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Algunos hogares de ancianos permiten la visita de 'cuidadores esenciales'

Unos pocos estados han introducido esta norma, lo que genera esperanza... y preocupación.

Mary Daniel y su esposo Steve se abrazan en un hogar de ancianos

CORTESÍA DE MARY DANIEL

Mary Daniel y su esposo Steve se abrazan en la comunidad de vivienda asistida donde vive Steve, en Florida. Daniel consiguió un trabajo a tiempo parcial en el centro para poder volver a ver a su esposo con frecuencia. Ahora está haciendo campaña para que los centros de cuidados a largo plazo flexibilicen los límites de visitas para los cuidadores familiares.

In English | Cuando el Departamento de Salud de Minnesota anunció el mes pasado que los hogares de ancianos y los centros de vivienda asistida del estado podrían permitir que algunos cuidadores familiares reanudaran las visitas frecuentes con sus seres queridos, Kathy Merkel se emocionó profundamente. “Escuché la conferencia de prensa, me levanté y comencé a llorar”.

Dos semanas después, por primera vez en más de cuatro meses, Merkel entró al hogar de ancianos donde vive su madre en el norte de Minnesota. Ahora, ella y su hermano la visitan todos los días y se aseguran de que June Merkel, que tiene 86 años y demencia moderada, coma, se peine y se tranquilice cuando se siente ansiosa y de mal humor al atardecer, tal como lo habían hecho durante años antes de que se desatara la COVID-19.


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“En gran medida, se trata de cuidados paliativos. Ella nos necesitaba”, señala Kathy Merkel. “Estamos más que agradecidos”.

Minnesota es uno de los pocos estados que incluyeron normas para los “cuidadores esenciales” en sus estrategias para reanudar las visitas a los hogares de ancianos después de una prohibición de meses para casi todos los visitantes debido a la pandemia.

En esos estados, los centros de cuidados a largo plazo tienen la opción de permitir el acceso frecuente a visitantes como Merkel, a quienes consideran esenciales para el cuidado diario y el bienestar emocional de un residente. Estas visitas son diferentes a la mayoría de las visitas a hogares de ancianos que se realizan en estos días, que se controlan de cerca, tienen un límite de duración estricto y se realizan en áreas comunes designadas, con frecuencia al aire libre y con protocolos para el uso de mascarillas, el distanciamiento, la higiene y el examen de salud.

Kathy Merkel (derecha) y su madre June en un hogar de ancianos

CORTESÍA DE KATHY MERKEL

Kathy Merkel (derecha) y su madre, June, en el hogar de ancianos donde vive June en Virginia, Minnesota. Kathy y su hermano Greg Merkel pueden visitar a diario como “cuidadores esenciales” designados.

A medida que el aislamiento que causó la pandemia en muchos centros llega a su sexto mes, la idea de permitir las visitas de los cuidadores esenciales está recibiendo el apoyo de los defensores de los residentes de los hogares de ancianos y de muchos cuidadores, además de adquirir relevancia entre quienes están a cargo de las políticas públicas.

La semana pasada, Nueva Jersey y Dakota del Sur (enlaces en inglés) anunciaron normas para los cuidadores esenciales y se sumaron a Indiana y Minnesota (enlaces en inglés), que lanzaron su programa en junio y julio, respectivamente. Las restricciones de los hogares de ancianos de Míchigan (en inglés) no utilizan el término “cuidador esencial”, pero permiten las visitas que apoyen las actividades diarias de los residentes.

Los programas estatales varían en los detalles, pero comparten el objetivo de atenuar lo que el plan de Minnesota llama “las consecuencias no deseadas de la separación física y el aislamiento prolongados que afectan la salud y el bienestar general de un residente.

Algunos residentes realmente experimentan gran angustia y deterioro”, indica Lori Smetanka, directora ejecutiva de National Consumer Voice for Long-Term Care, un grupo de defensa de derechos sin fines de lucro. “Consideramos que realmente debe haber un acceso selectivo para esos residentes”.

La exigencia de permitir las visitas se produce cuando los centros de cuidados a largo plazo continúan lidiando con la escasez de personal, de pruebas de detección y de equipo de protección personal, y cuando la cantidad de casos de COVID-19 sigue siendo alta en gran parte del país. En los centros de cuidados a largo plazo se produjeron más de 67,000 muertes por COVID-19, casi el 40% de la cantidad de muertes que causó el virus en el país.

La American Health Care Association y el National Center for Assisted Living (AHCA/NCAL), dos agrupaciones profesionales de proveedores de cuidados a largo plazo, indican que los datos federales demuestran que los casos de los hogares de ancianos aumentaron drásticamente en julio (en inglés) después de disminuir durante la mayor parte de junio, con aumentos concentrados en los estados del sur del país.

Los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS), que colaboran con los estados en la regulación de los hogares de ancianos, continúan recomendando límites estrictos para las visitas.

