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7 maneras de frenar las muertes por coronavirus en los hogares de ancianos

Los expertos sugieren empezar por modificar las políticas de personal.

Dos trabajadores con mascarillas visitan a un paciente en una silla de ruedas

FRANCISCO SECO/ASSOCIATED PRESS

In English | Los hogares de ancianos siguen siendo los epicentros de COVID-19, en particular a medida que aumentan los contagios en las regiones sur y oeste del país.

Tanto los residentes como el personal corren alto riesgo de infección y muerte. Incluso ahora, el 44% de todas las muertes causadas por el virus (o más de 56,000 en total) han ocurrido en centros de cuidados a largo plazo, según un informe del 13 de julio publicado por la organización sin fines de lucro Kaiser Family Foundation. Y esto sin contar los cuatro estados —Alaska, Hawái, Montana y Dakota del Sur— que no han reportado las muertes en hogares de ancianos.

Médico: "Los hospitales y los hogares de ancianos enfrentan problemas similares".

Sunil Parikh

CORTESÍA DE YALE UNIVERSITY

Sunil Parikh, médico de enfermedades infecciosas de la Facultad de Medicina de Yale

Con el avance de la COVID-19 por la región de Nueva Inglaterra, el Dr. Sunil Parikh ha desempeñado una inusual doble función al ayudar tanto a los residentes enfermos como a los administradores preocupados de los hogares de ancianos de Connecticut.

Parikh, médico de enfermedades infecciosas de la Facultad de Medicina de Yale, asistió a sus colegas del Yale New Haven Hospital a analizar los casos de una avalancha de pacientes provenientes de hogares de ancianos. Posteriormente, tomó parte en las llamadas semanales dirigidas por los funcionarios de salud pública del estado para aconsejar a los centros sobre qué medidas tomar durante la COVID-19. Notó que tanto su hospital como los hogares de ancianos enfrentaban obstáculos similares, tales como faltantes de mascarillas y batas.

"Pero existía esta desconexión entre los dos grupos”, comentó Parikh, quien también es profesor adjunto de epidemiología en la Facultad de Salud Pública de Yale. Si los hogares de ancianos tuvieran suficientes pruebas de detección, equipos de protección y otras herramientas, podrían mantener sanos a más residentes y aliviar el peso de los hospitales congestionados, concluyó.

Los hogares de ancianos deben poder hacerles pruebas a todos los residentes y a su personal aunque no tengan síntomas. Eso sería caro, y Parikh explicó que probablemente el costo se debería compartir entre el Gobierno estatal y el federal.

"Pienso que este método enérgico es necesario, considerando lo explosiva y devastadora que puede ser la COVID-19 en estos entornos”, dijo. "Las repercusiones serían enormes".

Sin embargo, un segundo brote a gran escala podría ocurrir tan pronto como a mediados de septiembre, una amenaza que está inquietando a expertos y defensores. Ellos instan a tomar medidas ahora para frenar la cantidad de muertes futuras, y en entrevistas han recomendado siete políticas de personal que dicen que podrían proteger a los residentes y a los empleados.

Elaine Ryan, vicepresidenta de Defensa de Derechos y Estrategias Estatales de AARP, expresó: "Costaría más hacer algunas cosas, pero el costo real es la pérdida de la vida si no se hacen". AARP está exhortando al Congreso a exigir la realización de pruebas de detección de COVID-19 para el personal y los residentes, el suministro de equipos de protección personal y el mantenimiento de personal suficiente para atender las necesidades de los residentes.

En varios informes se mencionó el caso de un pequeño centro de vida asistida en Bristol, Connecticut. A mediados de marzo, Tyson Belanger, dueño de Shady Oaks Assisted Living, alojó a 22 empleados para que vivieran en el centro a tiempo completo y así impedir que transportaran el virus entre Hartford y Waterbury durante el transcurso de su vida cotidiana en la comunidad.

El último empleado que estaba viviendo en el centro se fue después de 70 días y el hogar no tuvo ningún caso de coronavirus, según comentó en una entrevista telefónica. Al 7 de julio, el centro seguía sin tener casos, según un informe del Departamento de Salud Pública de Connecticut.

