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Andy García: “Cachao es una obsesión”

El actor recuerda al bajista con motivo de su centenario.

Cachao con Andy García

Rodrigo Varela/WireImage/Getty Images

El músico cubano Cachao tuvo en Andy García un gran difusor de su música.

El centenario del legendario bajista Israel “Cachao” López es una buena excusa para recordar la obra de este pilar de la música cubana. Este mes, Craft Recordings lanza The Complete Cuban Jam Sessions, una caja de cinco discos compilando las famosas sesiones de descargas cubanas grabadas entre 1956 y 1964 con la participación de genios musicales como Cachao, el flautista José Fajardo y el director de orquesta Julio Gutiérrez.

Uno de los fanáticos más dedicados a la hora de difundir la obra de Cachao es el actor Andy García. AARP en español se encontró con García en Los Ángeles para hablar sobre el inmenso significado que la obra ocupa en la vida de este actor y músico profesional. 


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¿Cómo descubriste la música de Cachao?

Fue en una disquería de Miami llamada Do-Re-Mi. Tenía 16 años y hacía entregas en una camioneta para el negocio de mi papá. Ya coleccionaba discos, empezaba a explorar la cultura de mi tierra y pensaba estudiar percusión. Estaba en la disquería buscando LPs cuando encontré un disco que acababa de ser reeditado, Descargas en miniatura, con una foto de la banda en la portada y Cachao sosteniendo su bajo como si fuera una guitarra. Parecía muy divertido.

Le pregunté a Orlando, el dueño de la disquería. Me contestó, ‘Es la biblia. Si estás aprendiendo sobre música cubana, en ese disco está todo lo que necesitas saber’. Lo compré y me cambió la vida. Al día siguiente volví a la disquería y le dije a Orlando, “Dame todo lo que tengas de Cachao”.

¿Y qué fue lo que te llamó la atención de su música?

En las descargas había una energía y una musicalidad experta pese a que todo estaba siendo creado en el momento, en una toma. Cuando descubrí sus danzones, me afectaron profundamente. Y así me di cuenta que Cachao había tocado con Arcaño y sus Maravillas. Empecé a conocer su historia y el papel que jugó en la creación del mambo junto a su hermano. Para mí, Cachao es una obsesión. Su música me emociona.

Cachao con su orquesta

Cortesía de the Tommy Meini/Gladys Palmera Collection

Cachao y su orquesta.

¿Cuándo lo conociste en persona?

Me fui de Miami en 1978, pero antes tuve la oportunidad de verlo en vivo varias veces. Tocaba el bajo con Hansel y Raúl, y también con su propio grupo en el hotel Crossway Airport Inn. En ese entonces era demasiado tímido como para ir a saludarlo. Me quedaba entre el público, disfrutando de su música.

Años más tarde, cuando había terminado de filmar The Godfather Part III, finalmente lo conocí después de un concierto en el festival de jazz de San Francisco. Me presentaron como un actor y compatriota, y me acuerdo que Cachao dijo, “Por supuesto, yo lo conozco”. No creo que eso fuera cierto [risas]. Era su manera de ser, muy amable y reaccionando como si yo fuera alguien importante.

Tengo entendido que desde ese momento empezaste a difundir su música activamente.

En 1990, organizamos un concierto en el James L. Knight Center de Miami. Me advirtieron que era una sala demasiado grande, pero el evento fue un éxito rotundo. Primero hubo que educar un poco a la gente de Miami. Hasta ese entonces, Cachao tocaba en restaurantes, caminando de mesa a mesa. Era como si Louis Armstrong estuviera tocando en lugares así.

Tres días antes del concierto se me ocurrió que podíamos filmarlo y producir un documental. Les dije a mis socios que lo financiaríamos con mi tarjeta de crédito. Conseguimos tres cámaras y filmamos en 16 milímetros. El documental [Cachao…Como Su Ritmo No Hay Dos] fue proyectado a través del mundo y Cachao se transformó en causa célebre.

¿Y cómo surgió la idea de grabar discos nuevos?

Emilio Estefan había fundado la disquera Crescent Moon y le dije que me encantaría grabar a Cachao. Así grabamos los dos volúmenes de Master Sessions. Emilio nos dio el presupuesto y grabamos 28 temas en cinco días, todo en vivo, en una o dos tomas. Un día grabamos ocho danzones que ya estaban orquestados. Yo tenía muchas ideas para los otros cuatro días: ‘Cachao, grabemos una guajira. O un tema para el trombonista Jimmy Bosch’. Actué como productor, toqué un poco de campana y recité un poema. En los dos discos siguientes, Cuba Linda y Ahora Sí, toqué bongó y un poco de congas. 

Portada del disco The Complete Cuban Jam Sessions

Cortesía Concord Music Group

Portada del disco 'The Complete Cuban Jam Sessions'.

Ahí comenzó una etapa de muchos éxitos para Cachao, con premios Grammy y conciertos por todo el mundo.

¿En algún momento Cachao expresó su agradecimiento?

Todo el tiempo: ‘Gracias a este muchacho, es un hijo mío’ [risas]. Yo siento que fui elegido para esa misión. Primero, Dios me educó para entender quién era Cachao y ser un buen productor para él. Entendí por qué era tan especial y le conseguí las herramientas para que floreciera.

Después, me enteré de algo muy raro cuando hicimos el primer concierto y filmamos el documental. Mi papá estaba vivo todavía, aunque bastante enfermo. No tocaba música ni coleccionaba discos, pero cuando le dije que estaba organizando un concierto con un señor llamado Cachao, me dijo con una sonrisa, ‘¿Cachao? ¿Dónde está el sinvergüenza ese?  Yo lo contrataba para tocar en nuestro club social, en Cuba’. Y entonces me acordé que cuando yo tenía 5 años, mi padre era el presidente de nuestro club social y organizaba tés bailables los domingos por la tarde. Es muy posible que, a esa edad, mientras la orquesta instalaba sus instrumentos y hacía una prueba de sonido, yo estuve ahí, un niño pequeño escuchando a Cachao tocando sus danzones.

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