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Centros de cuidado diurno de adultos: ¿una opción apropiada?

Con un costo menor del de un asistente de salud, las clases diarias ayudan a reducir el aislamiento y el deterioro físico en las personas con Alzheimer.

Una ilustración de una mujer mayor considerando un centros de cuidado diurno de adultos.
GETTY IMAGES

Luego de que al esposo de Susan Law, John, le diagnosticaran Alzheimer presenil, ella sentía que lo estaba abandonando cada día que iba a trabajar.

“Él se aburría mucho en casa, deambulaba todo el día tratando de ocuparse en algo o simplemente sin ningún propósito”, dice Law. Además, “era una situación algo peligrosa. Él no sabría qué hacer si al intentar usar la cocina se originara un incendio”.

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Pero el costo de contratar un asistente de salud a domicilio les resultaba prohibitivo en el sur de California, donde vive la pareja. Y con las finanzas ya comprimidas por la jubilación prematura de su esposo, ella no podía dejar su trabajo de gerenta administrativa en una escuela.

Entonces, en un grupo de apoyo, Law escuchó hablar de un centro de cuidado diurno de adultos cerca de su casa, administrado por Easterseals, en el que los clientes —a quienes se les llama “miembros”— socializaban durante las comidas, jugaban juegos de mesa y de trivia, participaban en pasatiempos y clases de ejercicio físico y conversaban sobre temas de actualidad bajo la supervisión de enfermeros y otros profesionales que monitoreaban su salud, les administraban medicamentos y les brindaban asesoramiento. “Nunca había oído hablar de algo así”, admite Law.

El esposo de Law concurrió al programa y “le encantó desde el primer día”, cuenta ella. “Volvió a iluminarse cuando comenzó a interactuar con otras personas y a hacer amistades. Volvió a sentirse valorado”.

‘Seguir viviendo’

Entre todas las opciones de cuidados a largo plazo, los servicios de cuidado diurno de adultos tal vez sean los menos conocidos, a pesar de que son más económicos que los asistentes de salud a domicilio o los hogares de ancianos.

Cuando están abiertos y operan a capacidad plena, los centros de cuidado diurno de adultos sirven a 286,000 personas en Estados Unidos. Aproximadamente el 70% sufren de la enfermedad de Alzheimer, demencia relacionada con esa enfermedad, diabetes, depresión o enfermedades cardíacas. La cantidad de empleados en esos centros varía según el estado; la Asociación nacional de servicios de cuidado diurno para adultos (NADSA) dice que el promedio nacional es de un empleado por cada seis miembros.

Según datos de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina (NASEM), casi la cuarta parte de todas las personas de 65 años o más están aisladas socialmente. El aislamiento está asociado con aumentos de aproximadamente el 50% en el riesgo de demencia, el 29% en el riesgo de enfermedades cardíacas y el 32% en el riesgo de derrame cerebral, y también con mayores índices de depresión, ansiedad y suicidio.

“Le da la oportunidad de... —supongo que podría decirse así— seguir viviendo”, dice Countess Shaw sobre su padre de 81 años, que asiste a un centro de cuidado diurno de adultos en Nashville. “Tienen clase de ejercicio. Tienen estudios bíblicos. Lo mantienen motivado, en comparación con estar en casa aburrido, con todo ese tiempo libre en las manos”.

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Diferencias con los centros para adultos mayores

El cuidado diurno de adultos cuesta $1,690 al mes, según Genworth, una empresa de seguros de cuidados a largo plazo. En comparación, un centro de vida asistida cuesta $4,500, un asistente de salud a domicilio cuesta $5,148 y una habitación semiprivada en un hogar de ancianos cuesta $7,908. Estas cifras corresponden al 2021, que es el año más reciente del cual se dispone información.

Pero es más difícil obtener el reembolso del costo de un centro de cuidado diurno, ya que esos servicios no están cubiertos por Medicare ni por la mayoría de los planes de seguro de salud. Dos tercios de los miembros están en Medicaid, que tiene límites de ingresos, y muchos de los demás usan los beneficios del Departamento de Asuntos de Veteranos (VA). También hay fuentes filantrópicas de ayuda financiera a través de asociaciones relacionadas con la enfermedad de Alzheimer.

Lauren Parker, científica adjunta en la Facultad Bloomberg de Salud Pública en Johns Hopkins y estudiosa del cuidado diurno de adultos, dice que se observa una desproporción en el uso de esos servicios por parte de las familias negras e hispanas, que por motivos culturales prefieren que sus seres queridos continúen viviendo en casa. “[El cuidado diurno] les permite hacer eso, y al mismo tiempo los cuidadores tienen un respiro”, dice Parker.

