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Olga Tañón, mejor que nunca

La estrella puertorriqueña celebra cinco décadas con música y ayudando al prójimo.

Retrato de Olga Tañón a sus 50 años, en 2017

Cortesía de Mia Musa Music

Olga Tañón llega a los 50 años de vida con mucha música y sabor

Olga Tañón tiene muchas razones para celebrar. Entre ellas, el haber arribado a una nueva etapa al cumplir este año medio siglo de vida, momento que corona con el lanzamiento de Olga Tañón y Punto, el disco más ecléctico de su carrera y de gran éxito comercial.

Siempre solidaria, ha sabido usar su perfil y su fama para ayudar a los afectados por los recientes huracanes en Puerto Rico, movilizando a “un sinfín de personas” para recolectar y entregar comida y agua a sus compatriotas en la isla. A esos voluntarios les acredita todo el esfuerzo. “Ellos son mis héroes sin capa”, dice.

Nos habló con la misma sinceridad de su más reciente producción, su familia, y sus próximos proyectos. 

¿Cómo celebró los 50? Me imagino que hubo una fiesta inmensa.

Mis hijos y mi esposo me prepararon una sorpresita en un restaurante. No es necesario tener 100 personas alrededor tuyo para que tus momentos sean inmensos. Fue rico pasarlo con ellos, y con las rosas y margaritas, como digo yo. Lo más lindo de la vida es cuando tus hijos te cantan el feliz cumpleaños. Me sentí como si tuviera 20.  

Me sorprendió que le dedicara tres años a la producción de su nuevo disco. ¿Cómo surgió crear una grabación tan depurada?

Hacer una producción es una responsabilidad más, y yo empecé eligiendo todo tipo de temas positivos. La realidad es que la gente me conoce por cantar cosas como “muchacho malo, mentiroso”, que obviamente no es todo lo que he grabado, pero sí lo que más pegó. La aceptación de este disco ha sido maravillosa, así como las nominaciones al Latin Grammy. Yo lo hice con ese corazón: si un tema no me gustaba, iba para afuera. Cuando ya tienes unos cuantos años de carrera encima, no vas a hacer las cosas con prisa.

Portada del álbum Olga Tañón y punto

Cortesía de Mia Musa Music

Portada del álbum 'Olga Tañón y punto'.

Escuchando el disco, se me ocurre preguntarle hasta qué punto usted se involucra en las decisiones musicales.

Desde el principio hasta el final, empezando por la selección de las personas con las que vamos a trabajar y todo lo que vamos a elaborar en el estudio; desde la punta de los pies hasta el último pelo [risas]. Si no estoy involucrada en todos los detalles, no me gusta porque no lo siento mío. Justamente este fue el disco en el que más participé, diciendo cosas como “bájame la guitarra en esta parte”, o “súbele al coro”. Quizás por mi edad, estoy más exigente con los detalles.

Todos sabemos de su entendimiento profundo del merengue. ¿Qué piensa de la bachata?

Me encanta. Es una belleza y muy sexy, especialmente cuando las letras son de buen gusto. Siempre me gustó la bachata de los años 60 y 70, como los discos de Fernando Villalona. Y ahora a la bachata le han agregado una serie de fusiones de ritmos y sonidos que suenan muy lindos. En la música, a veces parece que todo ya está escrito. Por lo tanto, todo lo que sea novedoso es siempre bienvenido.

¿Y el reggaetón, que tiene sus raíces en el reggae panameño de décadas atrás?

Eso que llaman reggaetón, yo lo vengo escuchando desde los años 80. Soy puertorriqueña y he visto cómo han crecido todos esos muchachos desde que empecé en la música. Recuerdo presentarme con grupos musicales y ver las fiestecitas under que armaban. Al terminar su show, en la cajuela del carro tenían casetes para vender su música ellos mismos. En el reggaetón hay de todo, cosas buenas y cosas malas. He visto a artistas como Don Omar y Daddy Yankee luchar desde abajo. También está Tego Calderón, influenciado por Ismael Rivera; tiene su estilo propio, que es una chulería.

En el disco nuevo, me sorprendió la inclusión de “Hallelujah”, de Leonard Cohen, a dúo con su hija Gaby. ¿Cómo descubrió esa canción?

Por lo general empiezo escuchando la música y luego averiguo quién es el compositor. En el caso de “Hallelujah”, me enteré que es uno de los temas más grabados, en infinidad de idiomas. Cada vez que lo cantaba me ponía a llorar, por la alabanza que para mí significa la palabra ‘aleluya’. Estaba ensayando, cuando mi hija Gaby [que padece de una enfermedad crónica] le dijo a su papá: “yo quiero cantar esa canción con mi mamá”. Nos quedamos todos sorprendidos. Para mí es una canción mágica; sigue siendo una oración, que la gente ha identificado con discapacidades. Hay mucha gente que necesita ese reclamo en su vida, un clamor al universo para que las cosas anden como deberían.

Como creadora de sonidos, ¿hay algún sueño musical que todavía queda en el tintero?

Una promesa que le hice a mi papá: grabar un disco de tangos, aunque solo sea la mitad del disco. Temas como “La cumparsita”, “El día que me quieras” y “Volver”. Aunque ahora se cumplen dos años desde que papá se me fue al cielo —y mamá cumple casi nueve meses— ese disco tengo que sacarlo. “La cumparsita” fue el tema que mi padre nos cantó hasta el final.

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