vistiendo su uniforme de la Fuerza Aérea de EE.UU. A la derecha está enseñando ajedrez a un niño durante un torneo.

Cortesía de Francisco J. Cruz Arce

En la imagen de la izquierda, Francisco J. Cruz Arce vistiendo su uniforme de la Fuerza Aérea de EE.UU. A la derecha está enseñando ajedrez a un niño durante un torneo.

Francisco J. Cruz Arce, de 40 años, es residente de Bayamón. Desde el 2000 hasta el 2009, formó parte de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Luego de culminar sus labores como sargento en el sistema de defensa aérea, divide su tiempo entre ejercer como oficial en el área de aduanas e inmigración del Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín, y como presidente de la Federación de Ajedrez de Puerto Rico.

Cruz Arce conoció el tablero de ajedrez hace 30 años, y hoy comparte con niños y adultos los beneficios de este deporte, como el desarrollo del intelecto y seguridad personal. Como presidente, hace cinco años, organiza clases y torneos en las comunidades.

Aprendí a mejorar luego de cada derrota, hice amigos, aprendí a afrontar problemas. Todo con un simple juego… Mi meta es crear buenos individuos y si salen buenos en ajedrez, chévere”. 

“Hace 15 años, me involucré en el entrenamiento de niños y puse a un lado mi faceta de jugador. Decidí enseñar porque tengo un buen nivel, y, luego, un amigo me involucró en la organización de actividades y torneos para las comunidades. Ahora, desde la Federación, sigo haciendo actividades, charlas, enseño a niños y desarrollo proyectos sociales”.  Cuando habla de proyectos sociales, se refiere a las citas que tiene con quienes quieren aprender ajedrez en el Complejo Deportivo Efraín Calcaño Alicea, en Bayamón, y en la Gran Logia Soberana de Libres y Aceptados Masones, en Santurce.

“Adquirí habilidades; me ayudó en el aspecto social y llenó mi vida de experiencias lindas”, dice sobre este deporte. “Siento que debo llevar esto a más personas. Aprendí a mejorar luego de cada derrota, hice amigos, aprendí a afrontar problemas. Todo con un simple juego… Mi meta es crear buenos individuos y si salen buenos en ajedrez, chévere”. 

Carmen Iris Rosario Díaz ayuda a otros veteranos

En la imagen de la izquierda, Carmen Iris Rosario Díaz realizando una de sus labores como voluntaria. A la derecha durante el periodo que fue enfermera para el Ejército de Estados Unidos.

Cortesía de Carmen Iris Rosario Díaz

En la imagen de la izquierda, Carmen Iris Rosario Díaz realizando una de sus labores como voluntaria. A la derecha durante el periodo que fue enfermera para el Ejército de Estados Unidos.

Carmen Iris Rosario Díaz, de 67 años, se destacó como enfermera del Ejército entre 1994 y 1997. En esa época, sufrió un accidente en su mano izquierda que la dejó con poca movilidad; sin embargo, mantiene intacto su deseo de ayudar a los demás mediante su labor como comandante departamental de la Legión Americana de Puerto Rico e Isla Vírgenes. Es la primera mujer en ocupar este puesto, aseguró la carolinense.

Desde este servicio voluntario, Rosario Díaz y los integrantes de la legión apoyan a veteranos que necesitan ayudas en sus casas y con sus hijos. También, la legión ayuda a las comunidades que han pasado situaciones de pérdidas como ocurrió en los terremotos del 2020 en el sur.

“Orientamos al veterano y hacemos actividades y ferias educativas para las comunidades. A veces, le limpiamos el patio a veteranos mayores, pintamos la casa. Vamos donde haya necesidad… Cuando ocurrieron los temblores nos movimos con comida, agua, ropa. Durante cualquier desastre, nos movilizamos para ayudar a otros veteranos y sus comunidades”.

