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¡Auxilio! ¡Se me olvidó ahorrar para la universidad!

Cómo pagar la educación superior cuando tienes poco tiempo para planear.

Reloj al lado de una jarra con monedas y un letrero que dice universidad en inglés

ISTOCK/GETTY IMAGES

In English | Cuando los investigadores de Stanford University les ofrecieron un solo malvavisco a niños y les prometieron dos si esperaban, muchos devoraron la golosina al instante.

El famoso experimento del malvavisco demuestra el desafío que supone planear con anticipación. También ayuda a explicar por qué algunos padres con hijos en la escuela secundaria repentinamente se dan cuenta de que no han ahorrado lo suficiente (o nada) para la universidad.


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"La bombilla se les enciende cuando los hijos alcanzan los 12 o 14 años, y, 'Ay, tenemos que hacer algo'", dice James DiUlio, director del Wisconsin 529 College Savings Program y presidente de la College Savings Plans Network.

Nueve de cada diez familias deciden que sus hijos deben estudiar en la universidad tan temprano como el día que se matriculan en el preescolar, según una encuesta llevada a cabo por Sallie Mae, la compañía de préstamos estudiantiles privados, pero menos de cuatro de cada diez tienen un plan para cubrir el costo.

Esto complica aún más un proceso que de por sí es desconcertadamente complejo. Pero existen estrategias para mantener la ventaja, aunque comiences tarde.

"Lo primero es, mantén la calma", dice Kal Chany, fundador y presidente de Campus Consultants y autor de Paying for College Without Going Broke. "Todavía hay cosas que puedes hacer".

1. Comienza a ahorrar

Si todavía no has empezado a ahorrar, comienza ahora, aunque queden solo unos cuantos años (o menos) antes de que sea hora de dejar a tu hijo en la residencia estudiantil. Cada dólar que ahorras ahora es un dólar que no debes pedir prestado después, y que podría costarte $2 para devolver. Además, los depósitos en las cuentas de ahorros universitarios 529 ofrecen beneficios tributarios en 34 estados y el Distrito de Columbia, y las ganancias son libres de impuestos federales. En todos menos cuatro de esos estados, puedes depositar dinero en un plan 529, retirarlo tan pronto como el próximo día y aun así recibir la deducción o el crédito tributario. Eso es como recibir un descuento en el costo de la matrícula.

"Vas a gastar el dinero de todas formas, así que en lugar de tenerlo en la cuenta corriente, deposítalo en una cuenta 529", dice DiUlio. 

2. Piensa en lo que está a tu alcance

Una vez que hayas empezado a ahorrar dinero, es hora de seleccionar una universidad que puedas pagar.  

Primero, ignora el precio de etiqueta; muy pocas familias pagan eso. Pagarás el precio neto, que es el costo actual después de los descuentos y la ayuda financiera. Esa es una gran diferencia. El precio publicado promedio de la matrícula, tarifas, alojamiento y comidas para los alumnos residentes del estado en las universidades públicas es $20,770, y en las universidades privadas, unos desalentadores $46,950, según College Board. Pero el precio neto promedio es $14,940 y $26,750, respectivamente.

"Muchas de las universidades más costosas en realidad ofrecen los paquetes de ayuda financiera más generosos, así que los padres pueden terminar felizmente sorprendidos", dice Jill Desjean, analista de políticas en la National Association of Student Financial Aid Administrators y exdirectora de ayuda financiera.

Encuentra el precio neto de cualquier universidad en la calculadora del precio neto que el Gobierno exige que las universidades publiquen en internet o —porque las de muchas universidades son difíciles de encontrar— en el sitio web de College Navigator. (Al estimar el costo, también recuerda algo que muchas familias olvidan: menos del 40% de los alumnos termina sus estudios en cuatro años, según el Departamento de Educación de EE.UU., y más del 40% los termina en seis años o más).  