“Nada nos gustaría más que ver a los residentes nuevamente junto a su familia”, dice Katie Smith Sloan, presidenta y directora ejecutiva de LeadingAge, una asociación de proveedores sin fines de lucro que ofrecen cuidados a largo plazo y otros servicios para personas mayores.

“Sin embargo, sin una respuesta federal coordinada para resolver la escasez de equipo de protección personal y sin un plan nacional de pruebas financiado por el Gobierno federal, los hogares de ancianos deben proceder con cautela, considerar cuidadosamente todas las consecuencias de cada estrategia de visitas y luego escoger entre opciones extremadamente difíciles”.

'No se trata de una visita casual'

Por lo general, los cuidadores esenciales son familiares o amigos que antes de la pandemia solían ser una presencia constante en el centro donde vive un ser querido, brindaban compañía y ayudaban con las actividades diarias (como alimentarse, bañarse y arreglarse), o que se comprometen ahora a desempeñar esa función.

“No se trata de una visita casual”, señala Lindsey Krueger, jefa de la sección de centros médicos del Departamento de Salud de Minnesota. “Estamos tratando de mantener a los residentes en el centro de todo esto y asegurarnos de que estamos tratando de lograr su bienestar en estos tiempos de COVID-19 sin precedentes”.

Estos programas son distintos de las pautas para las visitas generales que establecieron el Distrito de Columbia y los más de treinta estados que han comenzado a reabrir los centros de cuidados a largo plazo para ciertos tipos de visitas. Al igual que otros visitantes, los cuidadores esenciales deben usar una mascarilla, someterse a una evaluación de síntomas y mantenerse alejados del personal y de otros residentes. Sin embargo, por lo general se les permite visitar con mayor frecuencia, durante más tiempo e ingresar a la habitación de su ser querido. El acceso no está necesariamente supeditado a que el centro no haya tenido casos de COVID-19 durante un período determinado, como sucede con las normas de visita generales.

Cada centro tiene la última palabra en cuanto a si permite la entrada de los cuidadores esenciales para esas visitas, y en cuanto a quién reúne los requisitos para considerarse cuidador esencial. Los estados que han adoptado tales normas recomiendan o requieren que los residentes sean consultados y estén de acuerdo con la selección, algo que según Elaine Ryan, vicepresidenta de Defensa de Derechos y Estrategias Estatales de AARP, es esencial.

“Si bien los programas para cuidadores esenciales representan un progreso”, señala, “debemos insistir en que todos los residentes tengan la opción de designar al cuidador o los cuidadores que deseen ver, y cada centro debe crear un plan que responda a las necesidades individuales de cada residente”.

En una declaración enviada a AARP por correo electrónico, AHCA/NCAL calificó a los programas para cuidadores esenciales como un método “alentador” para atenuar el aislamiento. “Se trata de un tema complejo que requerirá un enfoque múltiple para respaldar a los residentes y a su familia hasta que tengamos una vacuna eficaz y ampliamente disponible”, expresó la asociación.

Los estados prestan atención

Los estados que tienen normas para los cuidadores esenciales siguen siendo la excepción, pero las autoridades de salud pública de Indiana y Minnesota dicen que han respondido consultas de otros estados sobre sus programas. Un senador del estado de Pensilvania se ha comprometido a introducir leyes sobre tales visitas, y el tema se ha presentado ante un equipo de trabajo creado por el gobernador de Florida, Ron DeSantis, para plantear recomendaciones sobre la reapertura de los centros de cuidados a largo plazo para los visitantes, según Mary Daniel, miembro del panel.

Mary Daniel lava los platos en un hogar de ancianos

CORTESÍA DE MARY DANIEL

Mary Daniel trabaja dos noches por semana lavando platos en el centro de vivienda asistida donde vive su esposo en Jacksonville para poder pasar esas noches con él.

El caso de Daniel se convirtió en noticia nacional (en inglés) en julio, después de que consiguió un trabajo de lavaplatos a tiempo parcial en un centro de vivienda asistida de Jacksonville para poder ver a su esposo Steve, quien tiene Alzheimer y está recibiendo atención para la memoria. Dos días por semana, después de terminar su trabajo diurno como defensora de pacientes en disputas de facturación médica, se dirige al centro donde vive Steve. Allí trabaja su turno en la cocina y luego pasa la noche con él, como solía hacer casi todas las noches antes de la pandemia.

También se ha convertido en una destacada activista por la expansión de las visitas y lidera un grupo de Facebook llamado Caregivers for Compromise (en inglés). El grupo inicialmente se centró en Florida, pero ahora tiene más de 8,600 miembros en los 50 estados y le ha asignado prioridad a la adopción más amplia de programas para cuidadores esenciales.