“Me llena ver la sonrisa de ese veterano que luchó para recibir su compensación. El alivio que siente porque le ayudamos. También, la alegría de los niños, cuando coordinamos con las maestras para llevar regalos en Navidad. Ver la alegría de esos adultos que pasan por dificultad, es mi satisfacción”, dice.

Juan Arturo Torruellas Nieves comprometido con Río Piedras

En la imagen de la izquierda, un grupo de deambulantes almorzando como parte de la iniciativa de alimentar a personas sin hogar de la cual participa Juan Arturo Torruellas Nieves.  A la derecha Torruellas Nieves.

Cortesía de Juan Arturo Torruellas Nieves

En la imagen de la izquierda, un grupo de deambulantes almorzando como parte de la iniciativa de alimentar a personas sin hogar de la cual participa Juan Arturo Torruellas Nieves. A la derecha Torruellas Nieves.

Por 23 años, Juan Arturo Torruellas Nieves, de 70 años, formó parte de la Guardia Nacional de Puerto Rico. Este periodo lo describe como “enriquecedor” para su vida profesional y para lograr sus metas. Ahora, goza del trabajo voluntario desde el Club Rotario de Río Piedras, donde dirige el Comité de Servicio y es vicepresidente de la Junta Directiva.

“Damos servicios a las áreas adyacentes del club y trabajamos en iniciativas para levantar el casco urbano que está abandonado”, explica sobre su labor. “Colaboramos con otros grupos como Renace Río Piedras. Estamos tratando de levantar fondos para emplearlos en la planificación. También, tenemos una iniciativa de ofrecer almuerzos a deambulantes”.

“La satisfacción mayor es ayudar a las personas que no tienen los recursos económicos. Si puedo aportar un granito de arena, lo haré. En esos almuerzos, ver a los deambulantes con alegría, aunque sea en una hora de su día, me satisface”.

Elizabeth Martínez González se llena de salud cuando ayuda

En la imagen de la izquierda, Elizabeth Martínez González durante su servicio militar. A la derecha junto a otros voluntarios durante el día de trabajo voluntario en la escuela Casiano Cepeda en Río Grande.

Cortesía de Elizabeth Martínez González

En la imagen de la izquierda, Elizabeth Martínez González durante su servicio militar. A la derecha junto a otros voluntarios durante el día de trabajo voluntario en la escuela Casiano Cepeda en Río Grande.

Elizabeth Martínez González, de 44 años, estuvo en el servicio militar del 2000 al 2014.  Aunque gran parte de esos años se destacó en Puerto Rico, también tuvo que movilizarse al Centro de Detención de Guantánamo en Cuba, en el 2002, y a Nueva Orleans tras la destrucción que dejó el huracán Katrina, en el 2005.

Luego de retirarse, y superar una situación de hostigamiento laboral que afectó su salud mental, Martínez González encontró salud en el trabajo voluntario. Desde el 2020, se unió a la organización The Mission Continues que empodera a los veteranos a reintegrarse a la sociedad y ofrece servicios comunitarios.


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“Este fin de semana (9 de septiembre), adoptamos un salón de clases de la escuela Casiano Cepeda en Río Grande. Lo revitalizamos, lo pintamos, hicimos un mural, se pintó el logo en la entrada de la escuela. Identificamos espacios como este, y verificamos cómo podemos ayudar”, explica sobre su labor. “¿Cómo puedes prepararte para el futuro, si no tienes las condiciones óptimas?”.

“Estuve mentalmente mal, y encerrada. Dejé de sentirme funcional, y encontrar este espacio de ayuda a las comunidades, me ha dado salud. Me llena estar en grupos de apoyo, como ese sábado. Estuvimos 60 personas de distintas generaciones (adultos y estudiantes) para impactar positivamente. También, me llena el compañerismo entre veteranos”, explica.


Amary Santiago es una periodista puertorriqueña cofundadora y editora del medio de periodismo feminista Todas y cofundadora de la agencia de producción de contenido Equilátera. Trabajó para el diario Primera Hora y actualmente ejerce como profesora de periodismo en la Universidad de Puerto Rico.