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‘The Assassination of Gianni Versace’: Viviendo de las apariencias

Nueva temporada de ‘American Crime Story’ reúne talento latino.

Penélope Cruz en una escena de The Assassination of Gianni Versace: American Crime Story

Jeff Daly/FX

Penelope Cruz da vida a Donatella en 'The Assassination of Gianni Versace: American Crime Story'

PRODUCTOR EJECUTIVO: Ryan Murphy
GUION: Tom Rob Smith y otros (basado en el libro de Maureen Orth, Vulgar Favors: Andrew Cunanan, Gianni Versace, and the Largest Failed Manhunt in U.S. History)
ELENCO: Darren Criss, Edgar Ramírez, Penelope Cruz y Ricky Martin
ESTRENO: Miércoles, 17 de enero por FX 10 PM tiempo del Este
DURACIÓN: 9 episodios de 60 minutos cada uno

Aunque supuestamente trata sobre la muerte del gran diseñador italiano, The Assassination of Gianni Versace es sobre la vida de su asesino: Andrew Cunanan, un hombre guapo, talentoso y carismático que tenía todo para triunfar. El de Cunanan es un caso extremo de ambición y psicosis, pero la serie revela algo particular a la cultura estadounidense: la excesiva promoción del lujo, el glamur y la belleza como pináculo del “sueño americano”, supuestamente al alcance de todos. La realidad es que el éxito expresado en esos términos sólo es asible para unos cuantos. Cunanan es el ejemplo más acabado de que la máxima “querer es poder” se traduce para la mayoría en un solitario y sórdido “querer es querer”.

La serie arranca mostrándonos al primer gran culpable: la ostentación, el lujo y la extravagancia de la Villa Versace en Miami. La imagen como un espejismo que resume la cúspide del éxito, se erige indiferente a la miseria humana que existe también a su alrededor. En la mañana del 15 de julio de 1997, recién levantado, Versace (Edgar Ramírez) recorre satisfecho con la mirada los exquisitos detalles de su mansión: la cámara nos lleva por un recorrido visual que revela de cerca el mármol, el cristal, los vitrales, la plata, el arte, la alberca y la elaborada herrería. Todo lleva el sello de su marca: la cabeza de Medusa. La vemos presidiendo el lugar como señal ominosa de lo que se aproxima. Versace sale finalmente a la terraza a disfrutar de una agradable vista al mar: tiene el mundo a sus pies. Tiene apenas 50 años y ha vuelto a vivir. Apenas hace unos meses, sufriendo gravemente los estragos del VIH, estaba convencido de que iba a morir, pero nuevos medicamentos controlaron la enfermedad. Por otro lado, Versace ha consolidado la relación con su fiel acompañante de 13 años, Antonio D'Amico (Ricky Martin). El diseñador se sabe muy afortunado: tiene el futuro en sus manos. A unos cuantos metros, contemplando ese mismo océano, se encuentra alguien que a los 27 años ya no tiene futuro; todos los planes de Cunanan (Darren Criss, de Glee), se han venido abajo. Lleva tres meses huyendo de la policía porque ha matado a cuatro personas en la crisis psicótica en la que se encuentra. Seguro ya de que nunca alcanzará el anhelado sueño de compartir la vida de lujo de Versace, opta por determinar su muerte.

Aunque tiene empleados que podrían hacerlo por él, en ese fatídico día, Versace decide ir él mismo a comprarse un café. En el camino se topa con su destino. Cunanan lo encuentra a unos pasos de la Villa y le da varios disparos en el rostro. Con su extraordinaria actuación, Criss refleja ese momento que va mucho más allá de querer eliminar a un ser humano: Cunanan le está disparando a la historia de su fracaso representado en la cara del diseñador. Es un acto de odio a sí mismo, un suicidio adelantado. Sabremos todo esto solo en retrospectiva porque los creadores de la serie organizaron su estructura comenzando por el final. El resto de los capítulos van siguiendo los pasos de Cunanan en reversa; de tal manera que el origen de Cunanan y la historia que podría explicar su locura, se revelan al final. La técnica funciona imitando el método de los detectives que no tienen ni la menor ideas de quién es el agresor, de dónde salió y, mucho menos, cuál era su motivación, pero el método puede confundir al espectador, y lo peor, impedir que el público se interese por seguir a un personaje de quien no conocemos sus íntimas razones.

Lo que sabemos es que Cunanan vive de las apariencias en su afán por moverse en los altos círculos del jet set y lo consigue porque además de guapo, es muy inteligente y tiene una vasta cultura general. No desentona. Bien podría ser de la alta sociedad. Se prostituye y recibe regalos caros de algunos amantes (especialmente hombres maduros y casados), pero también se roba cosas finas de las casas a donde lo invitan. Es un vividor, en otras palabras, pero sorpresivamente descubrimos que asistió a una escuela privada por lo que podría venir él mismo de una familia adinerada. El guion va soltando la información sobre el pasado de Cunanan a cuentagotas para mantener al público a oscuras, pero puede también haber otra explicación: ni el mismo Cunanan sabe quién es. Lo vemos constantemente viéndose al espejo y ensayando lo que va a decir y queda claro que padece alguna forma de psicosis. Sin embargo, se las ingenia para engañar a los demás y se rodea de gente exitosa: su máxima ambición es convertirse en amante de Versace.

Desafortunadamente el talento latino está desaprovechado. Las pocas secuencias de Versace y su entorno son estilo camp. Ni Ramírez, tan buen actor, sale bien librado de tan exagerada caracterización. Cruz es un pálido reflejo de Donatella y su acento “italiano” suena atroz. Ricky Martin pasa inadvertido. De cualquier manera, pocos podrían opacar a Criss. El que fuera actor de Glee es toda una revelación. No te la pierdas.

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