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Alarmante aumento de las muertes por sobredosis de opioides entre los mayores

Un nuevo estudio indica que en Estados Unidos han muerto más de 80,000 personas de 55 años o más por el consumo de estas drogas adictivas desde 1999.

Varios frascos de medicamentos recetados en primer plano y al fondo un hombre con su mano en la cabeza

DNY59 / GETTY IMAGES

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Se ha llamado “el problema de salud pública con mayores consecuencias y más previsible de Estados Unidos”. En efecto, la epidemia de opioides es una crisis nacional con consecuencias catastróficas. Las cifras son reveladoras. Las muertes por sobredosis relacionadas con esta clase sumamente adictiva de fármacos —que incluye los opioides naturales prescritos para el dolor, como la morfina y la codeína, y las versiones sintéticas, como el fentanilo y la heroína— se han más que sextuplicado desde 1999, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Se estima que en los doce meses comprendidos entre mayo del 2020 y abril del 2021 se produjeron 100,306 muertes por sobredosis de opioides en Estados Unidos, un aumento del 28.5% con relación a las 78,056 muertes ocurridas durante el mismo período el año anterior.

Una categoría inesperada de víctimas: los adultos mayores. Desde 1999 hasta el 2019, en Estados Unidos murieron 79,893 personas de 55 años o más a causa de una sobredosis de opioides (en inglés), según un nuevo estudio de 21 años publicado en JAMA Network Open. Solamente en el 2019, aproximadamente 10,300 personas de 55 años o más murieron por sobredosis de opioides, en comparación con apenas algo más de 500 en 1999. Y las visitas a las salas de emergencias por consumo indebido de opioides (en inglés) aumentaron casi el 220% entre el 2006 y el 2014 para las personas de 65 años o más, informaron los investigadores en una edición del 2019 de Innovation in Aging. 

Línea Nacional de Ayuda de SAMHSA

La línea de ayuda de la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias (el Servicio de Enrutamiento de Referencia de Tratamiento) ofrece información sobre grupos de apoyo, opciones de tratamiento y otra asistencia: 800-662-HELP (4357).

Mientras que las formas sintéticas de opioides, como el fentanilo, han estado relacionadas con más muertes por sobredosis en años recientes, con los adultos mayores “a menudo el problema radica en consumir en forma indebida los analgésicos opioides prescritos por el médico”, dice el Dr. Robert G. Sise, un psiquiatra de Billings, Montana, especializado en adicción.

El problema: los opioides son sumamente adictivos. Las drogas causan la liberación de endorfinas, que son sustancias químicas naturales que el sistema nervioso libera para hacer frente al dolor o al estrés. El consumo repetido puede llevar a la tolerancia, que es cuando el organismo comienza a reducir su propia producción de endorfinas, según Mayo Clinic. El resultado es que la persona puede buscar dosis más altas o formulaciones más potentes de la droga. (El alto índice de adicción de los opioides ha dado origen a miles de demandas judiciales contra sus fabricantes, entre ellos Johnson & Johnson).

Cómo identificar el consumo indebido de drogas

A menudo no se hace lo suficiente para determinar el consumo indebido de drogas entre los adultos mayores, dice Maryann Mason, profesora adjunta de Medicina de Emergencia en la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern University y autora principal del estudio de JAMA Network Open. Y agrega que los prejuicios por edad son uno de los motivos: en términos simples, a las personas les cuesta creer que un adulto mayor pueda caer víctima del abuso de drogas. “Creo que se basa en el modo en que vemos a los adultos mayores; los vemos como el abuelo, como la abuela que hornea galletas”, dice Mason. “Los médicos dicen: ‘Por supuesto que ellos no hacen eso. Son adultos mayores’. Pero lo que nos dice el estudio es que no podemos presuponer”.

Detrás del trastorno por consumo de opioides en los adultos mayores puede haber varios factores. Primero, algunos trastornos de salud crónicos que nos afectan a muchos a medida que envejecemos —entre ellos la artritis y el cáncer— pueden ser tratados con opioides.

Además, los pacientes mayores también tienen a veces prescripciones simultáneas de varios medicamentos, lo que puede generar interacciones peligrosas entre los fármacos. (Un estudio —en inglés— del 2015 de reclamos de la Parte D de Medicare halló que los consumidores de opioides surtieron, en promedio, 52 prescripciones anuales de alrededor de diez clases de drogas, y más del 20% de los consumidores de opioides tomaban más de diez medicamentos en forma concurrente).