3. Comprende la ayuda financiera 

Ahora que has seleccionado una universidad (y supongamos que esta haya aceptado a tu hijo), solicita todas las becas y subvenciones posibles. Es obligatorio completar la Solicitud Gratuita de Ayuda Federal para Estudiantes, o FAFSA, para recibir la Beca Federal Pell, la fuente principal de dicha ayuda, que provee hasta $6,095 por año, por estudiante, según los ingresos. La mayoría de las universidades también usan la FAFSA en sus cálculos para establecer el paquete de ayuda financiera de la institución; se centra más en los ingresos familiares que en sus bienes, y se basa en las declaraciones de impuestos de los dos años antes de que se matricule el estudiante, así que evita retirar fondos en efectivo de inversiones u otras ganancias de capital que puedan aumentar tus ingresos en ese año (comenzando en enero del año en que tu hijo esté en el segundo año de la escuela secundaria hasta diciembre de su tercer año). ¿Tienes derecho a una gran bonificación de tu empleo? Aplázala si puedes.

"Si retiran ese dinero en uno de los años que la universidad considera, terminan inflando sus ingresos por la cantidad que retiran y saboteando sus esfuerzos", dice Shannon Vasconcelos, exdirectora universitaria de ayuda financiera y actualmente consultora de finanzas universitarias en College Coach.

No dejes de investigar las becas privadas de los empleadores de los padres o del Rotary Club o cámara de comercio local; puedes encontrarlos en internet, aunque ten cuidado y evita las muchas estafas que inevitablemente aparecerán en los resultados de la búsqueda en Google, y nunca pagues ningún cargo por informarte sobre el dinero gratuito. El Post-9/11 GI Bill (Proyecto de ley del soldado, posterior al 11 de Septiembre) también ofrece fondos para pagar los estudios universitarios de los dependientes de algunos veteranos militares. La mayoría de los estados tienen su propio programa de subvenciones, aunque muchos de estos programas son por orden de llegada (y frecuentemente se agotan sus fondos), así que resiste esa tentación de aplazar las cosas, y solicita los fondos temprano y con frecuencia.

Mientras tanto, la universidad estará ocupada preparando su propio paquete de ayuda financiera para ti. Los funcionarios de las universidades no solo usan la FAFSA, también usan otros formularios y fuentes de información, y te parecerá que conocen más sobre tus finanzas personales (tus ingresos tanto como tus bienes) que Facebook. También presentarán su oferta de una manera que puede ser densa y difícil de comprender, por lo que no será fácil compararla con las ofertas que recibas de otras universidades. Los préstamos, por ejemplo, pueden parecer ser subvenciones. A diferencia de los automóviles nuevos, las hipotecas y las tarjetas de crédito, la enseñanza superior es una compra para la cual no se exige una revelación de finanzas estándar. Es una de las muchas razones por la que debes tener presente que la universidad no está necesariamente de tu parte.

"Los padres piensan, la universidad me va a mostrar cómo puedo pagarles menos dinero”, dice Chany. "Eso no es lo que están haciendo. Están tratando de completar su matrícula y maximizar sus ingresos. Aunque son organizaciones sin fines de lucro, no son organizaciones benéficas".

Sin embargo, sí negociarán. Muchas universidades por años han estado sufriendo un declive en su matrícula, y especialmente si tu hijo tiene características y credenciales que la institución desea, frecuentemente aumentarán su oferta: algo que muchas familias no saben que pueden solicitar.

"La idea de que pueden negociar con una universidad es algo que la mayoría de los padres nunca se habían imaginado", dice Vasconcelos. "Definitivamente no es algo garantizado, pero no cuesta nada hacer la pregunta". Ella señala que en una encuesta informal de los clientes de su empresa que hicieron esto, dichos clientes recibieron un promedio de $3,000 adicionales al año. Las becas y las subvenciones cubren en promedio el 35% de los costos de la universidad, según la encuesta de Sallie Mae.

"El público piensa que el dinero se les otorga a las personas que más lo necesitan", dice Chany. "El dinero se les otorga a las personas que más saben sobre el proceso".

Luego debes determinar cómo cubrir los gastos que todavía debes pagar después de aplicar las becas y subvenciones.

