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Sonia Sotomayor cambió la historia

Sus dos libros nuevos rinden tributo a la lectura que la preparó para ser la primera hispana jueza de la Corte Suprema.

Foto de Sonia Sotomayor e imagen de su libro

Carátula del libro: Lulu Delacre / Foto: Elena Seibert.

Tengo por costumbre marcar las oraciones o los párrafos que me gustan en los libros que leo. Para encontrarlos fácilmente, también marco la página. En el libro para adultos jóvenes The Beloved World of Sonia Sotomayor, tuve que dejar de hacerlo cuando iba por la página 91,  porque si seguía, iba a deformar el libro.

Así de bueno es. Así de interesante. Rica y fluida es la prosa que genialmente capta los detalles de la vida fascinante de Sonia Sotomayor, de su infancia enfermiza en el Bronx, a su triunfo en las cortes de Nueva York como jueza.


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Decir que la vida de Sotomayor es una inspiración para todos no es una exageración. Aunque este libro es para jóvenes, lo puede leer cualquiera, joven o adulto. En realidad, es una adaptación de sus memorias, Mi mundo adorado, publicada hace seis años. Con esta versión, que saldrá en español en noviembre con el título El mundo adorado de Sonia Sotomayor, está claro que Sotomayor siente gran afecto por la juventud y los niños. Les habla con respeto y erudición, como si esperara lo mejor de ellos, como si supiera que, al leerla, crecerían y volarían alto.

Además de ese libro, publicó simultáneamente en español e inglés, Pasando páginas: La historia de mi vida, para los más pequeños. Está bellamente ilustrado por la incomparable Lulu Delacre y traducido por Teresa Mlawer. La colaboración de Mlawer y Delacre, ambas veteranas de la literatura infantil en español en Estados Unidos, es una señal de que esta merita lugar de honor en cualquier biblioteca de familia bilingüe.

El mensaje de la jueza Sonia Sotomayor, como escritora, es simple y directo: el que se esfuerza, logra el éxito. También tiene otro: si yo lo logré, ustedes también.  

Son mensajes que hemos escuchado antes en boca de otros líderes hispanos, pero Sonia Sotomayor los transmite con calidez, sinceridad y humor sorprendentes. No es usual que una jueza, acostumbrada a escribir opiniones sobre temas legales, escriba de una forma tan humana y lírica.

Carátula del libro de Sonia Sotomayor

Cortesía: Penguin Random House

Ambos libros ofrecen una imagen fuerte y, a la vez, tierna, de una mujer que cambió la historia en 2009 al ser nominada por el Presidente Barack Obama a la Corte Suprema de Estados Unidos.

A simple vista no hubo nada en su niñez ni en su familia que hubiera indicado que la pequeña Sonia sería un día una de las (solo) cuatro mujeres y la primera hispana en la Corte Suprema. Pero una lectura cuidadosa revela que las semillas del éxito germinaron temprano en la personalidad y el carácter de la pequeña Sonia.

Nació en 1954, en el seno de una familia puertorriqueña y modesta del Bronx. Su madre era un poco distante y pésima cocinera. Su padre, todo lo contrario, pero era alcohólico y murió joven, cuando Sonia tenía apenas 9 años y su hermano 6.   

Fue una niñez difícil. Dos años antes de la muerte de su padre le diagnosticaron diabetes infantil. Ella decidió que si su vida dependía de inyectarse insulina diariamente, mientras más pronto aprendiera a hacerlo ella misma, mejor. No podía depender de un padre al que le temblaban las manos y una madre, que, aunque enfermera, pasaba muchas horas en el trabajo y pocas en el hogar. 

Los momentos más felices los pasaba cuando se reunía la familia en casa de la abuela y había música, comida y juegos interminables de dominó, y cuando se perdía en su pasatiempo favorito, la lectura. En los libros, Sonia descubrió el mundo más allá de su pequeño apartamento en un edificio para personas de bajos recursos, situado en un barrio marginal de Nueva York y, en ese entonces, peligroso. Poco a poco, pasando páginas, se le fueron desvelando no solo hechos históricos (la relación complicada entre Puerto Rico y Estados Unidos), sino también los misterios de la vida. Del libro Lord of the Flies (1954) concluyó que la sociedad necesita reglas y leyes para protegerse de sus peores instintos.

De su abuela, aprendió a negociar cuando salían de compras. Por tener una familia grande y complicada, aprendió a llevarse bien con todos. Por vivir en el mundo diverso de Nueva York, aprendió tolerancia y apreciación por diferentes culturas. A los 15 años, por un chiste de mal gusto de una de sus parientes, entendió que el gran problema de la humanidad es que la mayoría de la gente no se podía poner en el lugar del prójimo y comprender su punto de vista. A esa edad ya había comprendido la importancia de la empatía.

Sonia Sotomayor lee en público su libro

Xinhua / Alamy Stock Photo

La jueza Sonia Sotomayor presenta su libro "Pasando páginas: La historia de mi vida", durante la feria del libro el 1 de septiembre de 2018 de la Biblioteca del Congreso en Washington, D.C.

Pero aún antes de eso, había aprendido a entender a otros intuitivamente. Se lo atribuye al escrutinio constante al que tenía que someter a su propio cuerpo para saber cómo estaba su nivel de insulina. Esa vigilancia extrema consigo misma la convirtió en una gran observadora, una característica que después la ayudaría mucho en su trabajo legal, confiesa.

Más tarde en su vida, según cuenta en su libro, tendría mentores, amigos y jefes que la ayudarían a escalar en sus estudios y carrera, pero en una reciente presentación en la feria de libros de Washington, D.C., Sotomayor le atribuyó todo su éxito a la lectura.

“El secreto que quiero compartir con los niños aquí, hoy, es que soy exitosa y que hoy soy jueza de la Corte Suprema solo por los libros, porque leer cambió mi mundo”, dijo, y demostró su cálida personalidad al salir al público, que la miraba con adoración.

Está claro que Sotomayor tiene razones de sobra para adorar al mundo, como indica el título de sus libros. A pesar de las vicisitudes, la vida ha sido buena con ella y ella ha sabido convertir cada tropiezo en una lección.

En las primeras páginas de sus memorias para adultos jóvenes, Sotomayor recuerda con nostalgia y cariño las palabras de su querida abuelita, cuando ella le pedía la bendición: “Que Dios te bendiga, te favorezca y te libre de todo mal y peligro”. Y así ha sido.


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