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Y también está el deterioro cognitivo, que puede llevar a un problema de drogas de dos maneras. Primero, el deterioro cognitivo puede hacer difícil que los pacientes tomen los medicamentos tal como se les ha indicado. Al mismo tiempo, dice Mason, “algunos de los marcadores de la disfunción cognitiva también son marcadores del uso indebido de opioides, por lo que a menudo se pueden confundir las dos situaciones” y arribar a un diagnóstico incorrecto. Además, al envejecer se reduce la capacidad del organismo de metabolizar los opioides en forma eficaz, lo que aumenta el riesgo de reacciones adversas, un factor que puede contribuir a las sobredosis letales.

Otros posibles problemas son de carácter psicológico. El aislamiento social y la depresión que se asocian con el envejecimiento —en particular durante la crisis de COVID— pueden ser factores de riesgo para el consumo y el abuso de opioides entre los adultos mayores. Y también está el estigma asociado con los trastornos por consumo de drogas, que puede hacer que los pacientes mayores sean más reacios a reportar la dependencia de alguna droga a su médico. “Parte de eso proviene de la percepción de que ‘soy una persona mayor, debería saber lo que estoy haciendo. Estoy en un punto de mi vida en que debería tener control de las cosas”, dice Mason. “Eso hace que las personas se avergüencen cuando tienen un problema”.

Los hombres negros están en riesgo

Los hombres negros son particularmente vulnerables. Para el 2019, el índice de muertes por sobredosis de opioides entre los hombres negros de 55 años o más había llegado al 40.03 por cada 100,000 habitantes, cuatro veces más alto que el índice de mortalidad por sobredosis de opioides de personas de la misma edad (10.70 por cada 100,000 habitantes). Los expertos observan que esto puede deberse en gran medida a lo que se conoce como determinantes sociales de la salud. Por ejemplo, dice Mason, es más probable que los hombres negros vivan en comunidades de bajos recursos, donde la violencia y las interacciones con el sistema de justicia penal son comunes.

“Ese tipo de cosas puede crear un trauma que puede estar vinculado con la búsqueda de alivio en las drogas”, dice Mason. “Además, esta población no cuenta con cobertura adecuada de seguro médico y tiene acceso limitado al cuidado de la salud y a programas para el tratamiento de la drogadicción”.  

Pero los expertos señalan también otro posible motivo detrás del aumento: las personas negras se vieron menos afectadas por la epidemia de opioides en la década del 2000 porque, históricamente, no se les han prescrito tantos opioides para el dolor, en parte porque los médicos pueden haber tenido prejuicios en cómo perciben el dolor entre los pacientes de minorías sociales. El índice de muertes por sobredosis de drogas entre los hombres negros comenzó a aumentar alrededor del 2013, cuando el potente opioide sintético fentanilo —entre 50 y 100 veces más potente que la morfina— ingresó al mercado de las drogas ilegales, un período que los CDC identifican como la tercera ola de la epidemia de opioides.

Mason dice que “algunas de estas muertes pueden ser de individuos que no eran consumidores regulares de opioides, pero que tal vez tenían un problema de larga data con diferentes tipos de drogas ilícitas, como la cocaína”.


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En busca de soluciones

Mason dice que hace falta mucho trabajo para revertir esta tendencia desoladora. Los esfuerzos necesarios podrían incluir:

  • Realizar más sondeos para detectar el consumo nocivo de drogas entre este grupo demográfico de más edad.
  • Modificar los tratamientos para adaptarlos a las necesidades de los adultos mayores (por ejemplo, hacer que los centros de tratamiento sean accesibles para quienes tienen problemas de movilidad, o adaptar el tratamiento para personas con deterioro visual o auditivo).
  • Capacitar a quienes brindan apoyo, desde enfermeros visitantes hasta las personas que entregan comidas con Meals on Wheels, para que puedan reconocer las señales de consumo indebido de opioides en los adultos mayores.
  • Aumentar los esfuerzos para llegar a los adultos mayores negros y enlistar personas dentro de esas comunidades para que alienten a los pacientes a buscar el tratamiento que necesitan.

A pesar de lo lúgubre que puede ser la situación, hay motivos para ser optimistas, añade Mason. Los adultos mayores poseen una gran cantidad de atributos que auguran el éxito del tratamiento, entre ellos la sabiduría y el autoconocimiento derivados de décadas de experiencias de vida, habilidades para la toma de decisiones y la capacidad de manejar las emociones. “Si las personas en este grupo de edad reciben tratamiento para el consumo de drogas, pueden tener muy buenos resultados”, dice. “En cierto modo, anticipamos que tendrán más éxito [que las personas más jóvenes] si recurren al tratamiento”.

Barbara Stepko tiene una larga trayectoria como escritora de salud y estilo de vida, y ha sido editora de Women’s Health e InStyle. Su trabajo ha aparecido en The Wall Street Journal, Parade y otras revistas nacionales.