“Consideramos que se trata de una opción segura, muy bien planeada y bien pensada”, señala Daniel. “Entendemos los riesgos que implica. Pero también entendemos que los miembros del personal van allí todos los días y consideramos que podemos hacer lo que hacen ellos, con medidas controladas: visitas programadas de duración limitada, solo para los cuidadores esenciales, aquellos que ya demostraron ser esenciales antes. Y consideramos que es una manera segura de comenzar”.

Cuando surgió la pandemia, “se argumentó adoptar la decisión unilateral de no permitir visitas y efectuar un cierre de emergencia con aislamiento”, dice Jason Karlawish, geriatra y profesor de la Facultad de Medicina Perelman de University of Pennsylvania. “Hemos aprendido mucho sobre la ineficacia, la función del equipo de protección personal y los modos de evitar la transmisión. Debemos incorporar lo que aprendimos a la forma en que nos ocupamos de las personas que viven en centros de cuidados a largo plazo”.


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Una 'pandemia de aislamiento'

Indiana fue el primer estado en autorizar lo que denomina visitas de “cuidadores familiares esenciales” en junio. Los cuidadores designados pueden visitar todos los días durante un máximo de dos horas en un horario programado con anticipación. Deben cumplir con muchos de los mismos protocolos de seguridad que cumplen los empleados, incluso someterse a pruebas frecuentes de detección de COVID-19. (Minnesota, Nueva Jersey y Dakota del Sur no exigen que los cuidadores esenciales se sometan a estas pruebas, pero no impiden que los centros las requieran).

Dos meses después de comenzar el programa, alrededor del 10% de los 78 hogares de ancianos de Indiana que opera American Senior Communities (ASC), el proveedor de cuidados para personas mayores más grande del estado, tienen al menos un cuidador esencial que visita regularmente.

Estos cuidadores deben dirigirse directamente desde el área de registro a la habitación de su ser querido. Si hay un compañero de habitación, el centro debe asegurar que se disponga el espacio de modo de mantener el distanciamiento o trasladar al residente con el cuidador a una habitación privada, explica Janean Kinzie, directora de bienestar y enriquecimiento social de ASC. El movimiento de los cuidadores dentro del centro está estrictamente restringido y se espera que [los cuidadores] “tomen decisiones más seguras” en cuanto a sus contactos y actividades fuera del centro, indica.

“Hay comunidades que probablemente serían más liberales de lo que quisiéramos en cuanto a la reapertura, pero hay muchas que han sido muy conservadoras, y no las culpamos por eso”, indica Kinzie. “Estamos tratando de asegurar que logramos un equilibrio entre el riesgo y la preocupación por la seguridad, pero también el importante beneficio psicosocial que pueden recibir el residente y su familia”.

El acceso de los cuidadores esenciales se puede revocar si no cumplen con las normas de seguridad.

Christopher Laxton, director ejecutivo de AMDA–The Society for Post-Acute and Long-Term Care, una organización profesional para el personal médico de los centros de cuidados a largo plazo, indica que le preocupa que los estados procedan demasiado rápido a reabrir las puertas de los hogares de ancianos. Sin embargo, también señala que los programas para cuidadores esenciales pueden ser “parte de la solución” a lo que él llama una “pandemia de aislamiento”.

Según Laxton, “el aislamiento de un adulto mayor tiene consecuencias médicas muy claras, en particular en el caso de un adulto mayor que pueda estar viviendo con demencia”, entre ellas pérdida de peso, alta presión arterial e insuficiencia orgánica. “Eso ha sido demostrado en las publicaciones sobre la atención médica. Este no es simplemente un tema insignificante y lamentable. Realmente es de suma importancia”.

Sloan, de LeadingAge, señala que los proveedores de cuidados a largo plazo están de acuerdo en que mantener los vínculos familiares es “crucial para el bienestar de los residentes”. Sin embargo, la pandemia pone a los proveedores en un grave aprieto.

“Los hogares de ancianos procuran encontrar formas seguras de hacer participar a los familiares en las visitas y de que ayuden a sus seres queridos”, como visitas virtuales por medio de tecnología o visitas al aire libre con distanciamiento social, indica Sloan. “Las órdenes estatales que disponen que los proveedores permitan las visitas de los cuidadores familiares en los centros representan un reto muy real”.

“No hay duda de que cada cuidador familiar esencial tiene solo las mejores intenciones”, agrega, “pero todos conocemos muy bien la facilidad con la que un portador asintomático de este virus puede desencadenar un brote mortal”.

Ryan señala que “AARP está luchando para garantizar que todas las familias y los amigos puedan visitar a sus seres queridos en los centros de cuidados a largo plazo”, y que hacerlo de forma segura requiere que los centros cumplan con las pautas de prevención de infecciones que disponen los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, “incluso ofrecer pruebas de detección de COVID-19 y equipos de protección personal” a los visitantes.

“No sería necesario designar cuidadores si el hogar de ancianos cumpliera con las pautas de los CDC”, advierte. “Nuestro objetivo es que todos los residentes y sus seres queridos puedan recibir y realizar visitas cuando lo deseen”.

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