Esta medida no sería práctica en la mayoría de los casos —Belanger gastó unos $250,000 de su propio dinero para pagar salarios y suministros—, pero la experiencia demuestra cómo los empleados desempeñan una función clave en la salud de los residentes de los centros de cuidados a largo plazo. Hasta la fecha, se han reportado 1,071 casos y 371 muertes entre los residentes de centros de vida asistida de Connecticut y 8,850 casos y 2,755 muertes entre los pacientes de hogares de ancianos del estado.

"Las investigaciones revelan que la prevalencia de COVID-19 en centros de enfermería especializada se correlaciona con el índice de COVID-19 en la comunidad, el tamaño del centro y la proximidad a un área urbana, pero no con las proporciones de personal u otras métricas de calidad", declararon los funcionarios de la American Health Care Association, la agrupación profesional más grande de hogares de ancianos, en respuesta a las preguntas de AARP sobre dotación de personal. “Por lo tanto, cuanta más COVID-19 haya en la población general de una comunidad vecina, en particular en comunidades densamente pobladas, más probable será que la infección termine apareciendo en un hogar de ancianos".

Aquí presentamos siete cambios prácticos que pueden proteger al personal y mejorar sus condiciones de trabajo.


Para información actualizada sobre la COVID-19 visita aarp.org/ElCoronavirus


1. Aumentar los salarios

Debería pagarse más a los trabajadores para que puedan mantenerse con un solo trabajo, dicen varios expertos, incluido Sal Rosselli, presidente de la National Union of Healthcare Workers, entidad sindical con sede en California. Tener que trabajar en dos o tres lugares para ganar el equivalente a un salario de tiempo completo potencialmente propaga el virus.

Los trabajadores no sindicados de hogares de ancianos suelen ganar solo el salario mínimo, mientras que los trabajadores sindicados ganan $18 por hora, dice Rosselli. Los asistentes de enfermería ganan un salario medio de $12.84 por hora, según halló un informe.

2. Comenzar a pagar licencia por enfermedad

Muchos hogares de ancianos no conceden a su personal un día libre pagado cuando se enferman. Por eso los empleados enfermos pueden sentir la presión económica de tener que trabajar.

La Families First Coronavirus Response Act (Ley de familias primero en respuesta al coronavirus) de este año, que exige a ciertos empleadores conceder a sus trabajadores hasta 80 horas de licencia por enfermedad con pago normal de su salario y hasta 80 horas más con pago de dos tercios de su salario, en relación con la COVID-19, permite a los "proveedores de atención médica", incluidos los hogares de ancianos, eximirse de esta norma. Otra parte de esta ley que tampoco obliga a los proveedores de atención médica es hasta 10 semanas de licencia familiar y médica con pago de dos tercios del salario.

El estado de Nueva York sancionó en marzo una ley estatal más amplia que incluye a los trabajadores de la salud. Los funcionarios de Colorado también adoptaron una norma de emergencia el mismo mes que incluye al personal de los hogares de ancianos. Esas disposiciones se suman a las leyes sancionadas en 12 estados y el Distrito de Columbia que ofrecen licencia por enfermedad a muchos grupos de empleados, según la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales.

Si bien quienes se están recuperando de la COVID-19 supuestamente deben permanecer en su hogar hasta no tener síntoma alguno —sin fiebre ni tos— durante 72 horas, es posible que decidan regresar antes cuando no está claro si todavía son contagiosos. La representante Jan Schakowsky (demócrata por Illinois) ha propuesto un proyecto de ley para exigir al menos dos semanas de licencia por enfermedad pagada para los trabajadores de hogares de ancianos.

3. Incrementar la cantidad de personal por paciente

Una ley federal sancionada en el año 1990 exige a los centros tener una enfermera titulada trabajando ocho horas diarias consecutivas y auxiliares de enfermería licenciados las 24 horas del día. Se necesitan normas más estrictas, dijo en un mensaje electrónico Charlene Harrington, profesora emérita de sociología y enfermería de University of California, San Francisco.

Ella recomienda al menos una enfermera titulada de guardia durante el día por cada 28 residentes en el turno diurno, por cada 30 residentes en la tarde y por cada 40 residentes durante la noche. Además, un estudio del mes de junio publicado en el Journal of the American Geriatrics Society halló que entre los hogares que tenían al menos un caso confirmado del virus, cada aumento de 20 minutos en la disponibilidad de enfermeras tituladas estuvo relacionado con un 22% menos de casos confirmados.