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No obstante, muchas personas no tienen conocimiento de la existencia de los servicios de cuidado diurno de adultos, o los confunden con los centros para adultos mayores, que están orientados a personas con mayor capacidad física y que, por lo general, no ofrecen supervisión de medicamentos ni control de enfermedades. “Piensan que son lo mismo, pero no lo son”, dice Tina Sadarangani, profesora adjunta en la Facultad Rory Meyers de Enfermería y en el Departamento de Salud de la Población de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York. “El público tiene una percepción incorrecta de que el cuidado diurno de adultos es simplemente bailar y jugar al dominó”. Y los proveedores de servicios de salud o los administradores de casos con frecuencia no conocen mucho sobre esa opción, dice.

El retroceso causado por la pandemia

Paradójicamente, cuando la pandemia de COVID-19 obligó el cierre de muchos centros de cuidado diurno de adultos, la ausencia de esos servicios sirvió para demostrar otro de sus beneficios: ayudar a prevenir la acentuación del deterioro y contrarrestar los efectos que el aislamiento social tiene sobre la salud.

“Cuando las personas volvieron al programa, vimos que habían perdido años de memoria y capacidad física”, dice William Zagorski, presidente de NADSA y director ejecutivo de American Senior Care Centers en Tennessee. “Fue prueba de la magnitud del impacto que teníamos, porque vimos lo que ocurrió cuando las personas no tuvieron este servicio”.

Hay nuevas investigaciones que sustentan esa afirmación. “La pandemia fue, lamentablemente, un experimento natural”, dice Sadarangani.

Con un subsidio del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA), Sadarangani y sus coautores organizaron grupos de sondeo en California y entrevistaron al personal de centros de cuidado diurno de adultos en otros siete estados. Entre los ejemplos de deterioro físico que hallaron se cuentan miembros que pasaron de ser personas con total movilidad a necesitar andadores para desplazarse porque no hicieron ejercicio mientras estuvieron en casa.

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Una enfermera de cuidado diurno de adultos de Buffalo dijo que, en los tres meses en que el centro estuvo cerrado, 33 de los miembros que ella supervisaba fueron hospitalizados y 43 acudieron a salas de emergencia por problemas no relacionados con COVID, en comparación con un promedio de entre tres y seis cuando el centro estaba abierto. 

“La conclusión es que hay un valor inmenso en la actividad grupal y en sacar a las personas de su casa”, dice Sadarangani.

Demorar el deterioro

El cuidado diurno de adultos ahora está enfrentando un nuevo problema: el cambio a la modalidad de trabajo remoto ha convencido a algunos cuidadores de que pueden dejar que un familiar mayor se quede en casa con ellos, dice Kathleen Kolenda, vicepresidenta regional de servicios diurnos de adultos en Easterseals Southern California.

Ella cuenta el caso de un miembro cuya hija le dijo que, ahora que ella trabajaba desde la casa, podía quedarse con ella. “Él golpeó la mesa con el bastón y dijo: ‘Yo voy [al centro]’. Prefería estar con nosotros porque la hija, de todos modos, estaría trabajando, y él lo único que haría sería mirar televisión”.

Los cierres por COVID también obligaron a muchos miembros de los centros de cuidado diurno a pasar a un hogar de ancianos, otra tendencia de la que la industria deberá recuperarse ahora. “Las familias tuvieron que decidir: ‘No podemos cuidar a mamá y a papá; vamos a tener que llevarlos a un hogar de ancianos’”, dice Matt Donnelly, vicepresidente de operaciones de Active Day, que opera alrededor de 100 centros de servicios de cuidado diurno de adultos en todo el país.

En algunos casos, los seres queridos no tienen otra opción. No siempre hay un centro de cuidado diurno de adultos cerca. “No sé si en todos lados los consumidores pueden encontrar uno con suficiente proximidad para que la opción les resulte conveniente”, dice R. Tamara Konetzka, profesora de Ciencias de Salud Pública en la Universidad de Chicago y experta en cuidados a largo plazo. “Los cuidadores también tienen que considerar la disponibilidad de transporte y ver si los horarios se ajustan a los de su empleo”.

Además, los centros no sirven para quienes requieren atención individualizada, observa Sadarangani. “Esas personas no son candidatas para el cuidado diurno de adultos”, dice.

Konetzka se refiere al cuidado diurno de adultos como a cierto tipo de servicio de mantenimiento. “Tal vez las personas no mejoren o recuperen la memoria, pero no van a deteriorarse tanto como si estuvieran sentadas en casa”, dice. “Las personas son acogidas con amabilidad. Participan activamente. A la noche, duermen mejor por todas las actividades. Y la esperanza es que vivan un poco más”.

Jon Marcus es un escritor radicado en Boston. Su trabajo se publica en The New York Times, The Washington Post, USA Today, The Boston Globe y otros medios de comunicación.

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