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La comunidad asiática del país se moviliza para proteger y apoyar a los adultos mayores

Con silbatos contra los ataques, vales de comida y marchas quieren concienciar y ofrecer ayuda.

Dos mujeres organizan cajas de suministro para ancianos necesitados

CORTESÍA DE JHINA ALVARADO-MORSE

Jhina Alvarado-Morse (izquierda) recaudó dinero para comprar silbatos que usan para proteger a los miembros mayores de la comunidad asiática.

In English | Cuando Jhina Alvarado-Morse se enteró de una serie de ataques contra los asiático-estadounidenses mayores y ancianos, decidió actuar. La artista de 49 años de San Francisco, profesora de escuela secundaria y madre de dos hijos compró 200 silbatos para distribuirlos entre adultos mayores, junto con instrucciones para que pidieran ayuda si se sentían atemorizados.

Publicó su plan en un grupo de madres en línea. En una semana, la idea se convirtió en una campaña de GoFundMe (en inglés) que ha recaudado más de $13,000, suficiente para distribuir casi 15,000 silbatos, y la cifra continúa creciendo.

“Quiero que mis hijos vean que esto es algo normal. Tienes que ayudar a tu comunidad. Debes hacer lo que puedas”, dice Alvarado-Morse, que es coreana y mexicano-estadounidense.

En todo el país, las comunidades locales están dando un paso adelante para apoyar a los adultos mayores asiático-estadounidenses.

Estos esfuerzos llegan cuando la pandemia de coronavirus ha asestado duros golpes a los asiático-estadounidenses mayores, lo cual ha puesto en riesgo su salud, los ha obligado a mantener el distanciamiento social y el aislamiento y ha aumentado sus presiones financieras. También ha ocasionado un aumento en el número de incidentes de odio hacia las personas asiáticas, impulsado en parte por la retórica negativa sobre los orígenes de la pandemia, según Stop AAPI Hate, una organización que hizo un seguimiento de 3,795 incidentes de odio antiasiático (en inglés) entre marzo del 2020 y febrero del 2021. En marzo, un informe del Center for the Study of Hate and Extremism reveló que los delitos de odio en general disminuyeron un 7% en el 2020; sin embargo, los delitos de odio dirigidos a las personas asiáticas aumentaron en casi un 150% (en inglés).

Por ejemplo, en un ataque en la calle, Xiao Zhen Xie de 75 años recibió un puñetazo en el ojo cuando esperaba cruzar una calle en San Francisco. Al cierre de esta edición, una campaña de GoFundMe había recaudado más de $1 millón para pagar sus gastos médicos. La familia de Xie había decidido donar los fondos para combatir el racismo antiasiático.

Los ataques han hecho que los asiático-estadounidenses como Jesset Sidore se sientan acosados. “Estoy en constante estado de alerta”, dice Sidore de 52 años, una consejera de desarrollo de liderazgo en Oakland, California. “Tengo que mirar a mi alrededor y ser más consciente de a dónde voy”.

Pero Sidore ha convertido el sentimiento de aprensión en acción y organizó una marcha para combatir el odio hacia las personas asiáticas.

“No quiero vivir atemorizada”, dice. “Quiero que la gente sepa que nuestra comunidad no va a permanecer callada”.

Combatir el odio contra los asiáticos

Sidore no es la única que se ha visto motivada por la pandemia y los incidentes antiasiáticos. En Oakland, voluntarios crearon un grupo que acompaña a los adultos mayores para que se sientan seguros al ir a comprar alimentos y hacer mandados en el barrio de Chinatown de la ciudad.

En la ciudad de Nueva York, los periodistas de Epicenter NYC, una organización de noticias, han ayudado a más de mil adultos mayores a programar citas para vacunarse y navegar el complicado proceso de inscripción en línea en su lengua materna. El grupo creó folletos en siete idiomas, entre ellos chino, coreano e hindi, así como una guía para las comunidades que deseen programar la visita de un centro de vacunación móvil a su vecindario. Otro esfuerzo de voluntariado en la ciudad de Nueva York es reclutar a personas bilingües que hablen chino e inglés para proporcionar servicios de interpretación en los sitios de vacunación.

