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¿Por qué tenemos incontinencias y qué podemos hacer?

Las urinarias y fecales son las más comunes y pueden ser tratadas.

Persona con necesidad de ir al baño

Istock

Desde el punto de vista de la anatomía, una de las zonas menos conocidas del organismo humano es la pelvis. Al preguntarles, mis pacientes que saben en dónde queda la pelvis señalan la parte baja del vientre, pero no me pueden decir cuáles órganos se encuentran en esa zona. Es probable que esa falta de conocimiento dificulte que muchos pacientes entiendan algunas condiciones muy comunes en hombres y mujeres que, si no son adecuadamente manejadas, causan profundas alteraciones en la calidad de vida. Me refiero a las llamadas disfunciones del suelo pélvico.

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Si miramos frontalmente el cuerpo de una persona, veremos el pecho y el vientre. El pecho, o tórax, contiene los órganos torácicos, entre los cuales están el corazón, los pulmones y el esófago, que conecta la garganta con el estómago.

En el vientre, o abdomen, el cual está separado del tórax por un fino y delgado músculo llamado diafragma, se encuentran los órganos abdominales, entre ellos, el estómago, el hígado, la vesícula biliar, el páncreas, el intestino delgado y el grueso.

El suelo pélvico

Pero una importante pregunta es, ¿dónde quedan la vejiga urinaria y el recto en hombres y mujeres?  ¿Y dónde quedan el útero, los ovarios y las trompas de Falopio en la mujer? ¿Y dónde queda la próstata en el varón?

La respuesta es que esos órganos se localizan en la parte más baja del abdomen, en una especie de sótano de esa parte del cuerpo. Ese sótano, o parte más baja del abdomen, se llama pelvis o cavidad pélvica; y la parte más baja de esa pelvis es el suelo pélvico.

Ese suelo pélvico está constituido por un entretejido de músculos, nervios, tendones y ligamentos que forman una especie de hamaca o tapete muy resistente, el cual está interrumpido en ciertas zonas por agujeros que permiten la salida a los órganos genitales (vagina) digestivos (recto) y urinarios (uretra).

Durante la juventud, ese suelo pélvico es muy fuerte y los órganos digestivos, urinarios y reproductivos femeninos descansan sobre él y mantienen una adecuada función del aparato urinario, digestivo y reproductivo. En ciertas condiciones, sin embargo, ese suelo pélvico se vuelve débil, y cede ante la presión abdominal, lo que hace que los órganos digestivos, urinarios y reproductivos femeninos tiendan a salir por sus agujeros naturales, lo que origina una serie de síntomas muy molestos.

Esa salida anormal de los órganos pélvicos produce el llamado prolapso, el que en hombres y mujeres causa el prolapso rectal (el recto sale por el ano) y en la mujer, los prolapsos de la vejiga (la vejiga se sale por la vagina) y del útero (el útero se sale por la vagina).

Toda esa larga explicación de la anatomía de la pelvis y del suelo pélvico es fundamental para poder entender las llamadas disfunciones del suelo pélvico, las que causan tres tipos de condiciones: incontinencia urinaria, incontinencia fecal y prolapso (rectal, uterino y de la vejiga urinaria).

Incontinencia urinaria

Es el trastorno del suelo pélvico más común y se define como la pérdida involuntaria de la orina durante un esfuerzo (toser, reír, subir escaleras, cargar una bolsa) o durante el acto sexual. La incontinencia urinaria afecta al 51% de mujeres y al 14% de los hombres en Estados Unidos, y es más frecuente en personas mayores. Afecta más a la mujer que al hombre debido a la influencia del embarazo y el parto. Sin embargo, el hombre también presenta incontinencia urinaria, la cual —por lo general— no está relacionada a la debilidad del suelo de la pelvis sino a trastornos de la próstata, o de los nervios que controlan la micción, el proceso mediante el cual la vejiga elimina la orina.

El diagnóstico de incontinencia urinaria en la mujer lo hace el médico urólogo, quien después de un exhaustivo interrogatorio un cuidadoso examen de la paciente, puede ordenar exámenes auxiliares, tales como ultrasonido y exámenes urodinámicos de la vejiga, en las que se mide el flujo urinario y la capacidad muscular del suelo pélvico.

Por estar usualmente asociada al prolapso de la vejiga, el tratamiento de la incontinencia urinaria es por lo general la cirugía. Sin embargo, el especialista puede primero intentar controlar el problema con diversas medidas como: el entrenamiento en técnicas urinarias, fortalecimiento de los músculos del suelo pélvico con los ejercicios de Kegel o el uso del pesario o anillo, que el médico coloca en el fondo vaginal para poner la vejiga “en su sitio”.

Incontinencia fecal

También llamada incontinencia anal, es otro trastorno del suelo pélvico común y se define como la pérdida involuntaria de heces por el ano. Se puede manifestar con pérdida de pequeñas cantidades de excrementos durante el día o la imposibilidad de contener la defecación. El trastorno se presenta en el 9% de las mujeres y el casi 8% de los hombres estadounidenses y, por supuesto, aumenta con la edad. Alrededor del 15.3% de las personas mayores de 70 años sufren de esta condición.

El diagnóstico de incontinencia fecal lo hace el médico gastroenterólogo, quien después de un exhaustivo interrogatorio y un cuidadoso examen rectal del paciente, ordena exámenes auxiliares como la manometría anal (medida de la función del esfínter o músculo anal), la defecografía o examen radiológico del recto, la cual mide la función de ese órgano o la resonancia magnética nuclear (MRI) del ano para evaluar la integridad del esfínter anal.

El tratamiento de la incontinencia fecal es la cirugía, aunque —como en el caso de la incontinencia urinaria— el especialista puede primero intentar controlar el problema con una alimentación poco abundante y libre de cafeína, que estimula la defecación. También es posible entrenar al paciente en técnicas defecatorias y fortalecer los músculos del suelo pélvico con los ejercicios de Kegel.

En resumen, a pesar de que los trastornos del suelo pélvico son más frecuentes en personas mayores, debe entenderse que esos trastornos no son parte del proceso normal del envejecimiento y deben siempre estudiarse si se presentan.

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