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Una aliada en la tradición de los “dos espíritus”

Los hijos de Sheila Lopez le abrieron los ojos y el corazón a una tradición navaja de aceptación.

Emanuel Aguirre y Sheila Lopez en la sala de su casa

Cassidy Araiza

Emanuel y su madre Sheila Lopez en su casa de Phoenix, Arizona, el 23 de mayo del 2022.

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Nota de redacción: Sheila Lopez, de 48 años, es ingeniera eléctrica y vive en Phoenix, Arizona. De ascendencia mexicana y navajo, es la madre de Samantha, de 31 años; Emanuel, de 28 y Matthew, de 19. La revelación de que sus dos hijos mayores se identifican como LGBTQ marcó su camino hacia el redescubrimiento de sus tradiciones culturales indígenas y a comprender qué es el género y la fluidez de género. También la condujo a establecer el primer capítulo PFLAG indígena del país en el 2011. En el futuro, planea obtener una certificación en Salud Pública y acercarse más a la reserva del pueblo navajo, donde puede seguir educando a otras personas sobre asuntos LGBTQ. Esta es su historia, en sus propias palabras.


Según la tradición del pueblo navajo, tener un hijo gai o transgénero es una bendición especial. Y estoy totalmente de acuerdo, porque mis hijos realmente me abrieron los ojos.

Bandera del Orgullo Inclusivo

AARP

¿Qué es “dos espíritus”?

  • El término “dos espíritus” identifica el rol tradicional en las sociedades indígenas de Norteamérica de alguien que tiene el don de poseer un espíritu masculino y un espíritu femenino. 
  •  Estas personas ocupaban posiciones que les merecían gran respeto, como líderes religiosos, curanderos, guerreros, cazadores, cuidadores, padres de cuidado temporal, maestros, consejeros, asesores, artistas, alfareros o cesteros. En esencia, la función de las personas con dos espíritus restablece el equilibrio y fomenta la sanación. 
  • El término no es sinónimo ni intercambiable con los conceptos “gai” o “LGBTQ”. “Dos espíritus” no describe la orientación sexual, sino un entendimiento del género. 
  • Se acuñó por primera vez para describir este rol tribal durante la Tercera Conferencia Anual Intertribal de Gais y Lesbianas de los pueblos indígenas de Estados Unidos y de las Naciones Originarias, que se celebró en Winnipeg, Canadá, en el 1990.
  • De las palabras niizh manitoag de la lengua ojibwa nace el término moderno de “dos espíritus”, que se usa para referirse a una amplia variedad de expresiones empleadas en cientos de culturas indoamericanas para describir los distintos géneros, la fluidez de género y los roles que suelen adoptar estos individuos. No reemplaza los términos individuales utilizados por los pueblos indígenas.

Mi madre es navaja, nacida en Greasewood, Arizona. Su padre —mi abuelo— era curandero. Mi padre es mexicano de Winslow, Arizona, donde nací y crecí en una época en que había mucha discriminación. Desafortunadamente, eso definió mi reacción cuando mis hijos se declararon gais, pues lo que creía sobre las personas gais o transgénero era que se trataba de algo “malo” o eran motivo de burla. Esas eran las dos cosas que conocía. Luego, tuve a mis tres hijos.

Cuando mi hija estaba en el último año de la escuela secundaria, pensé que se veía con una chica. Decidí que era hora de hablar.

“¿Estás saliendo con esa chica?”, le pregunté una tarde cuando la fui a buscar a la escuela.

“Sí”, me contestó.

Pensé: No puede ser; mi hija no puede ser lesbiana. No lo entiendo. Tal vez sea porque nunca ha estado con un chico.

“Estás confundida”, le dije.

Jamás olvidaré ese día. Cómo hubiera deseado haberme informado antes de preguntarle, pues mi reacción no fue buena. No estaba preparada para esa conversación.

Ese día, ella compartió dos cosas que nunca olvidaré. La primera fue: “Mamá, ¿por qué elegiría ser así cuando sé que la sociedad va a estar en mi contra?”. La segunda fue que tenía planeado esperar a irse a la universidad para decírnoslo. Ella estaba avergonzada porque, como dijo en sus propias palabras, “iba a ser una decepción”.

Mi hija es maravillosa. Fue a la universidad, se graduó con un título en Ingeniería Biomédica y luego hizo la carrera de dentista. Hoy en día vive con su esposa. El hecho de que ella temiera decírnoslo a mí y a mi esposo, y que sintiera que nos estaba decepcionando, es desgarrador.

