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Carlos Santana 50 años de carrera musical Skip to content
 
Pancarta con el texto Celebramos la música latina

 

 

50 años de música supernatural y mágica con Carlos Santana

Durante su larga carrera, Carlos Santana ha combinado la guitarra roquera con ritmos latinos para crear sonidos sobrenaturales. Los aficionados a la música lo han recompensado. Y quizás el universo también.

 

In English | Sus botas no son simplemente botas. Como todo en la vida de Carlos Santana, representan una lección, un microcosmos. Carlos encontró las botas que usa hoy —de piel de serpiente y color lila— durante una visita reciente a una tienda en West Hollywood. No estaban a la venta; pertenecían al hijo del dueño de la tienda. Pero con su encanto de estrella de rock, Carlos lo convenció para que se las vendiera.

Es una pequeña historia que cuenta al final de una larga entrevista, pero es algo que revela toda la leyenda de Santana: “Es como todo en la vida ahora; tiene que ver con estar en el lugar preciso en el momento adecuado”, dice. “El universo te traerá muchas oportunidades y posibilidades. En realidad tiene que ver con confiar en que antes de llegar, mientras dormías, el universo conspiraba para darte algo que te dejará con la boca abierta. ¿Estarías dispuesto a recibirlo?”.

Eso resume el viaje de 72 años de Carlos Santana. Por supuesto, se convirtió en pionero del rock latino principalmente gracias a su talento y determinación. Pero tuvo mucho que ver el estar en los lugares precisos en los momentos adecuados. Durante su niñez en el estado de Jalisco, en México, a Carlos le fascinaban los tonos y ritmos latinos de sus antepasados. Su padre, quien era violinista, le enseñó a tocar el violín. Pero Carlos, quien describe su manera de tocarlo como “un gato vagabundo en un callejón en medio de la noche”, no logró captar los matices de este instrumento. En vez de eso, escogió la guitarra. Aprendió a hacer que la guitarra cantara como lo hacía Agustín Lara, compositor y cantante de boleros mexicano, uno de los artistas favoritos de su padre. Pero Carlos, además, no pudo resistir los populares sonidos de blues de la guitarra, que provenían de Estados Unidos. “Quería sonar como B.B. King, Otis Rush y todos los que me encantaban”, menciona. “Meterme en un armario, apagar las luces y tocar, e intentar sonar como ellos. Pero no sonaba como ellos. Sonaba como yo mismo. No me di cuenta de que era una bendición en vez de una maldición. Pero cuando dejé de intentar sonar como alguien más y me presté atención a mí mismo, escuché ese sonido que atraviesa el corazón de todos”.


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El universo sí le trajo abundancia a Carlos. Se mudó a San Francisco (de nuevo; el lugar preciso en el momento adecuado) y se convirtió en una parte clave del floreciente ambiente de rock psicodélico. Su estilo —acordes melódicos de guitarra que se elevan sobre ritmos afrolatinos en emocionantes improvisaciones de estilo libre— no estaba diseñado como música comercial pero los aficionados reaccionaron y las canciones tuvieron éxito. Algunas de estas canciones son “Evil Ways”, “Oye cómo va” y “Black Magic Woman”. Carlos tocó en Woodstock a los 22 años, lo que impulsó su carrera incluso antes de que su banda lanzara un álbum (ver abajo “Una interpretación legendaria que casi no ocurre”). Continuó su carrera y grabó unos 40 discos, entre ellos Supernatural en 1999, un álbum con el que ganó varios premios Grammy. Eso fue cuando ya llevaba tres décadas de carrera musical, un punto en el que a muchos artistas de larga trayectoria los relegan al circuito de la música antigua. Carlos, quien nunca ha sido el vocalista principal (otros han tenido ese papel en el grupo Santana), es un líder poco usual según los principios del rock; es más como el director de banda tradicional de la música latina. Este fue un gran cambio intencional de lo tradicional. Sin embargo, después de más de 50 años, Carlos Santana todavía graba discos, hace presentaciones y atrae a multitudes.

“Canta con su guitarra”, dice el colombiano Juanes, una estrella de rock que colaboró con Carlos en el éxito musical del 2014 “La Flaca”. “Sus melodías y solos son tan pegajosos como los de un cantante. De alguna manera, sus dedos son una extensión de su alma. Tienen su sello distintivo y eso es lo más importante cuando eres artista”.

Carlos Santana sentado sobre cajas de equipo musical y tronando sus dedos en el aire.

Ramona Rosales

Las tres cosas que necesitas y otros consejos sabios

Otro distintivo de Carlos Santana es su manera de hablar —en realidad, de pensar— en metáforas, más que de forma específica. Le encanta ofrecer sabios consejos, no porque se crea que es predicador ni psicólogo. Todo lo contrario; dice que ha asistido a psicoterapia tal vez dos veces en la vida. Es porque descubrió su camino a la felicidad y quiere compartirlo.