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4. Mantener más equipos de protección personal

Los hogares de ancianos deben tener a mano una mayor cantidad de protectores faciales, guantes, batas y mascarillas, dicen los expertos. Rosselli, el presidente del sindicato, dice que recibió informes de trabajadores que tenían que usar bolsas de basura para protegerse en centros donde no había suficientes batas.

"Sin equipos de protección personal, se pierde la batalla”, explica el Dr. Michael Wasserman, presidente de la California Association of Long Term Care Medicine. Él considera que al personal de los hogares de ancianos deberían darles mascarillas N95. "Hace ya tres meses y medio que venimos con esta pandemia. ¿Por qué no se han redoblado los esfuerzos?".

Los representantes de algunos hogares de ancianos culpan al Gobierno federal de favorecer a los hospitales en vez de a las personas mayores cuando se distribuyeron equipos en la primavera, y temen que esto vuelva a repetirse en cualquier momento. Los reportajes periodísticos indican que nuevamente hay faltante de equipos de protección.

"Ya con meses en esta crisis, es lamentable que los proveedores de servicios para la vejez todavía tengan que rebuscárselas para conseguir equipos de protección personal", comentó Katie Smith Sloan, presidenta de la agrupación profesional Leading Age, en una declaración que criticó a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias por su "entrega desperdigada y fortuita con cantidades distintas de suministros desiguales".

5. Realizar pruebas de detección frecuentes

La metodología de las pruebas en los hogares de ancianos puede ser impredecible y la frecuencia varía entre un hogar y otro. Los estados han adoptado enfoques sumamente diversos: Arizona y Kentucky están haciendo pruebas para los residentes y el personal de todos los hogares, mientras que otros estados simplemente promueven las pruebas o dictan pautas, según un informe de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS) del mes de junio.

Someter a pruebas a todos los residentes y al personal tan solo una vez en todos los hogares de ancianos del país costaría $440 millones, según la American Health Care Association y National Center of Assisted Living (AHCA/NCALO).

El grupo ha elogiado a los CMS por su anuncio del 14 de julio de que suministrará dispositivos de prueba rápida para los residentes y el personal de hogares de ancianos en las zonas de alto contagio de COVID-19. Sin embargo, esas pruebas rápidas pueden tener un índice más alto de negativos falsos que las pruebas lentas más comunes.

Lo ideal sería hacerles pruebas a los residentes y al personal con frecuencia. En Detroit, las pruebas generalizadas y repetidas para todo el personal y los residentes —aun aquellos sin síntomas— en 12 hogares de ancianos revelaron una caída en los casos positivos del 35 al 18%, según un informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades federales (CDC) del 10 de julio.

6. Contratar a un especialista en infecciones

Con frecuencia esos especialistas en los hogares de ancianos son enfermeras tituladas con capacitación adicional. Entre las numerosas tareas a su cargo están las de asegurarse de que los trabajadores se laven las manos y se mantengan limpias las habitaciones.

Cada hogar necesita tener presente a este tipo de especialista, escribió en un mensaje electrónico Richard Mollot, director ejecutivo de la Long Term Care Community Coalition, con sede en Nueva York. Pero los funcionarios federales han propuesto relajar la obligación de contar con ese especialista.

7. Mejorar la capacitación y certificación del personal

Muchos trabajadores de hogares de ancianos no tienen el tiempo o el dinero para perfeccionar sus habilidades. En Nueva Jersey, el informe de un consultor respaldado por la oficina del gobernador recomienda fortalecer las normas y oportunidades de capacitación del personal.

Exhorta a solicitar fondos estatales y federales para crear un programa de desarrollo profesional de contratación y capacitación de trabajadores. En Nueva Jersey, hasta el 15 de julio habían muerto 6,754 residentes y 119 empleados de COVID-19 en centros de cuidados a largo plazo.

"Cuando hayamos superado esto, debemos replantearnos a nivel nacional muchos aspectos de nuestro sistema de salud pública y cómo apoyar por igual a los proveedores y a los pacientes", declararon los funcionarios de la American Health Care Association. "Sospechamos que habrá numerosos cambios y se habrán aprendido muchas lecciones en todo el sistema de salud, no solo en los cuidados a largo plazo".

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