Silbatos agrupados en una caja

CORTESÍA DE JHINA ALVARADO-MORSE

Silbatos que fueron distribuidos por voluntarios.

En San Francisco, Alvardo-Morse movilizó a unos 50 voluntarios y llamó al grupo “When We Come Together” (cuando nos unimos). Ataron cordones a silbatos que se cuelgan del cuello y que se separan al tirar de ellos —en caso de que un atacante intente arrancarlo— y pedazos de papel que explican el propósito de los silbatos en distintos idiomas asiáticos. Con el apoyo de grupos como Self Help for the Elderly, los voluntarios han distribuido los silbatos en el área de la bahía de San Francisco.

“Desearía no tener que hacer algo así”, dice Alvarado-Morse. “Pero es estupendo ver cómo tantas personas quieren ayudar, quieren hacer algo”.

Comida y seguridad

Una tarde de viernes, Alvardo-Morse y un pequeño equipo de voluntarios colocaron una mesa en el área de Chinatown en San Francisco donde ya se había formado una fila de chino-estadounidenses, en su mayoría personas mayores, que bajaba por toda la calle y daba la vuelta a la manzana. Fue un esfuerzo de la comunidad entera: al llegar al frente de la fila, no solo recibieron un silbato, sino también un sobre con vales de comida para restaurantes en Chinatown.

Los vales de comida eran de Feed+Fuel 2.0, otro programa creado en respuesta a la COVID-19. La colaboración de $3.5 millones entre el municipio y los organizadores comunitarios ayuda a dos partes de la comunidad: a los restaurantes de Chinatown, cuyos negocios se han visto muy afectados desde el comienzo de la pandemia, y a los adultos mayores y las familias que viven en los hoteles residenciales de una sola habitación o SRO (“single-room-occupancy”).

Estos adultos mayores están entre las poblaciones más vulnerables de la comunidad: en San Francisco, una ciudad famosa por tener los precios de alquiler más altos en el país, es habitual que más de una docena de familias vivan en una misma planta de un hotel SRO y compartan una sola cocina y un solo baño.

El programa Feed+Fuel 2.0, estrenado a principios de este año, ha registrado a más de 3,200 personas, la mayoría de 60 años o más. También ha obtenido la colaboración de 56 restaurantes de Chinatown para que preparen comidas, como cerdo a la barbacoa con repollo sobre arroz y pescado salteado con berenjenas sobre fideos de arroz. La primera versión de la organización, Feed+Fuel 1.0, realizó entregas de productos alimenticios a domicilio al comienzo de la pandemia.

“Creo que ha dado mucho optimismo y alegría a la comunidad”, señala Vinny Eng, organizador comunitario y miembro fundador de SF New Deal, una organización sin fines de lucro que administra el programa de alimentos en asociación con el Chinatown Community Development Center. “Mi esperanza es que esto haga que las personas en Chinatown se den cuenta de que muchas personas en San Francisco se preocupan por ellas”.

Una mujer de 78 años, que se negó a dar su nombre, dijo que gracias a las comidas no tenía que esperar en fila para usar la cocina. Añadió que estaba agradecida por el silbato y explicó que una vez la siguieron, aunque consiguió eludir al agresor.

Si hay algo positivo sobre la pandemia, es que ha enfocado la atención y los esfuerzos de alcance en una comunidad que con frecuencia es invisible e ignorada, dice Matthias Mormino, director de política del Chinatown Community Development Center. E incluso ahora que las restricciones impuestas a raíz de la COVID-19 empiezan a relajarse, considera que estos esfuerzos representan un momento decisivo para la comunidad de adultos mayores asiático-estadounidenses.

“Existe una energía que no parece que vaya a tener fin”, dice. “Más que nada, queremos ser vistos. Y eso creo que no va a desaparecer”.

Ellen Lee colabora con artículos sobre raza, género e identidad. Su trabajo también se ha publicado en The New York Times, The Atlantic y Real Simple.