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Los casos de COVID-19 entre residentes de hogares de ancianos alcanzan cifras récord, según informe

La amplia propagación comunitaria del coronavirus continúa afectando a las personas más vulnerables del país.

Un residente de un asilo de ancianos que los trabajadores llevan en una cama por un pasillo.

BOSTON GLOBE/GETTY IMAGES

In English |  Los hogares de ancianos rompieron récords de nuevos casos de COVID-19 en noviembre y fácilmente superaron las cifras récord de la primavera pasada, según un nuevo informe de una asociación comercial que representa a proveedores de cuidados a largo plazo de EE.UU.

El informe reveló que se reportaron al Gobierno federal más de 16,000 nuevos casos semanales de COVID-19 entre los residentes de hogares de ancianos a mediados de noviembre, aproximadamente el doble de los casi 9,000 nuevos casos semanales que se reportaron a finales de mayo, cuando los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS) comenzaron a reportar los casos en hogares de ancianos. El número de casos bate el récord anterior de los CMS, 9,868 casos, a finales de julio.


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El informe, publicado el martes por la American Health Care Association y el National Center for Assisted Living (AHCA y NCAL - enlace en inglés) —los cuales representan a más de 14,000 hogares de ancianos y comunidades de vida asistida—, también revela que el aumento de casos de residentes no es como ningún otro aumento reportado por los CMS durante la pandemia. En tan solo cinco semanas, de la semana que finalizó el 11 de octubre a la semana que finalizó el 15 de noviembre, los casos confirmados de COVID-19 entre los residentes de hogares de ancianos aumentaron de 6,740 a 16,257, un incremento de más del 140%.

Debido a que en la comunidad de cuidados a largo plazo de Estados Unidos ya hubo más de 100,000 muertes (enlace en inglés) de residentes y empleados durante la pandemia —cifra que equivale al 40% de todas las muertes por COVID-19 del país—, los hallazgos del nuevo informe son “completamente atroces”, dice Bill Sweeney, vicepresidente sénior de Asuntos Gubernamentales de AARP.

“AARP ha luchado durante meses por las personas que trabajan y viven en hogares de ancianos y otros centros de cuidados a largo plazo”, afirma. “Tenemos que concentrarnos más en estos centros, pero también necesitamos que haya una verdadera rendición de cuentas del dinero de los contribuyentes que ya se ha entregado a los hogares de ancianos. Nos hemos enterado de al menos una situación, en Kansas, en la que se entregaron cientos de miles de dólares de los contribuyentes a un hogar de ancianos donde todos los residentes se contagiaron de COVID-19”.

Las infecciones en el medio oeste del país son especialmente preocupantes, según el informe, ya que la región es responsable de casi la mitad de los nuevos casos semanales de coronavirus que se reportaron entre los residentes de hogares de ancianos a mediados de noviembre. Desde mediados de septiembre, los nuevos casos semanales de COVID-19 entre los residentes han aumentado más de un 400% en el medio oeste.

El aumento de la propagación de COVID-19 en la población general es la causa principal del incremento de las infecciones en hogares de ancianos, según el informe. El informe utiliza las cifras de casos de COVID-19 entre la población general de Johns Hopkins University (enlace en inglés) y destaca que el reciente aumento de casos en hogares de ancianos inició cuando comenzó a incrementarse la transmisión comunitaria en todo el país a mediados de septiembre.

Según Justin Lessler, profesor adjunto de Epidemiología de la Facultad de Salud Pública Bloomberg de John Hopkins, y otros expertos, la propagación comunitaria es un factor crítico en los brotes que ocurren en los hogares de ancianos.

“El virus entra en [los centros de cuidados a largo plazo] a través de las redes de transmisión de la comunidad”, Justin Lessler le indicó recientemente a AARP. “Por lo tanto, si el virus se transmite de manera más eficiente en la comunidad, sin importar las medidas que tomemos para proteger estos centros, la posibilidad de que el virus entre aumentará porque las personas que trabajan allí, y los visitantes, tienen más probabilidades de infectarse”.

Las muertes relacionadas con la COVID-19 en los hogares de ancianos todavía están por debajo de las cifras de la primavera, gracias a un mejor entendimiento del virus, más pruebas y suministros de equipo de protección personal y nuevos tratamientos. Se reportaron casi 3,000 muertes de residentes durante la semana que finalizó el 31 de mayo, mientras que se reportaron un poco más de 2,000 el 15 de noviembre, señala el informe. Pero las muertes tienden a dispararse luego de dispararse los casos, advierten los expertos. De hecho, según el informe, parece que esto ya está ocurriendo, ya que las muertes casi se han duplicado, de 1,022 durante la semana que finalizó el 11 de octubre a 2,018 durante la semana que finalizó el 15 de noviembre.

La AHCA , el NCAL y otras organizaciones que representan a proveedores de cuidados a largo plazo piden que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades den prioridad a la comunidad de cuidados a largo plazo durante la distribución de las vacunas (enlace en inglés) cuando la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. apruebe una vacuna contra la COVID-19 para su uso de emergencia.

Mientras el país espera la aprobación, la asignación y la distribución, lo cual podría tomar muchos meses, los hogares de ancianos deben hacer un mejor trabajo, dice Sweeney de AARP.

“La propagación comunitaria sin duda pone en riesgo a los hogares de ancianos, pero estos también deben tomar medidas para evitar la propagación”, afirma. “Incluso antes de la pandemia, 8 de cada 10 hogares de ancianos recibieron sanciones de inspectores por tener métodos deficientes de control de infecciones. Los hogares de ancianos deben hacer un mejor trabajo para prevenir las infecciones y no solo esperar la vacuna”.