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17 comportamientos que adopté con placer al cumplir 60 años

Pequeños triunfos emocionan más que una gran lista de cosas que hacer antes de morir.

Comportamientos que adopté con placer al cumplir 60 años

Foto: Fotografía por Alto/Alamy

Aceptar la edad y el cuerpo es algo que uno puede lograr exitosamente con los años, pero no es lo único. Hay otras recompensas que llegan con la edad.

In English | Al cumplir mis 60 años, me di cuenta de que ninguna “lista de cosas que hacer antes de morir” cuadraba con mi vida. No me conmueven los logros pretenciosos, pero sí me emocionan los pequeños triunfos y placeres que he podido disfrutar hasta ahora. Así  que adopté 17 pequeños triunfos con gusto para mi cumpleaños número 60. (¿Cuáles son algunas de las tuyas?).

1. Una 'amistad con derechos'

Se supone que ahora yo tenga menos libido. Intenta decirle eso a mi nuevo "amigo" —un hombre maravilloso que conozco hace más de 40 años—. Su segundo divorcio, todavía no finalizado, no nos permite ser una pareja en este momento de nuestras vidas, pero nuestra relación es cariñosa y gratificante. No está mal, dado que ¡la suma de nuestras edades es 125 años!

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2. Bailar

Algunas veces sencillamente hay que ponerse en pie y moverse. Baila solo o con un compañero, públicamente o a solas, como si nadie te mirara o como si estuvieras haciendo una audición para el programa televisivo Dancing With the Stars. Si estás en casa, ¡prueba bailar desnudo!

3. Reír diariamente

Cuando al final de un día nada me ha hecho reír —algo extremadamente raro— me miro bailar desnuda en el espejo. Eso casi siempre resuelve el problema.

4. Mi nariz

Cuando era niña, los demás se burlaban despiadadamente de mi nariz. De adulta, tuve un novio que me dijo que si me arreglaba la nariz sería bonita. (Deseaba más bien arreglar la de él). Hace un año, tras extirparme una lesión cancerosa, el doctor me advirtió que mi nariz tal ven nunca volvería a tener la misma apariencia. Para el asombro de todos, la herida se sanó sin dejar una cicatriz. Ahora me encanta mi nariz, ¡incluso su tamaño y su protuberancia!

5. Mi cuerpo

Aprendí a aceptar mi cuerpo después que mi esposo me presentó a los complejos naturistas. Por supuesto, ahí vi a algunas personas cuyos cuerpos estaban en forma, pero la mayoría tenían cuerpos regordetes, cicatrizados, gelatinosos, viejos o arrugados. Hoy en día, me agrada el aspecto de mi cuerpo —sobre todo, hasta ahora, todas las partes originales—.

6. Mi edad

La única razón por la que vale la pena mentir sobre la edad es para poder entrar en un club nocturno —algo que no he hecho en unos cuarenta años—. Ahora tengo 62 años; si esto te ocasiona problemas, podrías estar sufriendo de un caso de discriminación por edad no diagnosticado.

7. Mi vestuario

No me visto con sombreros rojos, zapatos cómodos o blusas que disimulen mi forma, gracias pero no. Me siento orgullosa de lo que tengo. En cuanto a esa camiseta de lentejuelas de Old Navy, la conseguí en oferta por $8.50. (Y debo aclarar que me queda de maravilla).

8. Mi capacidad de volver a amar

Mi esposo me rompió el corazón cuando falleció repentinamente en el 2004, pero por lo menos no lo hizo deliberadamente. Pero no fue así con el canalla del que me enamoré unos cuantos años después; tras pedirme que me casara con él, súbitamente terminó la relación. ¿Me hirió? Sí, pero me di cuenta de que mi corazón todavía funciona, aunque se sienta herido y encallecido.

9. Viajar sola

Viajar con un compañero tiene sus ventajas y desventajas. Esto lo aprendí a principios de los años 70, durante un viaje a Irlanda que hice cuando cursaba mi tercer año universitario. Cuando viajas sola, marcas tu propio ritmo y creas tus propios recuerdos.

10. Salir a cenar sola

Cuando se cena a solas, pasan cosas muy divertidas. Regresé a Dublín hace varios años para celebrar mis sesentas —un regalo que me hice tras una mala separación (ver "canalla", arriba)—. En el comedor del hotel la primera noche, el maître sentó a un joven en la mesa de al lado. Su acento reveló su origen extranjero —provenía de Brooklyn— y comenzamos a conversar. Estaba en un viaje de negocios; cuando le comenté la razón por mi viaje, dijo sin pensar, "¡Mi novia me acaba de dejar!". Nos consolamos con el postre y el café, y comprobamos que las personas imbéciles pueden ser tanto hombres como mujeres.

11. Aventuras culinarias

Mi mamá solía decir que yo era quisquillosa con la comida. En la actualidad me agrada explorar, y he probado haggis (un plato típico escocés), caracoles y más recientemente, ostras crudas (que me encantan). El próximo plato que probaré: ¡pulpo!

12. Amigos cercanos

Ellos son los que me convencieron a bajarme del techo —literalmente— después de la muerte de mi esposo. Son los que hoy me ayudan a superar los malos momentos. Prometí apoyarlos a su vez, y he cumplido mi promesa.

13. Una faceta de mi personalidad que pocos conocen

Cuando cumplí 44 años, comencé a escribir parodias de canciones para presentarlas en los concursos de talentos de los cruceros. "Se vino abajo el crucero", mi esposo me decía, "pero de una forma positiva". ¡Estoy deseando que llegue la próxima fiesta de fin de año para mostrar una de mis composiciones!

14. Hacer que las personas se interesen por las cosas que me interesan

Estas incluyen Citizen Kane (Ciudadano Kane), la novela de T.H. La novela de White, The Once and Future King (El actual y futuro rey), los lirios acuáticos de Monet, el álbum de música rock de Jethro Tull Thick as a Brick y el Museo del Sexo (¡imagina lo que sería ver esas exposiciones tan instructivas!).

15. Leer libros según mi estado de ánimo

Cuando me siento gentil, Jane Austen; si me siento homicida, Dorothy Sayers; cuando me siento alegre, A Christmas Carol (canción de Navidad); y si me siento melancólica, The Wind in the Willows (El viento en los sauces).

16. Mi bruja interna

Tras haberme pasado toda la vida comportándome como una mosquita muerta, me di cuenta de que el bebé que llora no solamente mama, sino engorda. Aunque nunca mentiría, robaría o les hiciera daño a los inocentes, ya no tengo miedo de dar berrinche de vez en cuando.

17. Mi escote

En la escuela secundaria: 32AA. En la universidad y años después: 32A. En la menopausia y después: un desarrollo inexplicable ahí arriba. Me fastidié al principio con las recién llegadas —¿qué haría con todas mis blusas?— pero desde entonces he hecho las paces con mi 36C. Y sí tienen sus admiradores (ver "amigo con derechos", arriba).

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