“Mantienes la trascendencia cuando confías en que cuentas con algo que las personas necesitan. Necesitan aire; necesitan agua; necesitan un buen rrrrrromance”, dice, arrastrando la “r” para ponerle énfasis. “Los seres humanos sin romance se convierten en cascarrabias y amargados predecibles”.

Carlos piensa que su música ayuda. “Sé que llevamos algo a los cuatro rincones del mundo. Cuando tocas música y ves a las personas llorar, y luego reírse y bailar al mismo tiempo, cariño, eso te da seguridad en ti mismo”.

Y lo que piensa sobre sentirse realizado: “Tres cosas: tu espíritu, tu alma y tu corazón. Si los encuentras y es de verdad, harás realidad esa inocencia. Estas cosas no te abandonan y no se te extravían ni las pierdes. Esos son los ingredientes para que tengas una existencia gloriosa”. Uno de sus términos favoritos es la “conciencia desnuda”: la capacidad de verte a ti mismo por completo y cambiar para alejarte de lo negativo.

Pero su manera de hablar, estos consejos sabios dispersos, el arte y el alma de ser Carlos Santana, todo esto tiene significado para las personas. Recuerda una conversación informal que tuvo este año, sobre la música, con un guardia de seguridad en un hotel de Londres. El lugar preciso en el momento adecuado. “Al día siguiente, se me acercó con lágrimas en los ojos”. Su conversación de casualidad había evitado los pensamientos suicidas del hombre. “Si los seres humanos pierden la esperanza y el valor, es el fin”, menciona Carlos. “Cuando tienes esperanza y valor, de alguna manera puedes obligarte a crear milagros y bendiciones”.

Una interpretación legendaria que casi no ocurre

Carlos Santana (derecha) y el bajista David Brown durante la actuación con otros músicos de Santana en Woodstock, 1969.

TUCKER RANSOM/GETTY IMAGES

Carlos Santana (derecha) y el bajista David Brown durante la actuación con otros músicos de Santana en Woodstock, 1969.

No se supone que Santana se presentara en Woodstock.

El grupo no había lanzado ningún disco antes de este festival de agosto de 1969. Pero el icónico promotor de conciertos Bill Graham insistió en que se contratara a la banda. Santana compartió el programa con ídolos, entre ellos Sly Stone. “Él tenía la mejor energía, la mejor presentación”, dice Carlos Santana. “Y luego por supuesto, Jimi Hendrix, y todos los demás tenían que luchar con Santana por el tercer puesto”. Continúa: “Mi mayor lección de Woodstock es que las personas están sedientas de vivir, de existir fuera de la religión y la política”.

Año de aniversarios

Este año Carlos celebra un par de aniversarios importantes. Además del 50.º aniversario de Woodstock, está el “20.º aniversario del regreso”. A fines de la década de 1990, cuando la fama de Carlos parecía estarse apagando, llegó el magnate de la música Clive Davis, quien contrató originalmente a Santana para trabajar con Columbia Records en los años 1960. Davis luego fundó Arista Records, y más de 20 años después vio a Santana presentarse en Radio City Music Hall. Davis le propuso al guitarrista un nuevo álbum, con su sonido característico pero repleto de colaboraciones con otros artistas. El resultado fue Supernatural de 1999. Incluyó el gran éxito “Smooth”, con la guitarra latina de Carlos junto al canto de Rob Thomas (de la banda pop Matchbox Twenty). Logró que una nueva generación admirara a Santana al mismo tiempo que atraía a aficionados de mayor edad. El álbum terminó vendiendo más de 30 millones de copias en todo el mundo, y Santana ganó ocho premios Grammy, entre ellos uno por el mejor Álbum del Año. Solo tres veces en la historia un artista latino ha obtenido ese honor (João Gilberto de Brasil lo ganó en 1965 junto con Stan Getz; y Bruno Mars, de ascendencia puertorriqueña, lo ganó en el 2018).

Davis recuerda el escepticismo en los pasillos de Arista, donde se pensaba que la contratación de  Santana se debía a “la nostalgia y el afecto”.

“En ese momento, se especuló que podría haber sido un disparate de Davis”, dice. “¿Cómo podría alcanzar el triunfo alguien que tocaba la guitarra, mayor de 50 años y que no cantaba? Pero tan pronto como toqué ‘Smooth’ para el director de promoción, se le iluminaron los ojos. Y dijo: ‘Ninguno de nosotros pensó que tendríamos un álbum comercial’”.

Para Thomas, la experiencia significó una duradera relación con un mentor. A Carlos le encanta transmitir su sabiduría. “Lo conocí cuando mi grupo acababa de tener su primer álbum, que fue excepcionalmente exitoso”, recuerda Thomas. “Carlos llegó para mostrarme la diferencia entre ser un músico exitoso y ser una celebridad. Hasta hoy, todavía me envía mensajes de texto para recordarme que las únicas tres cosas que puedo controlar son mi motivo, mi intención y mi propósito. Y que siempre me acuerde de hacer lo que hago con gratitud. Yo no soy la nave; soy el pasajero. Pero a veces puedo ser el motor”.