4. Solicita la ayuda de familiares

Puedes solicitar la ayuda de los abuelos y otros familiares, dado que ellos, también, pueden abrir planes 529 para tus hijos, aunque es más seguro que depositen el dinero en los tuyos. Esto se debe a que los desembolsos de los planes 529 de personas aparte de los padres se consideran ser ingresos de los estudiantes, y mientras más ingresos parezca que tienen los estudiantes, menos ayuda financiera recibirán. O el desembolso del familiar puede hacerse durante el tercer o cuarto año de la escuela secundaria del menor, cuando ya es seguro que no se incluirá en los dos años de ingresos que deben declararse en la FAFSA. Según una encuesta llevada a cabo por la organización sin fines de lucro American Student Assistance, una de cada cinco familias planea recibir ayuda de familiares con los gastos de la universidad.  

5. Considera solicitar préstamos

¿Todavía estás corto de dinero? Esta es la parte más espeluznante: los préstamos. Ahora que conoces el costo probable, intenta limitar la cantidad total de deuda que solicitas a no más del salario inicial probable de tu hijo una vez se gradúe. Eso variará según lo que estudie, pero el salario promedio inicial de los graduados en el 2018 con títulos de cuatro años universitarios fue $51,022, según informa la National Association of Colleges and Employers.

Comienza con los préstamos federales. Estos tienen los mejores plazos de pagos, que pueden variar según los ingresos. Pero tienen un límite. A no ser que sean legítimamente independientes de sus padres, los estudiantes en su primer año de estudios universitarios pueden solicitar un préstamo máximo de $5,500; en el segundo año, $6,500; y los estudiantes de tercer y cuarto año, $7,500, hasta un total de $27,000. 

Por esto, las familias frecuentemente se ven obligadas a solicitar préstamos federales Parent PLUS, una opción polémica porque incluyen una comisión de apertura del 4.28% (en comparación con la comisión del 1.066% para los préstamos estudiantiles) y tienen tasas de interés más altas (del 7.6% contra el 5.05% para los préstamos estudiantiles) y plazos de pagos menos generosos. También tienen requisitos relativamente fáciles de cumplir, así que muchos padres piden prestado más de lo que su situación financiera sugiere que pueden pagar. Mark Kantrowitz, editor y vicepresidente de investigaciones en Savingforcollege.com, aconseja que la cantidad total que los padres pidan prestada para todos sus hijos sea menor que sus ingresos anuales, y para los padres a no más de cinco años de jubilarse, la mitad de dicha cantidad. También, los padres son los únicos responsables de cancelar los préstamos Parent PLUS. Si tienes un crédito excelente, puedes obtener tasas de interés y comisiones de apertura más bajas a través de los préstamos privados, aunque estos ofrecen menos protecciones y flexibilidad.

Los padres en la actualidad deben $82,000 millones ($82 billion) en préstamos Parent PLUS, y entre sus propios préstamos estudiantiles y los préstamos Parent PLUS que solicitaron para cubrir los gastos de sus hijos, unos 2.8 millones de adultos en EE.UU. mayores de 60 años todavía están pagando deudas estudiantiles, según la Consumer Financial Protection Bureau (CFPB, Oficina para la Protección Financiera del Consumidor).

6. No te olvides de los créditos tributarios

Existe por lo menos una fuente adicional de ayuda: los créditos tributarios por los gastos de la universidad. El mayor de estos, el American Opportunity Tax Credit —con un valor de hasta $2,500 al año, por estudiante que reúna los requisitos— está disponible para las familias con ingresos de hasta $180,000.

Los créditos tributarios se pueden declarar, sin embargo, solo después de que las clases hayan comenzado y las cuentas se hayan pagado. Y esa es una fecha que puede tomar por sorpresa a muchas personas. 

Jon Marcus es corresponsal de educación superior de América del Norte para la revista Times (U.K.) Higher Education y editor de educación superior para la revista The Hechinger ReportEs profesor de periodismo en Boston College.