Javascript is not enabled.

Javascript must be enabled to use this site. Please enable Javascript in your browser and try again.

Reseña de 'Mi negro pasado' de Laura Esquivel Skip to content

Basta ya de medicamentos costosos. ¡Únete a la campaña de AARP!

 

Laura Esquivel presenta ‘Mi negro pasado’

A la secuela de ‘Como agua para chocolate’ le falta sabor.

Portada del libro Mi negro pasado, de la escritora Laura Esquivel

Joaquín Martínez

¿Se acuerdan de Gertrudis de la Garza, la hija del medio de la familia De la Garza en el maravilloso libro de Laura Esquivel Como agua para chocolate? Bueno, el nuevo libro de Esquivel, Mi negro pasado, cuenta la historia de la tataranieta de Gertrudis. Y, por supuesto, la historia se repite.

Hasta un punto.

Como agua para chocolate derrochaba encanto y sabrosura. Era un libro dedicado a deleitar los sentidos. El lector imaginaba que podía leerse el libro o, literalmente, devorarlo, y el resultado sería el mismo: satisfacción total. 


Recibe contenido similar, suscríbete a nuestro Boletín


Mi negro pasado no es así.

No tiene el encanto ni la riqueza de la escritura de Como agua, pero puede que satisfaga a aquellos lectores que se quedaron enganchados con la historia de la familia De la Garza y que se negaron a creer que absolutamente todo se perdió en aquel gran fuego, producto de la pasión de Tita y Pedro.

A grandes rasgos, esta es la trama de la nueva novela: una mujer llamada María, felizmente casada con un hombre llamado Carlos, da a luz a un niño negro a quien llamaron Horacio. “Un niño bello y sano pero inexplicablemente negro. Negro como el azabache. Negro como la luna negra que marcó su destino. Negro como la oscura Navidad que le había caído encima”.

Asombrado por el alumbramiento, Carlos deja a María porque asume que Horacio es producto de su amor con otro hombre. No se imagina el secreto en la historia genética de María.

Triste y sola, María encuentra refugio en el rancho de su abuela, Lucía Brown, viuda de Felipe, hijo del hijo de Gertrudis de la Garza, que se llamaba Juan Felipe. Es ese Juan Felipe quien se casó con una mujer afroamericana de Chicago. Y son esos los genes que hereda el pequeño Horacio. Si todo esto te parece complicado y confuso es porque lo es. Un árbol genealógico en la página 53 del libro es de gran ayuda. Mientras leía el libro tuve que marcar la página para referirme a la historia de la familia en más de una ocasión.

En esencia, este es el libro. Mientras que Como agua se apuntalaba en las recetas, este usa como recurso las canciones. Al final del libro hay un playlist de nueve canciones que inspiraron esta novela, entre ellas temas de Frank Sinatra, Louis Armstrong y Billie Holiday.

Así, arrullada por la música y arropada por el amor, la sabiduría y las historias de su abuela, María empieza a sanar y hasta aprende a tejer.

La autora aprovecha la voz de la abuela para arremeter en contra del internet, la vida moderna y hasta las madres trabajadoras. “Atrás de cada mujer que sale a trabajar hay un anhelo, una búsqueda, un sueño de vida”, escribe Esquivel. “Lo malo no es salir a trabajar sino por qué y para qué lo hacemos. Apostamos por el sueño equivocado de la modernidad, del desarrollo, de la acumulación, de la producción, de la industrialización”.

Y por ahí sigue diciendo que no vale la pena porque todo eso nos ha llevado al desastre total, incluyendo la corrupción, los malos gobiernos y hasta los problemas ambientales.

No se asusten. Hay un final feliz —después de todo— que sirve de hilo conductor entre las dos novelas. Hay una especie de círculo que nítidamente cierra las dos historias y pone todo en orden.

Pero yo me quedo con el desorden de Tita, ardiendo en llamas por amor, y con una libreta de poderosas recetas caseras que milagrosamente sobrevive el fuego y que reaparece en este otro libro de Esquivel casi tres décadas después.

¿Qué opinas?

0 | Add Yours

Deje su comentario en el campo de abajo.

Debe registrarse para comentar.