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Dyango: la voz del amor

El baladista español da una mirada a su carrera y se prepara para recibir un Latin Grammy a la Excelencia musical.

Dyango

Cortesía de WorldMusicFactory

Todos los años, el Latin Grammy presenta el Premio a la Excelencia Musical a un grupo de leyendas musicales que cambiaron la historia de la música latina y la grabación con sus éxitos e innovaciones. No sorprende encontrar al español Dyango en este selecto grupo. Conocido como “la voz del amor”, José Gómez Romero ha vendido millones de discos con inolvidables interpretaciones de tangos, baladas y boleros. Dyango —su apodo artístico inspirado en el genial guitarrista de jazz Django Reinhardt— ha grabado duetos con grandes estrellas de la canción, y a los 78 años continúa activo, preparándose para lanzar un nuevo disco de tangos. AARP en español habló con el cantante sobre sus comienzos en la radio y la vigencia de la balada romántica, entre otros temas.


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El premio que le otorga la Academia Latina de la Grabación reconoce toda su trayectoria. ¿Cómo lo está viviendo usted?

Con mucha ilusión. Estuve nominado tres veces al Latin Grammy y fui, tanto a Los Ángeles como Las Vegas, convencido que iba a ganar. Pero los norteamericanos no me conocían y siempre era José Feliciano que se llevaba el Grammy. Cosas de la vida. Finalmente me ha tocado y estoy muy contento. La última vez me prometí no ir nunca más, pero ahora no me puedo negar [risas]. Hasta mi mujer se ha hecho un vestido nuevo.

¿En qué momento se dio cuenta que tenía una facilidad asombrosa para interpretar tangos?

Nunca vi que tenía una habilidad asombrosa, pero cantaba tangos de niño. Mi madre cantaba maravillosamente bien y me enseñaba a interpretar tangos populares de la época, como los de Carlos Gardel y el trío Irusta-Fugazot-Demare. El tango ha sido siempre una constante en mi vida, desde hace muchos años.

Entiendo que sus padres fueron fundamentales para su educación musical.

Cuando era niño, mi madre me llevaba a los concursos de la radio y yo ganaba siempre porque cantaba bien afinadito. Después me di cuenta que me enseñaba canciones que eran muy difíciles para un niño de 4 años. Y mi padre me enseñó la parte musical. Durante ocho años me llevaba al conservatorio. Yo quería tocar sus instrumentos: el violín y la trompeta.

¿Y qué dijo su madre cuando Dyango se convirtió en uno de los cantantes más famosos del planeta?

Estaba orgullosa y pudo verlo durante mucho tiempo. Yo cantaba en el Palau de la Música aquí en Barcelona, un lugar maravilloso, y ella siempre estaba sentadita entre el público. Cuando la nombraba, se levantaba como si tuviera un resorte para saludar a la gente. Me duró hasta los 102 años y siempre venía al concierto del Palau; prácticamente todos los años.

¿Le sorprendió cuando su versión del tango “Nostalgia” se hizo tan popular?

Pensé que esa canción sería un éxito, siendo tan bonita. Me acuerdo cuando estudiaba música en Barcelona —tendría unos 16 años— y me tocó acompañar a un cantante interpretando “Nostalgia”. Ya en ese entonces albergaba el sueño de ser cantante profesional. En ese momento pensé, ‘Si algún día voy a cantar, esta será una de mis canciones preferidas’. Y así fue. Después, a lo largo de mi carrera, grabé tangos como “Dios manda”. Incluso acabo de grabar un disco de 12 tangos a dúo con Juanjo Domínguez, el mejor guitarrista del género.

Su carrera comenzó durante la época dorada de la balada latinoamericana. ¿Qué recuerdos le quedan de esos años?

Maravillosos. Recuerdos de respeto, de saber estar en tu lugar. Se luchaba noblemente, de otra manera. No sé si hoy pasa eso; creo que no. No había internet, pero en cambio teníamos un gran amor por la música. Pasábamos pueblo por pueblo, radio por radio, con el disco debajo del brazo para que la gente escuchara lo que habíamos hecho. Eso nos pasaba a todos los que queríamos ser populares. Algunos lo fueron, otros no.

Los discos de esa época tienen una calidez muy especial. ¿Por qué?

Porque la gente que los hacía tenía valores muy grandes. Teníamos pocos medios, pero los sabíamos emplear muy bien. Además, las melodías de hoy no tienen nada que ver con lo que se hacía antes.

¿Cómo puede ser que usted se hizo conocido primero en Latinoamérica y no en su país de origen?

No es algo demasiado raro; a otros cantantes les ha pasado lo mismo. En mi caso pasó que yo era músico de profesión y me gustaba mucho acompañar a otros cantantes. Un día, la RCA Víctor —una compañía que no existe más— sacó un disco mío en la Argentina así, por sacarlo, y se convirtió en mi primer disco de oro. Ese primer éxito lo conseguí allá.

¿Qué recuerdos tiene de filmar El mundo es de los jóvenes en Argentina?

En esa época se usaba mucho que los cantantes aparecieran en películas. Compartí el reparto con jóvenes que después se hicieron famosos, como Cacho Castaña y Susana Giménez. Tengo un recuerdo muy halagador. Imagínate que el director de la producción me dijo, ‘Dyango, tú tienes un gran porvenir en el cine’. Y nunca más hice nada [risas].

¿Por qué cree que a través de los años la gente sigue amando las canciones románticas?

La gente joven quiere mover el trasero, divertirse, bailar. Aparecen otros ritmos —siempre ha sido así— pero la canción de amor no desaparece nunca. La gente se sigue enamorando y necesita de ese tipo de material. Por mucho reggaetón que aparezca, estará por encima de todo.

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