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Hermana Edna Lonergan

Ganadora del premio Andrus 2019-2020 a la Excelencia Intergeneracional y fundadora y presidenta de St. Ann Center for Intergenerational Care.

"Si Dios lo desea, sucederá. Cuando hay algo que creo que beneficiará a la gente, sigo esforzándome, incluso si todavía no veo señales de triunfo. Nunca falla: las personas indicadas llegan para convertirlo en realidad".

In English | Hace más de veinte años, me di cuenta de que era necesario contar con un centro intergeneracional de cuidados diurnos donde los niños, los adultos con discapacidades, los adultos mayores e incluso las personas con demencia interactuaran en un mismo lugar. Nuestro St. Ann Center for Intergenerational Care (en inglés) ha prestado servicios a decenas de miles de niños y adultos en nuestros dos centros de Milwaukee, y somos un modelo que inspira a otros centros de todo el mundo.

El problema que estoy intentando solucionar

Sin la atención adecuada, demasiados adultos mayores terminan en hogares de ancianos antes de tiempo. Incluso en los centros tradicionales de cuidados diurnos para adultos, pierden la alegría y el sentido de propósito que produce estar con niños pequeños. Los niños no ven una pierna amputada o un brazo que no funciona, solo ven a la persona que valoran. Mi propio hermano, que tiene demencia y se estaba estancando en una institución de Seattle, progresa en nuestro centro porque está rodeado de niños que no se aguantan las ganas de abrazarlo.

Los niños también se benefician de los adultos que tienen todo el tiempo del mundo para brindarles atención y amor. Nuestras distintas generaciones se ocupan juntas del jardín, cantan y bailan, hacen manualidades, pasan tiempo juntas en el parque rodeado de ventanales y comparten muchos proyectos con alegría. En este momento prestamos servicios a cerca de 150 niños cada día en preescolar y cuidado después de la escuela, y también en un programa de desarrollo de aptitudes de vida para preadolescentes y adolescentes. Con casi la misma cantidad de adultos, ofrecemos de todo, desde atención médica a recreación, actividades sociales y, en nuestro nuevo centro, atención dental para pacientes que tienen discapacidades cognitivas o físicas. Es particularmente maravilloso ver a una mamá apurada dejar a su hijo en un lado del centro y a su padre o madre mayor en el otro lado, sabiendo que aquí los dos van a prosperar. 

El momento que despertó mi pasión por este proyecto

Me integré a Sisters of St. Francis of Assisi porque quería ayudar a la gente. Durante estos años fui enfermera, terapeuta ocupacional y masajista, y dirigí un pequeño centro de cuidados diurnos para adultos. En este centro, nuestro personal incluía muchas madres solteras que tenían que traer a sus pequeños hijos al trabajo los días que no tenían clase. Un día, un cliente llamado Frank que sufría de convulsiones generalizadas, empezó a temblar. Cathy, de tres años, se subió a su falda y lo abrazó, y sus síntomas se aliviaron de inmediato. En ese momento supe que si alguna vez tenía la oportunidad de crear un centro grande, sería intergeneracional. 

Consejos para los que desean marcar la diferencia

No tengas miedo de pedir cosas grandes. Había un filántropo rico que en un comienzo me preguntó lo que necesitaba, y al principio solo le pedí materiales que, por supuesto, nos consiguió. Más adelante dije que quería construir un centro intergeneracional de cuidados diurnos, y ni pestañeó: nos ayudó a recaudar el dinero. También, por supuesto, no pierdas la fe. Si Dios lo desea, sucederá. Cuando hay algo que creo que beneficiará a la gente, sigo esforzándome, incluso si todavía no veo señales de triunfo. Nunca falla: las personas indicadas llegan para convertirlo en realidad.

Por qué mi estrategia es única

Cuando inicialmente quise diseñar mi centro, viajé por el país buscando un prototipo. Encontré preescolares junto a hogares de ancianos en los que había cierta interacción, pero ningún establecimiento ofrecía la inmersión total entre generaciones que yo buscaba. Nos llevó dos años crear el diseño. Nuestro centro en el sur de la ciudad tiene 57,000 pies cuadrados, y nuestro nuevo centro en el norte tiene 87,000. Esto nos da espacio para todo, incluso un programa de relevo nocturno con el que los cuidadores, que tanto necesitan un descanso o vacaciones, pueden dejar tranquilamente a sus seres queridos, incluso a los que tienen demencia. 

Lo que espero para el futuro

Quiero ver centros intergeneracionales en todos lados. Hemos creado un manual que pueden usar otros centros y que enseña todo, desde el diseño y funcionamiento de un centro hasta —de igual importancia— la creación de programas intergeneracionales eficaces. Si un adulto ha tenido un derrame cerebral, por ejemplo, hay que tener cuidado de ubicar al niño del lado que el adulto puede usar; de otro modo, la interacción estará limitada. También hemos impartido varios talleres, incluso uno internacional el año pasado al que asistieron personas de lugares tan distantes como Taiwán. Gracias a nuestro modelo, ya han abierto varios centros intergeneracionales en Maryland y California. Mi sueño es que las familias de todo el mundo tengan la oportunidad de cuidarse mutuamente en sus propios hogares y pueblos en vez de tener que llevar a alguien a otro sitio, y esto es posible cuando se cuenta con el apoyo de un lugar como St. Ann Center.