“Quería sonar como B.B. King, Otis Rush y todos los que me encantaban. Pero cuando dejé de intentar sonar como alguien más y me presté atención a mí mismo, escuché ese sonido que atraviesa el corazón de todos”.

— Carlos Santana

Ahora Carlos profundiza todavía más la exploración de sus raíces con su nuevo álbum, Africa Speaks, que se lanzó en junio. Explora los ritmos africanos —que considera los orígenes de la música latina— con la ayuda de la sensual cantante Buika, nacida en España y de padres de Guinea Ecuatorial. Los dos nunca antes se habían conocido. Tarde una noche, Carlos buscó en Google “nueva música africana” y encontró el nombre de Buika. Se conectaron, y bajo la dirección del legendario productor Rick Rubin, grabaron nuevas versiones de 49 canciones africanas durante 10 días. “Quiero popularizar la nueva música africana porque creo que las personas necesitan este nutriente, este ingrediente, para aprender a bailar de otra manera”, explica Carlos. “La música necesita melodía, ritmo y sonidos sinceros. Existe demasiada música sintetizada. Fundamentalmente, es como los centros comerciales en Estados Unidos; hay mucho que suena igual”.

Sus ambiciones también han llegado más allá de la música durante las últimas dos décadas. Por medio de su organización The Milagro Foundation, establecida en 1998, Carlos ha donado casi $8 millones en subvenciones a aproximadamente 400 organizaciones en todo el mundo que apoyan a niños en las áreas de la educación, la salud y las artes. Las subvenciones varían desde $7,500 para organizaciones locales de lectoescritura hasta más de $100,000 para ayuda después de un terremoto en México. Pero incluso con estas iniciativas tangibles, todavía hay allí algo de un Carlos metafísico: “Quienes están muy, pero muy comprometidos, un 1,000%, se preparan y van a cualquier lugar del mundo, incluso donde no haya una pista de aterrizaje. Aterrizan y llevan medicamentos, pero el medicamento principal que llevan es la manera en la que miran y tocan a las personas. ¡Eso es medicina!”.

Nueva etapa de amor, música y reinvención

Otra de las frases de Carlos es: “Reinvéntate todos los días”. Y a los 72 años, ha creado una vida con su segunda esposa, Cindy Blackman Santana (una baterista con quien se casó en el 2010), que suena como la dicha hogareña. Además de las prácticas diarias de Cindy con la batería —“Ella es dedicada, al igual que lo es Usain Bolt como atleta”—, no planifican mucho sus días. “Todos mis hijos ya son adultos y viven en Nueva York, Los Ángeles y Seattle. Esa parte está completa ahora, y están forjando su existencia. Ahora Cindy y yo no tenemos nada que atender ni de lo que preocuparnos, sino de los ojos y el corazón del otro”.

Eso no siempre fue así. Su matrimonio anterior duró 34 años, pero, según Carlos, no siempre estuvo lleno de “conciencia desnuda”. “En ese entonces, yo no sabía que no era mi misión hacer feliz a mi madre o a mi exesposa. Trabajaba demasiado. En verdad intentaba ser un buen hombre y complacerlas. De repente, dije: ‘Espera un momento; mi trabajo es hacerme feliz a mí mismo y hacer lo necesario para alcanzar la felicidad’”.

Con Cindy, ingresó a una nueva etapa en su trayectoria, tanto en lo personal como en lo musical (Cindy toca en sus discos, y a él puede escuchársele en el último álbum de ella, Give the Drummer Some). “Cuando llegó Cindy, estábamos listos uno para el otro. Nunca tuve una pareja con quien no hubiera problemas nunca, ni drama, ni cuestiones de inseguridad y que no fuese alguien con una larga lista de cosas que yo necesitaba cambiar. ¡Nada de eso! Somos como dos niños en un cajón de arena en el parque, y ella tiene la pala y yo el balde”.

Santana termina su café y se pone de pie (con lo que revela las botas). Se dirige a su hogar: con Cindy, su música y una vida satisfecha. Si fuera a aconsejarse a sí mismo cuando era más joven, diría: “Olvídate de todo lo que cualquiera te haya enseñado sobre cualquier cosa. Y solo escucha la voz de tu corazón, la voz de tu luz”.

El universo sigue trayéndole muchas oportunidades y posibilidades. Y Carlos Santana sigue recibiéndolas con los brazos abiertos. 

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Leila Cobo es vicepresidenta y líder sobre la industria latina para la revista Billboard, además de directora de contenido para Nexos, la revista disponible en español y portugués en los vuelos de American Airlines. Nacida en Colombia, es además pianista clásica, novelista, biógrafa y presentadora televisiva.

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