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Mi primera mamografía con implantes de seno

Cuando el temor y la prevención se juntan.

Busto de mujer en ropa interior

Istock

Cuando era adolescente recuerdo escuchar a mi mamá quejarse amargamente cada año cuando le tocaba hacerse la mamografía. Decía que el dolor que provocaba la máquina al presionar el seno era insoportable. También recuerdo a una que otra tía quejarse por lo mismo. Todo sea por la salud, decían; había que prevenir a toda costa. Y así crecí, temiendo la llegada de mis 40 años, porque al llegar ese día, me tocaría comenzar a experimentar tan doloroso procedimiento.

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Al cumplir los 30 años tuve la idea de aumentar mis senos. No estaba complacida con lo que la naturaleza me había dado, así que de una copa A salté a copa C en unas cuantas horas. Entre las miles de preguntas que le hice al cirujano plástico antes de la cirugía, una de ellas fue acerca de la consabida mamografía. Me contestó que no habría problema alguno. Según el doctor, tampoco tendría problemas para lactar si tenía hijos. Lactar no fue un problema.

En el 2017, llegué a mis 40 años. Fui a mi revisión anual y de allí salí con orden en mano para mi primera mamografía, pero también salí con un gran temor al dolor. Llamé y coordiné mi cita, pedí específicamente que me atendiera alguien con experiencia realizando mamografías a mujeres con implantes y ellos me aseguraron que tenían a la persona ideal.

El examen

Llegado el esperado día de la cita, me dirigí al centro de radiología y a cada persona que me atendía, —la recepcionista, la enfermera, la técnica—, le repetía que tenía implantes. Previo a mi cita, había decidido hacer una búsqueda en Google y leí que, en algunos casos, los implantes podían romperse. Esa búsqueda aportó aún más temor al que ya tenía.

La profesional que me atendió durante el examen me ayudó a relajarme; me habló de su experiencia profesional y me aseguró que no había nada que temer. Llevaba 11 años realizando mamografías a mujeres con implantes y en todos esos años no había visto nada fuera de lo ordinario, según ella.

El procedimiento duró unos 30 minutos. Primero, hizo unas tomas sin presionar para captar el implante y ya luego vinieron los apretones. Empezaron de manera horizontal, luego en ángulo y por último hubo un apretón que agarró un pliegue de piel para tomar una radiografía de la densidad.

Salí de mi cita pensando que había tenido un miedo falsamente infundado, pues no fue para nada doloroso. O al menos, no puedo decir que era un dolor insoportable como el que mi madre describía. Pude tolerar la presión.

Al finalizar, como suele suceder en estos casos, me dijo que en unos tres días mi ginecólogo recibiría los resultados. Me sentía tranquila de que todo saldría bien pues en realidad era un estudio de rutina, yo no había sentido nada extraño y en mi familia nadie ha padecido cáncer de seno, así que eso disminuye mi riesgo.

Prueba superada y lista para mi próxima mamografía.

Los resultados

Para mi sorpresa, antes de que mi médico me contactara, recibí una carta del centro de radiología en la que me informaban que mi estudio reflejó algo fuera de lo normal y que necesitaría más estudios. Admito que apenas pude dormir pensando qué podrían haber encontrado.

Al día siguiente, y sin querer perder ni un minuto de vida, llamé a mi médico. Volví a respirar cuando me dijo que lo que habían “encontrado” eran los implantes. Pero ¿no lo había estado repitiendo millones de veces? Al parecer, decirlo no fue suficiente. El descubrimiento de mis implantes lo reflejaron en el informe de los resultados de la forma más aterradora posible.

Cuando un paciente tiene implantes de seno, la mamografía no es suficiente para descartar que no haya nada fuera de lo ordinario. Para poder llegar a una conclusión más certera, necesitan realizar un ultrasonido y luego combinar ambos estudios para determinar si hay algo por lo que preocuparse.

La cita para el ultrasonido está coordinada. Por mi parte, yo aprendí la lección: no hay nada que temer y la mamografía no es suficiente en estos casos. Después de todo, nada mejor que la prevención.

Profesional de la salud le hace mamografía a una mujer

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