Ese mismo día, le pregunté a mi hijo mayor si era gai. Al principio lo negó, pero cuando regresamos a casa y encontró a su hermana llorando, me dijo: “Mamá, ¿cómo te atreves a hacernos esto? ¿Cómo te atreves a forzarnos a salir del clóset? No se le hace eso a las personas. Debes dejarlas que lo revelen cuando ellas lo decidan y debes permitir que ellas compartan esa información contigo

Me causó una gran conmoción. Esa primera semana estuve confundida y lloraba mucho.

En esa época éramos católicos y fuimos a hablar con nuestro sacerdote. “Bueno, es tu casa, tus normas, y si no las siguen, denúncialos ante la oficina de servicios de protección de menores”, nos dijo. Quedé estupefacta.

Escuchamos toda clase de consejos de parientes, amigos, compañeros de trabajo; algunos consejos eran buenos y otros no tanto.

Entonces, le pregunté a mi madre sobre las enseñanzas del pueblo navajo acerca de las personas gais. Pero mi madre se había criado en un internado católico y no conocía sobre esas tradiciones. Me dijo: “Lo único que recuerdo, Sheila, es que tu abuelo decía que hay que respetar a todo el mundo”. Fue ahí que empecé a educarme sobre nuestras tradiciones y nuestra comprensión cultural del género. No somos la única tribu que reconoce múltiples géneros. Hay tribus en todo el mundo que reconocen un tercer género, o varios géneros.

Entiendo que nuestra tradición navaja reconoce cuatro géneros y los define con palabras específicas. Está asdzáán, la mujer femenina. Luego hastiin, el hombre masculino. Si hubiera que clasificar a mi familia en estos cuatro géneros, yo soy definitivamente asdzáán y mi exesposo —el padre de mis hijos— es hastiin. En el medio, está dilbaa, una mujer masculina. Y después está náhleeh, que es un hombre femenino. Veo cómo mi hijo y mi hija podrían identificarse con esos dos géneros.


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Las enseñanzas dicen que hay que mostrar respeto. Estas personas siempre han sido parte de nuestra comunidad. Tenemos palabras que definen esos géneros. No se trata de algo “malo”.

Hoy en día, algunos pueblos indígenas han comenzado a usar el término “dos espíritus” para referirse a esos géneros. Algunos navajos se identifican con este término moderno y otros, no. La expresión “dos espíritus” surgió en la década de 1990 cuando un grupo LGBT se congregó en Canadá. Querían tener su propio término que los identificara como LGBT y como indígenas.

Fue mi hijo quien me animó inicialmente a participar en PFLAG. Tenían planeado marchar para celebrar el Orgullo LGBT y estaban convocando a padres, familiares y amigos para que marcharan con ellos.

PFLAG (en español, Padres, familiares y amigos de lesbianas y gais) es la organización sin fines de lucro más antigua que apoya a las personas LGBTQ, a sus familias y amigos. Empecé a asistir a los powwows o asambleas indígenas sociales donde instalaba mi mesa de información sobre PFLAG y compartía mi historia. Realmente quería educar, en particular a la comunidad navaja. Quería abrirles los ojos y decirles: “Tenemos que conocer lo que dicen nuestras enseñanzas tradicionales. ¿Cómo vamos a marginar a nuestros seres queridos LGBT? No somos así”.

Mis hijos son muy valientes. Son fuertes. Cuando pienso en el pasado, en especial cuando mis dos hijos mayores se declararon gais, recuerdo cómo nos hicieron frente a mí y a su padre. Mostraron valentía y estaban decididos a amar a quienes quisieran amar, y no iban a dejar que el mundo, mi esposo ni yo los convencieran de lo contrario. Iban a ser quienes son.

Es por esa razón que debo abogar por esta causa. Si ayudo, aunque sea a una sola persona, habré cumplido mi cometido. También siento que estoy corrigiendo un agravio. El agravio que les causé a mis hijos cuando se declararon gais. Pero en ese momento no sabía cómo eran las cosas.

Ahora sí lo sé.

—Según lo relatado a Julia Bencomo Lobaco

Julia Bencomo Lobaco es una periodista galardonada. Fue jefa de redacción de español del periódico The Arizona Republic y su primera columnista bilingüe. Antes de jubilarse de AARP en el 2019, se desempeñó durante más de 15 años como editora ejecutiva de las revistas AARP Segunda Juventud y AARP VIVA, y de la plataforma digital AARP en español